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 CONTRACORRIENTE

Aniversarios rojos ante la crisis

 RAMÓN REIG

 (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla)

ramonreig@us.es

 

RAMÓN REIG

Noventa años de la revolución soviética de 1917, cuarenta años de la muerte de Ernesto “Ché” Guevara en 1967. Este año 2007 ha tenido dentro de sí estas dos efemérides, unos pocos carteles callejeros las han recordado, más algunos reportajes aquí y allá. Pero ni la revolución soviética existe ni por supuesto el Ché. Y los comunistas españoles y no españoles que nos han recordado los aniversarios siguen inmersos en una crisis interna que no acaban de superar. ¿Cómo pretenden arreglar el mundo si no se arreglan ellos mismos? ¿Acaso el mundo quiere ser “salvado”? ¿Quiere Occidente ser salvado de su estado onírico? Vistas así las cosas, recordarnos las efemérides es más una forma de sobrevivir psíquicamente que un acto revolucionario. Es como decir: tenemos que existir y seguir ahí por narices, porque lo necesitamos para dar un sentido a nuestra vida e incluso para subsistir económicamente porque estamos en cargos públicos o de la burocracia del partido que tenemos gracias al voto fiel de gente que aún cree en nosotros (o necesita creer) y gracias a los presupuestos generales del Estado capitalista. Y ésa no es una opción comunista, es una opción conservadora de nadar y guardar la ropa. En este mundo del Nuevo Orden del Mercado los papeles han sido repartidos y a los comunistas les toca éste, el de la eterna confrontación, el de predicar y  no dar trigo, el de actuar sobre un basamento falso, por ahora, falso.

 

Porque el marxismo, el leninismo, la vida del Ché, su ejemplo, todo eso se ha vendido como algo para “las masas” cuando en realidad no es así. Se trata –hasta el momento- de posiciones para las minorías ilustradas y sensibles porque requieren un gran esfuerzo intelectual y personal por cambiar, primero, uno su vida para, después, aspirar a que cambien las vidas de los demás. Es un gran esfuerzo para conocer el mundo y conocerse a sí mismo, de lo contrario no hay revolución masiva que valga. Y como eso sólo está al alcance de una minoría, por el momento, o hasta este momento evolutivo, el fracaso, a corto, medio o largo plazo, está asegurado una y otra vez. Casi setenta años ha sido lo máximo de una artificiosidad: la URSS. Pero, eso sí, se intentó, que es meritorio.

 

El marxismo o el leninismo no son poses intelectuales sino formación, conocimiento auténtico. Marx y Lenin fueron dos seres geniales que, como todos los seres geniales, se adelantaron a su tiempo. Tienen poco que ver con eso de votar o no cada cuatro años, sus planteamientos van mucho más allá. La filosofía de la historia de Marx contempla como una de sus bases que la burguesía ha sido revolucionaria pero que se ha corrompido de tal modo que considera toda manifestación espiritual humana como mercancía. El máximo paladín del materialismo –Marx- nos ofrece una obra cargada de espiritualidad e interés por la dignidad humana. Claro que él creía que el alma estaba en el cerebro, como Engels que casi copia las teorías de Morgan para explicar el evolucionismo de la especie. No se trata de votar, eso es algo anecdótico; en profundidad, se trata de evolucionar. La esclavitud evoluciona hacia lo feudal y lo feudal hacia lo mercantil y lo mercantil hacia el socialismo y el comunismo, donde ya no hace falta Estado porque los humanos llegan a su máxima madurez.

 

Demasiado para la especie, el panorama es desolador ahora porque el deseo choca con la realidad (actual). Ninguna revolución marxista se ha producido así, sino matando periodos evolutivos, por eso han fracasado, por eso fracasará la de Cuba, por eso correrán la misma suerte la venezolana, la boliviana y la ecuatoriana, por eso fracasó la sandinista en los años ochenta del pasado siglo –¿o le vamos a echar siempre toda la culpa al imperialismo?- porque no se pueden saltar ciclos evolutivos. Lo que sucede es que luego está la realidad, la cruda y dura realidad. ¿Qué hacemos cuando el Mercado se ha vuelto salvaje, cruel y totalmente hostil al ser humano, como en Venezuela, Bolivia, Ecuador, como se volvió en la Cuba de Batista, en la Nicaragua de Somoza? ¿Qué hacer cuando en la Rusia de 1917 un ser detestable como el zar enviaba a morir a sus soldados al frente o mataba de hambre y masacraba a su población? Actuar, y eso fue lo que hizo Lenin, y eso fue lo que hicieron Castro, sus barbudos y los sandinistas, y eso fue lo que han hecho Chávez, Morales, Correa…, echándole valor y ateniéndose a las consecuencias. Y yo les aplaudo el gesto desde esta sociedad moribunda en la que estoy, donde nadie se mueve por nada si tiene las papas aseguradas y donde nadie hace nada por nadie porque una ONG o un voluntariado es pan para hoy y hambre para mañana, no tienen eficacia revolucionaria alguna, son como el Domund de la Iglesia, decenios así, pidiendo para negritos, chinos y hambrientos en general sin arreglar nada estructuralmente, es decir, una farsa, apoyada con dinero público que se invierte en fines coyunturales para tranquilizar conciencias, lucimiento de unos pocos, cubrimiento de vanidades y huidas de problemas internos.

 

La revolución y la supuesta solidaridad se utilizan hoy para escapar de un desengaño amoroso o de la rutina occidental y eso no es ser un revolucionario, eso significa ser un potencial paciente de diván. El Ché se marchó para entregarse al destino, sin voluntad de volver, se fue con una idea clara, con una metodología de trabajo estructural que le salió mal por ingenuo. Creo que el Ché fue ingenuo, incluso Marx lo fue, fiándose de las teorías de otro ingenuo: Rousseau. Marx nos colocó ante nosotros la sangrante realidad de cómo funciona el sistema que los seres humanos nos hemos dado a nosotros mismos, no se olvide esto. Pero, más que los obreros, lo leyeron los poderosos y decidieron soltar lastre para que no se cumplieran los designios marxistas. Y vaya si lo han conseguido, ayudados por el error evolutivo de colocar las cosas en su lugar equivocado aunque fuera por necesidad, porque nada humano nos es ajeno.

 

Hundida la URSS, que es el único régimen que ha acojonado a estos putrefactos enfermos que llevan el timón del mundo, los mercaderes dijeron ésta es la nuestra, acabaron de borrar de nuestras mentes la historia y el método para intentar entender la vida y lo cambiaron todo para que todo siguiera igual. Han ganado, por ahora. Los comunistas se resisten a morir, yo creo que hacen falta pero su estado –tan débil- demuestra que con una reforma de arriba abajo, con un equilibrio, con unas señas de identidad que no logran hallar. Y es que son seres humanos sometidos a una tensión interna y externa tremendas porque intentan ser demasiado humanos o demasiado poco humanos, intentan tal vez encontrarse a sí mismos acaso sin saber que Marx, como Lenin, como el Ché, como Nietzsche, a quien no le gustaba esto de las masas, no fueron seres humanos, fueron dinamita. Todos ellos lo sabían, sabían que estaban fuera de su tiempo pero, ¿cuál es su tiempo?

 

Marx, Engels, Lenin, Trotsky, hablaban de un ser humano evolucionado, maduro. Trotsky incluso de un superhombre, formado cognitivamente; hablaban de que los obreros deberían abandonar su mente provinciana y estrecha para llegar al socialismo. Pero los obreros apenas existen ya y no han abandonado sus mentes anquilosadas en el yoísmo que denunció Kautsky. Los obreros y los parias que existen quieren ser ricos y vivir bien pero en plan mercado. El comunismo los quiere salvar, salvarlos de ellos mismos, pero el comunismo está llevado por seres humanos también. Repito: ¿quieren ser salvados los seres humanos? ¿Se quieren salvar los comunistas? ¿Están capacitados para salvar a los demás? ¿Qué mundo es el del comunismo? ¿Hay tiempo y espacio para él? DIARIO Bahía de Cádiz


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