Número 5.622 – Año XXIII 12 de octubre de 2026

Cádiz

Seis décadas de imágenes aéreas revelan el retroceso de las marismas de la Bahía de Cádiz: más de 2 metros al año

El estudio de la Universidad de Cádiz reconstruye los cambios registrados desde 1956 y constata un retroceso medio de 2,4 metros anuales en el borde de estas marismas con funciones esenciales, sobresaliendo el caso de El Trocadero, con hasta 7 metros menos cada año. “La conservación pasiva ya no es suficiente”, se afirma.

Bahía Flash |
  • Vista de esteros en el término municipal de Puerto Real -
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Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz ha reconstruido más de seis décadas de evolución de las marismas mareales de la Bahía de Cádiz y ha constatado una tendencia generalizada hacia su regresión. 

Desarrollado a partir del análisis de imágenes aéreas históricas tomadas entre 1956 y 2022, este trabajo publicado en la revista internacional ‘Journal of environmental management’ (AQUÍ) muestra que el borde de estas marismas ha retrocedido una media de 2,4 metros al año en la Bahía interior, aunque existen notables diferencias entre unas zonas y otras. 

Para conocer cómo han cambiado estos ecosistemas tan asumidos por los residentes de esta área metropolitana pero a la vez tan ajenos para la mayoría, el Laboratorio de Carbono Azul de la UCA ha analizado las numerosas fotografías aéreas históricas en blanco y negro y ortofotografías en color disponibles entre 1956 y 2022. Dichas imágenes se han integrado y analizado mediante Sistemas de Información Geográfica y se han combinado con cartografía de hábitats y técnicas específicas para cuantificar el desplazamiento del borde de las marismas. 

Esta perspectiva temporal ha permitido comprobar que la transformación no se ha producido de la misma manera en toda la Bahía, ya que, aunque el balance general muestra una importante pérdida de estas marismas, existen zonas con comportamientos muy diferentes, identificando qué espacios son los más vulnerables y cuáles han mostrado hasta ahora una mayor capacidad para responder a los cambios ambientales.

CASOS SIGNIFICATIVOS: EL TROCADERO Y LA CLICA

Uno de los casos más significativos es El Trocadero, en el término municipal de Puerto Real, donde se ha registrado el mayor retroceso del borde de la marisma, con una media de siete metros al año entre 1978 y 2022. 

En esta zona, la marisma baja se ha reducido hasta quedar por debajo del 5% de la superficie que ocupaba en 1978, mientras que la marisma media ha disminuido aproximadamente hasta el 75% de su extensión inicial. 

Por el contrario, en San Fernando, la Punta de la Clica experimentó entre 1956 y 1978 una expansión de sus marismas. No obstante, después de 1978 esa evolución cambió, registrando un retroceso del borde de la marisma de 1,8 metros al año. 

Para el equipo investigador, este cambio de tendencia evidencia que incluso las marismas de mayor capacidad para responder a los cambios ambientales están ya sufriendo consecuencias negativas de las presiones asociadas a la crisis climática global, fenómeno que siguen discutiendo negacionistas y ultraderechistas.

“LAS MARISMAS DESEMPEÑAN FUNCIONES ESENCIALES”

Las conclusiones son especialmente relevantes ante las crecientes presiones a las que están sometidas las marismas de la Bahía, entre ellas el aumento del nivel del mar y la reducción de los aportes de sedimentos procedentes de los ríos. 

Aunque históricamente han sido poco valoradas, las marismas desempeñan funciones esenciales que repercuten directamente en el territorio y en las poblaciones que viven en su entorno. De hecho, estos ecosistemas actúan como protección natural frente a las inundaciones costeras, favorecen la biodiversidad y funcionan como importantes almacenes de carbono azul. 

Por ello, se recalca en la nota remitida a DIARIO Bahía de Cádiz, su degradación no supone únicamente la pérdida de superficie de un espacio natural, sino también una reducción los servicios de protección costera y retirada de CO2 atmosférico, pasando estas zonas a tener incluso un fuerte potencial de emisión de dióxido de carbono una vez se pierde la vegetación.

  • Paisaje característico de la Bahía que se lucha por relanzar / FOTO: Ctaqua
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“NO EXISTE UNA ÚNICA SOLUCIÓN”

Los científicos de la UCA detrás de este estudio aseveran que no hay una “relación simple” entre una única causa y la pérdida de marismas. Precisamente, una de sus principales aportaciones reside en mostrar que cada zona responde de manera diferente dependiendo de sus características geomorfológicas, su conexión con las mareas y las transformaciones humanas que ha experimentado a lo largo del tiempo. 

De hecho, el Trocadero (Puerto Real), Santibáñez (Cádiz) y Punta de la Clica (San Fernando) presentan trayectorias distintas, aunque en los últimos años estas diferencias tienden a converger hacia un escenario general de regresión. 

Con todo ello, el equipo investigador sentencia que “la conservación pasiva de estos espacios ya no es suficiente para garantizar su resiliencia a largo plazo”; y advierte que “tampoco existe una única solución aplicable a toda la Bahía, por lo que las medidas deberán adaptarse a las características y evolución de cada zona”. 

Este trabajo, desde el Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) de la UCA, está desarrollada por Concepción N. Rodríguez-Rojo, Juan J. Vergara, Laura del Río y Gloria Peralta, personal investigador de los departamentos de Biología y Ciencias de la Tierra.

Cofinanciado con fondos europeos, forma parte del proyecto ‘iBESBLUE, Servicios ecosistémicos de los sistemas biogeomórficos intermareales: carbono azul y resiliencia al aumento del nivel del mar en la Bahía de Cádiz’, que utiliza el Parque Natural como sistema modelo para estudiar la capacidad de adaptación de las marismas y las praderas de fanerógamas marinas ante el cambio climático. El proyecto combina aproximaciones ecológicas y geomorfológicas, y busca generar conocimiento que contribuya a la gestión y conservación de estos ecosistemas. 

Un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz ha reconstruido más de seis décadas de evolución de las marismas mareales de la Bahía de Cádiz y ha constatado una tendencia generalizada hacia su regresión. 

Desarrollado a partir del análisis de imágenes aéreas históricas tomadas entre 1956 y 2022, este trabajo publicado en la revista internacional ‘Journal of environmental management’ (AQUÍ) muestra que el borde de estas marismas ha retrocedido una media de 2,4 metros al año en la Bahía interior, aunque existen notables diferencias entre unas zonas y otras. 

Para conocer cómo han cambiado estos ecosistemas tan asumidos por los residentes de esta área metropolitana pero a la vez tan ajenos para la mayoría, el Laboratorio de Carbono Azul de la UCA ha analizado las numerosas fotografías aéreas históricas en blanco y negro y ortofotografías en color disponibles entre 1956 y 2022. Dichas imágenes se han integrado y analizado mediante Sistemas de Información Geográfica y se han combinado con cartografía de hábitats y técnicas específicas para cuantificar el desplazamiento del borde de las marismas. 

Esta perspectiva temporal ha permitido comprobar que la transformación no se ha producido de la misma manera en toda la Bahía, ya que, aunque el balance general muestra una importante pérdida de estas marismas, existen zonas con comportamientos muy diferentes, identificando qué espacios son los más vulnerables y cuáles han mostrado hasta ahora una mayor capacidad para responder a los cambios ambientales.

CASOS SIGNIFICATIVOS: EL TROCADERO Y LA CLICA

Uno de los casos más significativos es El Trocadero, en el término municipal de Puerto Real, donde se ha registrado el mayor retroceso del borde de la marisma, con una media de siete metros al año entre 1978 y 2022. 

En esta zona, la marisma baja se ha reducido hasta quedar por debajo del 5% de la superficie que ocupaba en 1978, mientras que la marisma media ha disminuido aproximadamente hasta el 75% de su extensión inicial. 

Por el contrario, en San Fernando, la Punta de la Clica experimentó entre 1956 y 1978 una expansión de sus marismas. No obstante, después de 1978 esa evolución cambió, registrando un retroceso del borde de la marisma de 1,8 metros al año. 

Para el equipo investigador, este cambio de tendencia evidencia que incluso las marismas de mayor capacidad para responder a los cambios ambientales están ya sufriendo consecuencias negativas de las presiones asociadas a la crisis climática global, fenómeno que siguen discutiendo negacionistas y ultraderechistas.

“LAS MARISMAS DESEMPEÑAN FUNCIONES ESENCIALES”

Las conclusiones son especialmente relevantes ante las crecientes presiones a las que están sometidas las marismas de la Bahía, entre ellas el aumento del nivel del mar y la reducción de los aportes de sedimentos procedentes de los ríos. 

Aunque históricamente han sido poco valoradas, las marismas desempeñan funciones esenciales que repercuten directamente en el territorio y en las poblaciones que viven en su entorno. De hecho, estos ecosistemas actúan como protección natural frente a las inundaciones costeras, favorecen la biodiversidad y funcionan como importantes almacenes de carbono azul. 

Por ello, se recalca en la nota remitida a DIARIO Bahía de Cádiz, su degradación no supone únicamente la pérdida de superficie de un espacio natural, sino también una reducción los servicios de protección costera y retirada de CO2 atmosférico, pasando estas zonas a tener incluso un fuerte potencial de emisión de dióxido de carbono una vez se pierde la vegetación.

  • Paisaje característico de la Bahía que se lucha por relanzar / FOTO: Ctaqua
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“NO EXISTE UNA ÚNICA SOLUCIÓN”

Los científicos de la UCA detrás de este estudio aseveran que no hay una “relación simple” entre una única causa y la pérdida de marismas. Precisamente, una de sus principales aportaciones reside en mostrar que cada zona responde de manera diferente dependiendo de sus características geomorfológicas, su conexión con las mareas y las transformaciones humanas que ha experimentado a lo largo del tiempo. 

De hecho, el Trocadero (Puerto Real), Santibáñez (Cádiz) y Punta de la Clica (San Fernando) presentan trayectorias distintas, aunque en los últimos años estas diferencias tienden a converger hacia un escenario general de regresión. 

Con todo ello, el equipo investigador sentencia que “la conservación pasiva de estos espacios ya no es suficiente para garantizar su resiliencia a largo plazo”; y advierte que “tampoco existe una única solución aplicable a toda la Bahía, por lo que las medidas deberán adaptarse a las características y evolución de cada zona”. 

Este trabajo, desde el Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) de la UCA, está desarrollada por Concepción N. Rodríguez-Rojo, Juan J. Vergara, Laura del Río y Gloria Peralta, personal investigador de los departamentos de Biología y Ciencias de la Tierra.

Cofinanciado con fondos europeos, forma parte del proyecto ‘iBESBLUE, Servicios ecosistémicos de los sistemas biogeomórficos intermareales: carbono azul y resiliencia al aumento del nivel del mar en la Bahía de Cádiz’, que utiliza el Parque Natural como sistema modelo para estudiar la capacidad de adaptación de las marismas y las praderas de fanerógamas marinas ante el cambio climático. El proyecto combina aproximaciones ecológicas y geomorfológicas, y busca generar conocimiento que contribuya a la gestión y conservación de estos ecosistemas. 

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