
Me pide este periódico que reinicie mi
colaboración, aplazada desde el verano por mis ocupaciones académicas fuera de
España (en América Latina, donde he pasado dos meses). Hace años me hubiera
llenado de ilusión pero ahora ya cada vez creo menos en todo, los años te
vuelven escéptico y puede que sabio. Pero hay que seguir adelante y es de
justicia apoyar a un medio de comunicación como éste, que pretende ser
independiente, aspiración inútil pero es preciso que sigamos pidiendo la luna,
no nos podemos quedar sentados, hay que esperar ser una de las excepciones que
confirme la regla y la regla se llama dictadura, totalitarismo de mercado,
comercialización de todo, desde un zapato hasta el alma, pasando por la
creación y el conocimiento.
En ese ritual banal que es el encuentro
Iberoamericano de Salamanca levantan morbo siempre los mismos: los
“dictadores” o, mejor dicho, los que no desean entrar por el aro del nuevo
orden mundial, otra dictadura, sólo que sutil, de entrañas violentas y
silenciosas. Claro, todos los jefes de Estado se van de botellona al son de la
música del Imperio y los que desean ser ellos mismos y lo dicen abiertamente
son anatematizados y molestan en el grupo. El grupo siempre expulsa de su seno
a los que colocan el listón alto y son distintos. Pero si lo de Castro y
Chávez son dictaduras también lo es el régimen de Bush y hasta nuestras
teóricas democracias, donde no gobierna lo racional sino lo instintivo, lo
emocional y el marketing y donde la opción más aceptada es la abstención, de
manera que el vencedor en realidad representa a una minoría de ciudadanos.
Desde el punto de vista lógico y ético, la mayor parte de nuestras elecciones
son nulas, con los números en la mano, además de ser un insulto a la sensatez
y a la mente. Pero el juego tiene que seguir.
Estoy harto también de un país impregnado por
todas partes de una dualidad vergonzosa: PP/Opus-PSOE. Siempre le digo a mis
alumnos que apliquen su supuesta mentalidad pragmática a acercarse a estas dos
organizaciones. Lo dominan todo, los medios de comunicación también. El
pensamiento libre está apartado de la vida pública en España y ha sido
sustituido por un clientelismo en el que se dejan querer hasta destacados
cerebros: los de la cuerda del PSOE, los de la cuerda del PP. Así no se puede
ser nada nunca, desde el punto de vista democrático.
Este periódico quiere ser independiente pero
ahora ser independiente sólo es posible si hay detrás un voluntarismo intenso.
Menos mal que es digital, por ahí puede que se escape pero otra cosa es que
sea independiente y que sus impulsores puedan vivir de él con dignidad (desde
luego yo aún no cobro ni un euro). Por lo que se refiere al periódico de
papel, paradójicamente, en la democracia no es posible la independencia por
más que algunos coloquen en la cabecera tal palabra: se precia eso que se
llama sinergia empresarial, se precisa de la publicidad y la publicidad,
hasta ahora, mata la libertad de expresión, mata al periodismo porque el
periodismo es contrapoder y voz para el menos favorecido y eso está reñido con
el mercado y con la independencia.
Me piden que escriba y lo hago porque peor es
callarse, pero teniendo en cuenta las palabras de Larra: escribir en España es
llorar, y las de Cesare Pavese: esto da asco. Hay por ahí unos periodistas
facinerosos sembrando la alarma por lo del estatuto de Cataluña. Aparece
incluso en TV un militar de muy alto grado diciendo que el Ejército está
preocupado. ¿Y qué? ¿Van los militronchos a meter los tanques en Cataluña si
la gente decide tener un estatuto federalista, que es lo que debería ser
España? Los militares deben callarse porque casi todas las veces que han
aparecido en la historia de España en los dos últimos siglos ha sido para
tirar para atrás a la propia historia y volver a la inquisitorial España del
viejo régimen de sotana, charanga y pandereta. Me piden que escriba pero veo a
los negros africanos (subsaharianos los llaman los posmodernos por puro
prejuicio) encerrados en autobuses, esposados, asesinados, por querer un
trabajo y pedírselo a quienes los esquilmaron en los siglos XIX y XX, los
negros por los que los curas me hacían pedir en el Domund desde mi infancia. Y
todo está igual, casi igual o peor. Escribo sí, pero me dan ganas de mandarlo
todo a tomar por el culo. Lo que pasa es que escribiendo le escupo a tanta
mierda, aunque no sirva para nada. Qué peste.
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