Número 5.639 – Año XXIII 7 de noviembre de 2026

Cádiz CF

Insuficiente y muy decepcionante, otra vez

El Cádiz sigue sacando cruz cada vez que lanza la monedita. Los amarillos, con Borja Jiménez en el banquillo, continúan sin identidad clara. Ante el Oviedo, en casa, volvieron a perder (1-2), desperdiciando la primera parte y exhibiendo impotencia en la segunda. Nada que invite al optimismo. Nada de nada.

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  • García Pascual dejando una pelota por imposible -
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CRÓNICA JORNADA 13. El Real Oviedo visitó en la sobremesa de este sábado el JP Financial Estadio (el Nuevo Mirandilla, donde vuelve a montarse en su fachada el rótulo comercial -ahora sí con permisos- antes que su denominación oficial) para medirse a un Cádiz muy muy necesitado (de puntos y de juego reconocible) en un encuentro enrarecido, ya que ni jugadores ni clubes consideraban oportuna la disputa de la jornada tras el reciente fallecimiento de Jesús de Miguel, delantero del Tenerife. Sin embargo, la LaLiga y la tele son las que mandan en el fútbol-negocio de hoy día.

De hecho, en la previa el técnico Borja Jiménez reflexionaba que “parece que nunca pasa nada en esta profesión, pero esto nos hace sentir vulnerables. El único pensamiento está con la familia (de Demi) y en ser lo más profesionales posible en el partido”. 

Un choque que “queremos intentar ganar y dar una alegría a nuestra afición, ante un equipo para ascender”. “Tenemos que intentar ganar todos los que nos quedan en casa”, incidía el entrenador ante su tercer envite liguero en el banquillo amarillo, sacando esta vez de inicio a: Ezkieta, en la portería; Arribas, Gocho, Castro y Kovacevic, en defensa; Moueffek y Dilan Zárate, en el centro del campo, con Ibon más adelantado; y arriba, García Pascual, respaldado en los extremos por Antoñito y Borja Vázquez.

Con ovación cerrada de todo el estadio y un respetuoso minuto alargado de silencio por De Miguel se vivían los prolegómenos del choque, con equipos y árbitros compareciendo juntos en el terreno. Y la afición ovetense haciéndose notar pronto, y no para bien.

No se había cumplido ni el primer minuto y Álvaro García Pascual gozaba de la primera ocasión, a las manos de Aarón. Todo un espejismo. Sin dueño real del balón, quizá con los asturianos más asentados, avanzó el partido hasta el minuto 9, cuando se detenía de nuevo para homenajear al malogrado delantero que en la presente campaña lucía el 9 en su camiseta.

Volvía a rodar la pelota y en la siguiente acción Javi Castro la peinaba desviada, con intenciones. La partida continuaba sin mucha chicha hasta que en el 22, a raíz de un pase fallido de Kovacevic (¿volverá a ser el que fue algún día?), el Oviedo marcaba el primero de la tarde, un disparo cruzado de Estanis Pedrola. O visto de otra manera, el Cádiz regalaba el 0-1. Poco después, su central Dani Calvo se marchaba lesionado.

Los carbayones empezaban a sentirse muy cómodos ante un Cádiz indefinible y fallón que corría como pollo sin cabeza. Y pese a ello, en el minuto 35 el delantero marbellí estaba a punto de alcanzar una asistencia de Cordero que podría haber sido el empate. Como respuesta, tres minutos después, Ilyas hacía el 0-2 desde la frontal, y sin oposición.

Y mientras desde la grada resonaban tímidos gritos de “¡Cádiz, échale huevos!”, padeciendo de forma grosera a un equipo local timorato que no espabila, García Pascual la mandaba a las nubes en una ocasión clara dentro del área pequeña. Para desesperar todavía más a una afición que, pasados los cinco minutos de descuento tirados a la basura, despidió a los suyos con una pitada sintomática.

  • Jugadores y árbitros juntos recordando a Demi
  • -
IMPOTENCIA LOCAL VERSUS INDOLENCIA VISITANTE

Borja Jiménez, como todos, era consciente del desastre cuando en el descanso meneaba el banquillo, dando entrada a Cristian, Ontiveros e Izeta, por Bojan, Moueffek y Borja. Y el vasco se autogeneró la primera oportunidad más o menos clara de los gaditanos rondando ya el minuto 57. Hasta entonces, el conjunto asturiano había renunciado a llevar la iniciativa y los de casa trataban de irse arriba a trompicones.

Ya entrados en el 60, Noah se sumaba a la defensa en el sitio de Castro. Y diez después era Gocholeishvili el que se iba al banquillo, entrado Beñat de Jesús. Entretanto, la árbitro expulsaba al segundo entrenador cadista y en el verde se palpaba idéntica melancolía indignada y frustrante que en la grada, donde ya no se sabía si protestar, animar o pasar un kilo de un plantel que (juegue quien juegue) tiene casi naturalizado el perder.

Un Cádiz pescaíto en blanco que, pese a todo, persistía con más corazón que cabeza ante un rival conformista y confiado en las limitaciones del contrario. Y en un lance rutinario, Urko Izeta cabeceaba el 1-2 al borde del minuto 82. En la réplica, el Oviedo la estrellaba en el larguero en un lanzamiento de falta directa. 

Entrados en el tiempo extra, hasta cuatro minutos, se intensificaba la presión, también del Nuevo Mirandilla, sobre el área visitante y García Pascual remataba, sin peligro, a las manos del portero. Y poco más generaban los gaditanos en esta fase definitiva, con más nervio que juego real.

Otra derrota. Otra decepción. Más de lo mismo. Este barco lleva varias temporadas navegando al garete y nadie sabe/puede enderezar el rumbo… para evitar caer al pozo de Segunda B.

“TENEMOS UN GRUPO MUY JOVEN QUE NECESITA SOLUCIONES Y CARIÑO”

“Sabía perfectamente adónde venía -anotaba ya en rueda de prensa postpartido Borja Jiménez-. Tenemos 10 puntos en 13 jornadas y tenemos que seguir peleando. Hoy no hemos competido bien, es un paso atrás claro, ojalá que para tomar impulso. Hay que pelear e intentar tener cuatro equipos por abajo”.

Así, reconocía sin paños calientes que “hemos hecho una primera parte muy mala, con muchas imprecisiones y errores en los pases y muy grandes en los goles. En la segunda hemos estado mejor, hemos conseguido acercarnos, pero no lo suficiente como para empatar”.

Y recalcaba que “todos estamos preocupados por la situación, pero ahora tenemos que pelear para darle la vuelta”, además de subrayar, “aunque no busco excusas”, que “tenemos un grupo muy joven, con chicos que necesitan soluciones y cariño, y que tienen un gran margen de mejora”. DIARIO Bahía de Cádiz

CRÓNICA JORNADA 13. El Real Oviedo visitó en la sobremesa de este sábado el JP Financial Estadio (el Nuevo Mirandilla, donde vuelve a montarse en su fachada el rótulo comercial -ahora sí con permisos- antes que su denominación oficial) para medirse a un Cádiz muy muy necesitado (de puntos y de juego reconocible) en un encuentro enrarecido, ya que ni jugadores ni clubes consideraban oportuna la disputa de la jornada tras el reciente fallecimiento de Jesús de Miguel, delantero del Tenerife. Sin embargo, la LaLiga y la tele son las que mandan en el fútbol-negocio de hoy día.

De hecho, en la previa el técnico Borja Jiménez reflexionaba que “parece que nunca pasa nada en esta profesión, pero esto nos hace sentir vulnerables. El único pensamiento está con la familia (de Demi) y en ser lo más profesionales posible en el partido”. 

Un choque que “queremos intentar ganar y dar una alegría a nuestra afición, ante un equipo para ascender”. “Tenemos que intentar ganar todos los que nos quedan en casa”, incidía el entrenador ante su tercer envite liguero en el banquillo amarillo, sacando esta vez de inicio a: Ezkieta, en la portería; Arribas, Gocho, Castro y Kovacevic, en defensa; Moueffek y Dilan Zárate, en el centro del campo, con Ibon más adelantado; y arriba, García Pascual, respaldado en los extremos por Antoñito y Borja Vázquez.

Con ovación cerrada de todo el estadio y un respetuoso minuto alargado de silencio por De Miguel se vivían los prolegómenos del choque, con equipos y árbitros compareciendo juntos en el terreno. Y la afición ovetense haciéndose notar pronto, y no para bien.

No se había cumplido ni el primer minuto y Álvaro García Pascual gozaba de la primera ocasión, a las manos de Aarón. Todo un espejismo. Sin dueño real del balón, quizá con los asturianos más asentados, avanzó el partido hasta el minuto 9, cuando se detenía de nuevo para homenajear al malogrado delantero que en la presente campaña lucía el 9 en su camiseta.

Volvía a rodar la pelota y en la siguiente acción Javi Castro la peinaba desviada, con intenciones. La partida continuaba sin mucha chicha hasta que en el 22, a raíz de un pase fallido de Kovacevic (¿volverá a ser el que fue algún día?), el Oviedo marcaba el primero de la tarde, un disparo cruzado de Estanis Pedrola. O visto de otra manera, el Cádiz regalaba el 0-1. Poco después, su central Dani Calvo se marchaba lesionado.

Los carbayones empezaban a sentirse muy cómodos ante un Cádiz indefinible y fallón que corría como pollo sin cabeza. Y pese a ello, en el minuto 35 el delantero marbellí estaba a punto de alcanzar una asistencia de Cordero que podría haber sido el empate. Como respuesta, tres minutos después, Ilyas hacía el 0-2 desde la frontal, y sin oposición.

Y mientras desde la grada resonaban tímidos gritos de “¡Cádiz, échale huevos!”, padeciendo de forma grosera a un equipo local timorato que no espabila, García Pascual la mandaba a las nubes en una ocasión clara dentro del área pequeña. Para desesperar todavía más a una afición que, pasados los cinco minutos de descuento tirados a la basura, despidió a los suyos con una pitada sintomática.

  • Jugadores y árbitros juntos recordando a Demi
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IMPOTENCIA LOCAL VERSUS INDOLENCIA VISITANTE

Borja Jiménez, como todos, era consciente del desastre cuando en el descanso meneaba el banquillo, dando entrada a Cristian, Ontiveros e Izeta, por Bojan, Moueffek y Borja. Y el vasco se autogeneró la primera oportunidad más o menos clara de los gaditanos rondando ya el minuto 57. Hasta entonces, el conjunto asturiano había renunciado a llevar la iniciativa y los de casa trataban de irse arriba a trompicones.

Ya entrados en el 60, Noah se sumaba a la defensa en el sitio de Castro. Y diez después era Gocholeishvili el que se iba al banquillo, entrado Beñat de Jesús. Entretanto, la árbitro expulsaba al segundo entrenador cadista y en el verde se palpaba idéntica melancolía indignada y frustrante que en la grada, donde ya no se sabía si protestar, animar o pasar un kilo de un plantel que (juegue quien juegue) tiene casi naturalizado el perder.

Un Cádiz pescaíto en blanco que, pese a todo, persistía con más corazón que cabeza ante un rival conformista y confiado en las limitaciones del contrario. Y en un lance rutinario, Urko Izeta cabeceaba el 1-2 al borde del minuto 82. En la réplica, el Oviedo la estrellaba en el larguero en un lanzamiento de falta directa. 

Entrados en el tiempo extra, hasta cuatro minutos, se intensificaba la presión, también del Nuevo Mirandilla, sobre el área visitante y García Pascual remataba, sin peligro, a las manos del portero. Y poco más generaban los gaditanos en esta fase definitiva, con más nervio que juego real.

Otra derrota. Otra decepción. Más de lo mismo. Este barco lleva varias temporadas navegando al garete y nadie sabe/puede enderezar el rumbo… para evitar caer al pozo de Segunda B.

“TENEMOS UN GRUPO MUY JOVEN QUE NECESITA SOLUCIONES Y CARIÑO”

“Sabía perfectamente adónde venía -anotaba ya en rueda de prensa postpartido Borja Jiménez-. Tenemos 10 puntos en 13 jornadas y tenemos que seguir peleando. Hoy no hemos competido bien, es un paso atrás claro, ojalá que para tomar impulso. Hay que pelear e intentar tener cuatro equipos por abajo”.

Así, reconocía sin paños calientes que “hemos hecho una primera parte muy mala, con muchas imprecisiones y errores en los pases y muy grandes en los goles. En la segunda hemos estado mejor, hemos conseguido acercarnos, pero no lo suficiente como para empatar”.

Y recalcaba que “todos estamos preocupados por la situación, pero ahora tenemos que pelear para darle la vuelta”, además de subrayar, “aunque no busco excusas”, que “tenemos un grupo muy joven, con chicos que necesitan soluciones y cariño, y que tienen un gran margen de mejora”. DIARIO Bahía de Cádiz

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