CARTA AL DIRECTOR enviada por: Mayteé Agmeth Ortiz
Cádiz huele a salitre y a trampa. Te venden el paraíso en una postal de barquitas en La Caleta, pero luego vas a buscarte un refugio, un pedazo de suelo donde tender la fatiga y mirar la tarde, y la isleta se encoge, como si el mar recuperara lo que prestó.
Aquí la vida digna dura diez meses. De septiembre a junio eres un ser humano con derecho a un colchón; en julio y agosto te tienes que volver humo para dejar paso a la marea tibia de los que solo vienen a consumir la sal. Porque llegan los que pagan la semana a precio de secuestro y los inquilinos de larga duración estorban. Los echan para hacer caja.
Mientras tanto, quienes administran la ciudad miran cómo se estrecha el lugar donde cabe una vida. Porque también se gobierna por lo que se permite: por las puertas que no se cierran, por las leyes que no llegan, por el suelo que se entrega al mejor postor. Cádiz se va llenando de camas para los que vienen y vaciando de casas para los que se quedan.
Nos piden tratar con extraños que se niegan siquiera a girar una llave si no exhibes tus cuentas, si no abres en canal las entrañas de la casa familiar, ni destapas la solvencia de quien te avala. Un certificado de pureza civil para cruzar un zaguán que ni siquiera has visto.
He visto nichos a precio de santuario: cajas de cemento donde la claridad no cruza el alféizar, habitaciones sin armario donde apenas cabe una cama estrecha, salones cuyo ventanal devuelve el golpe de un muro. Estancias que son la mitad de una vida anterior y pretenden costar mil euros.
Porque en la Cádiz de la especulación quien quiere un alquiler de 12 meses o compra el metro cuadrado a 3.300 euros o está a merced de un dueño con una lista infinita de interesados, que prioriza funcionarios y residentes médicos.
Allá afuera la vida sigue desplegando su inmensidad sobre el mar, ajena a esta pequeña tiranía de pasillos oscuros y papeles timbrados. Pero qué difícil se vuelve sostener la belleza de un lugar cuando ya no hay sitio para quienes lo llaman casa. DIARIO Bahía de Cádiz












