CARTA AL DIRECTOR enviada por: Enrique López Felipe, de San Fernando
En la última semana del mes de julio, se produjo una sorprendente avalancha humana, que el Gobierno estima en torno a 50.000 personas, entrando a Ceuta.
Antes de continuar, he de manifestar mi compasión por las 88 personas, según mis últimos datos, que han perdido la vida en este episodio.
Esto asunto me suscita dos cuestiones: a) ¿cuáles son las causas de la “invasión”? y b) ¿qué acciones cabe plantear ante el problema? En cuanto a la primera pregunta, según la versión oficial, la respuesta está en la “crisis migratoria”. En esta ocasión, las “mafias dedicadas al tráfico de migrantes” han sido las inductoras del asalto y, en opinión de algunos socios comunitarios liderados por Italia, la “regularización masiva de inmigrantes” puede haber servido de acicate.
Por las imágenes que mostraban las cadenas televisivas, deduje que los “invasores” eran marroquíes en su inmensa mayoría que no tenían ningún ánimo migratorio, como se intuía por los escasos equipajes que portaban.
Al igual que nosotros gritamos “Gibraltar español”, en mi opinión, esta era la manera latente de los asaltantes de proclamar “Ceuta marroquí” y, por supuesto, su proceder tenía que contar con la connivencia y la aquiescencia de las autoridades del reino alauita.
Por lo tanto, ni la esencia de lo ocurrido estaba en la “crisis migratoria”, ni la postura de ciertos países de la UE ha sido razonable, porque Ceuta no forma parte del espacio Schengen. Sobre esto, pienso que la presidenta Meloni ha actuado en represalia por las críticas vertidas por el Gobierno de España respecto a su medida de contratar con Albania centros de retención para los migrantes irregulares llegados a su país.
En cuanto a la segunda cuestión, lo primero es apuntar que, a tenor de la información oficial, más de 48.000 migrantes ya habrían vuelto a Marruecos, lo que apoya mi impresión de que no les movía ánimo migratorio alguno.
En principio, aplicando de manera “muy laxa” el régimen especial de rechazo en frontera previsto para Ceuta y Melilla, podría procederse a la devolución, sin expediente de expulsión, de los entrados que todavía quedan en la Ciudad Autónoma de Ceuta.
Ahora bien, de futuro considero urgente entablar conversaciones con Marruecos para convenir que cualquier hipotética resolución de la disputa sobre las plazas de Ceuta y Melilla pasa por renunciar a medios y acciones susceptibles de poner en riesgo vidas o bienes.
De paso, pedir su colaboración leal en el control de la inmigración irregular hacia las ciudades autónomas y, en particular, para establecer el tratamiento a dar en el caso de los menores marroquíes no acompañados cuya tutela debe ser asumida, por lógica, por su país natal.
En esta negociación ha de ponerse en valor el trato privilegiado del que goza el país en materias comercial y laboral, materializado, respectivamente, en el Acuerdo euromediterráneo de asociación entre la UE y Marruecos y en el programa de Gestión Colectiva de Contrataciones en Origen, cuyo ámbito subjetivo lo constituyen en más de un 80% trabajadores marroquíes.
Por añadidura, existe un vínculo de hermandad, ya que la colonia de marroquíes en España está en torno al millón, que podría potenciarse concediéndoles el derecho de sufragio pasivo en las elecciones municipales o acortándoles el plazo de residencia necesario para la adquisición de la nacionalidad española. DIARIO Bahía de Cádiz













