El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) continúa aportando datos sobre el pecio Delta I, restos de un barco del siglo XVII hallados durante las obras de construcción de la futura nueva terminal de contenedores del Puerto de Cádiz, y que tras casi un año de estudio exhaustivo en tierra (entre 2024 y 2025 se llevó a cabo el desmontaje y una rigurosa documentación de las 400 piezas del navío) fue devuelto al fondo marino en las inmediaciones de la Punta de San Felipe.
Esta investigación desarrollada por el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), con sede en el Balneario de la Palma en la misma playa de la Caleta de la capital, confirman de forma fehaciente que su sistema de construcción fue “atlántica” y respondía para la navegación oceánica. La embarcación es sólida en su estructura, pensada para soportar largas travesías, grandes cargas y condiciones de mar exigentes.
Ya meses atrás el equipo del CAS constaba que el pecio correspondía a esta “construcción atlántica mixta”. Y a partir de los restos, los técnicos calcularon que este barco pudo alcanzar unos 50 metros de eslora y los 6,80 metros de manga.
Ahora también se ha reconstruido en detalle cómo fue elaborado. Empezó a levantarse a partir de la quilla, la pieza principal sobre la que se organizaba toda la estructura, y a continuación se colocaron las cuadernas maestras, formadas por varias piezas de madera que daban forma y solidez al casco.
Después se fue añadiendo el resto de elementos estructurales, que se sujetaban de manera provisional mientras el armazón del barco iba tomando forma. A continuación, se colocó la primera tabla del forro exterior, concebida para facilitar el desagüe en la parte baja de la embarcación.
Con posterioridad se dispuso el revestimiento interior del navío, fijado inicialmente con clavos de hierro. Finalmente, se procedió a colocar el resto del forro exterior del casco, que se ensambló desde fuera mediante cabillas de madera y pernos de hierro.
MARCAS DE MAESTROS CARPINTEROS
Numerosas marcas localizadas en las piezas de madera han sido interpretadas como marcas de maestros carpinteros en un contexto de trabajo especializado, desarrollado en un astillero. Se relacionan con señales utilizadas para el control técnico de las piezas y organizar el proceso de fabricación.
“Su presencia humaniza, en cierto modo, la construcción, pues permite entrever la mano de los carpinteros de ribera y la dimensión práctica de un saber altamente cualificado”, se resalta en la nota remitida a DIARIO Bahía de Cádiz.
Por otro lado, nuevos datos arrojan información sobre la vida a bordo. Especialmente, el hallazgo de semillas de frutos perecederos (como melón, sandía y uva) resulta revelador porque aporta indicios concretos de la dieta de la tripulación y demuestra que hubo un tiempo de espera o estancia en el puerto (con abastecimiento de productos frescos desde la ciudad) antes del hundimiento.
Además, durante el proceso de excavación y limpieza ya aparecieron vestigios como esos huesos de frutas, y restos de tinte azul, fragmentos cerámicos y metálicos, e incluso marcas de juegos en la madera.
LA INVESTIGACIÓN CONTINÚA ABIERTA
Si bien los estudios y análisis del pecio aún siguen abiertos, ya se puede avanzar el descubrimiento de estopa de origen animal y vegetal, a modo de sellado entre las juntas y uniones de las maderas, con el fin de impermeabilizar partes de la embarcación y asegurar la estanqueidad del barco.
De este modo, la investigación sobre Delta I avanza y sigue poniendo en valor este pecio arqueológico de Cádiz como “una fuente excepcional para el conocimiento del pasado marítimo y subacuático”.
Para la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, estos trabajos “están resultando de enorme valor para categorizar las etapas constructivas de las embarcaciones atlánticas, sus técnicas y materiales, así como para acercarnos a la vida cotidiana que se desarrollaba a bordo durante las navegaciones a ultramar, ofreciendo una perspectiva integral de este momento fundamental de la historia andaluza”. El CAS depende de su consejería.
Durante el inicio de las obras de construcción de la nueva terminal de contenedores del Puerto de Cádiz, en febrero de 2011, apareció este primer pecio. Tras estudiarse distintas opciones, la posición del mismo obligaba a moverlo, decidiéndose su traslado a una zona contigua a la obra que tenía un menor calado y mejor visibilidad, facilitándose así las labores de estudio.
Y el lugar en el que se depositó era concretamente la zona de la fase 2 de los trabajos (la ampliación, pese a que la terminal sigue sin inaugurarse) que se retomaron en los primeros meses de 2024, siendo necesario un nuevo traslado.
Así, se aprovechó para su extracción a la superficie y este estudio en profundidad: una oportunidad única para conocer cómo se construían los barcos a mediados del siglo XVII. Mientras de momento sigue siendo una incógnita el porqué de su naufragio.















