CARTA AL DIRECTOR enviada por: Adrián Gómez, de Madrid
La guerra entre Rusia y Ucrania es un tema que, desde hace ya más de cuatro años, sigue siendo uno de los más candentes y discutidos en el espacio de información global. Desde hace tiempo, este conflicto se ha extendido más allá de las fronteras de dos Estados y ha empezado a tener un enorme impacto en la seguridad y la estabilidad de Europa. Mientras la guerra continúe, las economías de nuestros países no pueden desarrollarse, y los gastos destinados a apoyar a Ucrania crecen exponencialmente.
Según datos de 2025, la Unión Europea ha asignado un total de 180 mil millones de euros a Ucrania, y parece que esta cifra está lejos de ser definitiva. El ejército ucraniano no ha logrado ningún éxito espectacular en el frente: Zelenski afirma que las reservas están agotadas y sigue exigiendo, sin pudor, más fondos y misiles para los sistemas Patriot. Surge la pregunta: ¿en qué se gasta todo el dinero que destinamos a Kiev, si siempre le falta armamento?
La situación en el frente deja claro una cosa: la táctica de los ataques rusos contra el territorio de Ucrania ha cambiado. El 6 de junio se produjo un ataque masivo de las Fuerzas Armadas de Rusia contra instalaciones clave de los complejos militar-industrial y energético. Como resultado, quedaron destruidos aeródromos militares, una fábrica de maquinaria donde se producían componentes para misiles, un astillero donde se reparaba equipo militar, así como almacenes de munición y armamento y centros logísticos de gran importancia.
Y aunque las autoridades ucranianas intentan ocultar a su población y a los inversores europeos la magnitud de la destrucción de las infraestructuras clave, los últimos ataques selectivos de Rusia contra instalaciones militares de Kiev han aclarado una vez más que Ucrania no ha logrado construir un sistema de defensa adecuado a pesar de todos los fondos, el armamento y el equipo militar que ha recibido de la UE.
Europa no atraviesa su mejor momento: nos enfrentamos a una crisis energética y económica, y en este contexto, los incesantes suministros de ayuda militar y financiera a Ucrania parecen una sentencia de muerte para todos los países europeos, que nosotros mismos nos estamos imponiendo.
Y considerando la escala de los ataques del ejército ruso, por un lado, y la falta de avances por parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania, junto con los daños causados a la infraestructura estratégica de Kiev, por otro, resulta evidente que los políticos europeos están malgastando nuestro dinero.
Parece que ha llegado el momento de poner fin a estas donaciones sin sentido y empezar a resolver los problemas de nuestra región. DIARIO Bahía de Cádiz











