CRÓNICA JORNADA 29. Con el cadismo harto por lo que se ve en el campo (o no se ve) desde hace mucho tiempo y aún más por el humo no deportivo del club, empezando por el inoportuno rebautizo comercial del nombre del estadio en plena crisis de juego y resultados, en la fresquita noche del viernes este Cádiz en caída libre, con Gaizka Garitano a un paso del Inem, recibía en el Nuevo Mirandilla al colista, al Real Zaragoza estrenando técnico: David Navarro.
“Hay momentos malos y buenos pero hay que luchar siempre. Soy un luchador. Cuando las cosas se ponen mal siempre lucho junto a cuerpo técnico y los jugadores. Estamos muy unidos y necesitamos apoyo para lograr la mejor versión. Será un partido con urgencias de igual a igual”, sostenía en la previa del choque el entrenador vasco en ¿su último encuentro en el banquillo gaditano?
Igualmente, temiéndose el ambiente hostil de la propia afición, el club difundía horas antes una “carta” de los capitanes implorando unidad: “sabemos que hay enfado, frustración y muchas ganas de que las cosas salgan mejor. Pero queremos que sepáis algo muy claro: este vestuario siente estos colores de verdad. Nos duele cada derrota. Os aseguramos que dentro del campo lo damos todo por este escudo y por esta ciudad”. “Cuando el cadismo empuja unido, el equipo vuela; necesitamos sentir que caminamos todos unidos”, se recalcaba en escrito. Pero de las palabras a los hechos, hay un trecho.
Volviendo al partido, con una entrada pobre (poco más de 10.000 personas en la grada, contando con los aficionados aragoneses), el once titular local presentaba dos novedades relevantes: en detrimento de Diakité la entrada del mismo capitán, Álex Fernández, tantas jornadas desaprovechado, y el cambio en la portería, rescatándose a David Gil, como si Víctor Aznar no hubiera salvado goles…
Así, la defensa la conformaban Iza, Pereira, Iker Recio y Jorge More; con Álex y Ortuño en el centro del campo; De la Rosa y Antoñito Cordero en los extremos; Suso liberado de mediapunta, y Dawda Camara como delantero único.
Ni con excesivos pitos ni demasiados aplausos saltaban los amarillos al verde, y durante la primera fase de la partida se mostraban correctos y con cierto ímpetu y hambre, aunque apenas concretaban un cabeceo con intenciones de Dawda a saque de córner en el 15. Y tres minutos después, chasco: en una acción aislada y con ayuda de una retaguardia blandita, el Zaragoza marcaba el 0-1, obra de Kodro.
La grada ni se enfadó. Casi ni se inmutó. Los de Garitano siguieron a lo suyo, llevando la iniciativa, sí, y haciendo menos daño que el pescaíto en blanco. Los maños también a lo suyo, agazapados atrás tratando de fallar lo menos posible y corriendo a la contra ocasionalmente.
En el minuto 25, Suso gozaba de una buena ocasión, pero la pelota impactaba en un defensa en su trayectoria a la portería. Cinco después, en un balón suelto, Pereira la pegaba y se iba alta. Y ya al borde del 40, Antoñito se la regalaba a Andrada a las manos.
En el siguiente arreón, David Gil evitaba con el pie el segundo, y el Nuevo Mirandilla empezaba a mosquearse, con los primeros gritos y aspavientos en serio: “¡Vizcaíno, dimisión… Cádiz, échale huevos… nosotros somos el Cádiz!”. Y con la sensación ambiental de más de lo mismo se fue consumiendo el primer tiempo.

DE MAL EN PEOR
Ante la ya rutinaria impotencia mostrada antes del descanso, el Cádiz enfilaba la segunda mitad con cambios: entraban Diakité y Brian Ocampo por Ortuño y De la Rosa. Antoñito Cordero probaba pronto desde el borde del área, fácil; y poco después en un carrerón, y ante la falta de rematadores, lo intentaba él mismo, ya forzado. También disparaba poco después el uruguayo, un pelotazo a las nubes.
Estaba clara la consigna: tirar, tirar y tirar, como sea, cuando sea. En el 55 se incorporaba al juego Álvaro García Pascual por Antoñito; Ocampo se encontraba con el balón en sus pies y de primeras lanzaba sin fe; y Diakité desde la lejanía disparaba desviado.
Al otro lado del campo, en otra acción aislada tras una pérdida de pelota, se olió el 0-2 cuando se alcanzaba el minuto 65. La grada ya iba perdiendo la paciencia, y Garitano recurría a Roger Martí por Dawda.
Sin embargo, a cada minuto que se evaporaba, este Cádiz ofrecía menos: improductivo arriba, sin fe, sin alma, sin coraje. No pasaba nada de nada. Para más INRI, en el 80 el entrenador sacaba a Álex y hacía debutar en la presente liga a Kouamé. Que no sea por experimentos. Poco después, Francho volvía a tener muy muy cerca la puntilla con un lanzamiento ajustado al palo.
“¡Los jugadores, no sienten los colores!”, empezó a vocearse desde fondo sur cuando se decretaban cuatro minutos de tiempo extra, y los amarillos continuaban vagando desnortados por el campo, sin una mínima gota de sangre. Y con los altavoces a todo volumen, se intentó disipar la pitada final, y los gritos de “¡fuera, fuera, mercenarios, mercenarios!”, mientras parte de los jugadores compungidos y cabizbajos huían por el túnel de vestuarios.
Con un punto cosechado de los últimos 24 posibles, el Cádiz sigue batiendo récord negativos, sin que nadie sepa cómo tamponar la herida. Visto lo visto, ¿qué otro entrenador querría venir a ponerle tiritas a este equipo muerto?
“Cuando te pones perdiendo, en la situación que estamos, cuesta. Lo hemos intentado, pero bastante bloqueados. Nos ha faltado brillo arriba, y además ellos se han cerrado bien. Estoy intentando todo pero no acierto. Es un momento jodido, para mí también”, subrayaba, parco en palabras, Gaizka Garitano en su ¿despedida? DIARIO Bahía de Cádiz Dany Rodway
















