CRÓNICA JORNADA 42. Fiesta en El Sardinero con el Racing de Santander luchando por amarrar el liderato de Segunda en la última bola del curso 2025/2026. Y enfrente, como convidado de piedra, un Cádiz salvado por la campana a pesar suyo y por demérito ajeno, con cara de alivio tras una pavorosa segunda vuelta que pide toneladas de autocrítica. Un nuevo aviso a los dirigentes: menos negocietes faraónicos y más mimo al proyecto deportivo y a la afición.
“No tenemos presión pero una vez que empiece el partido no nos va a faltar actitud”, confiaba en la previa Imanol Idiakez, que llegó tras el cese lógico del rescatado Sergio González (que a su vez relevó a un Gaizka Garitano desbordado), y que ha cumplido el objetivo de mantener en el fútbol profesional a un equipo a la deriva, que al menos en los últimos envites no se ha arrastrado por el campo. Técnico vasco que se ve en el banquillo cadista en la venidera campaña, y que espera poder entrenar a un equipo “del que la gente estuviera orgullosa, que vaya a por el partido y pelee”.
Contando con las bajas consabidas (Tabatadze, Suso, Ontiveros, Iza…) y otro puñadito adicional (Kouamé, Roger Martí, Lucas Pérez y hasta Brian Ocampo, que se marchará de la Tacita dejando la sensación amarga de lo que pudo ser y casi nunca fue, ni quiso ser), Idiakez se plantó en los Campos de Sport con hasta cinco jugadores del filial en la convocatoria, más Juan Diaz en el once inicial junto a Recio, Pelayo y Arribas, en defensa; Ortuño y Diarra, en el centro del campo, con Álex Fernández más adelantado (en su despedida de amarillo nueve temporadas después); Antoñito y De la Rosa, en los extremos; y Jero Dómina, en la delantera.
En la primera mitad pese a no verse a un Cádiz desastroso, el líder golpeó cuando quiso, y se fue al descanso goleando, evidenciándose las estratosféricas diferencias de nivel.
Se plantaron con orden y sin arrugarse los gaditanos, pero alrededor del minuto 10 David Gil ya salvaba dos goles en ocasiones consecutivas a disparos de Andrés Martín. Y en el 13, a raíz de un error en la salida de balón, una pérdida de Ortuño, Canales hacía el 1-0.
Abierto el marcador, las fuerzas se equilibraron, e incluso en otro regalo defensivo, pero en el campo local, Dómina atento estuvo cerca del empate, en el minuto 26, aunque su disparo se fue desviado. Como el lanzamiento en la siguiente acción de Antoñito Cordero desde el borde del área.
Con todo, cuando más suelto se sentía el Cádiz arriba, en una contra Arana hacía el segundo, rondando el minuto 29. Y tras el kitkat para beber agua, subía al electrónico el 3-0, firmado por Juan Carlos Arana de nuevo, de vaselina y casi sin querer.
ENTRE DESPEDIDAS Y GANAS DE VACACIONES
En el descanso se quedaban en la caseta Ortuño y Dómina, y salían al verde Dawda y García Pascual. Una segunda mitad sin tensiones, en la que pronto el Racing tuvo muy cerca el 4-0, en otro contragolpe que acabó desperdiciando Andrés Martín plantado solo ante Gil.
Poco después, García Pascual probaba con un disparo lejano con intenciones; y el mismo delantero daba el último pase que aprovechaba Álex Fernández, tres minutos después y ante una defensa blandita, para marcar el 3-1, un emocionante gol para el capitán en su adiós de amarillo.
Seguían las alternativas en uno y otro campo, a impulsos, una muestra clara de que el partido no era más que una pachanga fin de curso sin nada relevante en juego. Con ansias de vacaciones para todos.
En el 61, Dawda disparaba desde lejos; y en el 65, en el otro lado, la acción de Íñigo Vicente se iba fuera rozando el palo. El mismo protagonista sí marcaba el cuarto de la tarde en el 72, aprovechándose del enésimo error infantil de los centrales del Cádiz.
El quinto no llegó poco después, en el minuto 77, gracias a un avispado Juan Díaz; y en el 79, anulado por fuera de juego. Susto que precedía a la entrada en el campo de Diakité por Álex, despedido con honores por un inusual pasillo. El encuentro, a estas alturas, ya no era ni pachanga, entrando también Jorge More y el canterano Pablo Arana por Pelayo y De la Rosa. Y tras dos minutos de descuento, el árbitro pitó, El Sardinero empezó su merecida celebración del ascenso, y el cadismo suspiró… al fin se acaba este agónico suplicio.
UN FRACASO SIN PALIATIVOS
Un Cádiz que pese a salvar la categoría, presenta unos números que retratan y sacan los colores a un fracaso de temporada, se mire como se mire, en la que se mereció bajar a Primera Federación, pero los de más abajo lo impidieron: 43 puntos en total (lejos de esos 50 puntitos que se ponían como reto mínimo a principios de campaña), que se traducen en 11 victorias, 10 empates y 21 derrotas, anotando 41 goles a favor y encajando 61 en contra.
En la primera vuelta, cuando se luchaba en la zona alta de la clasificación, todo un espejismo, se cosecharon más puntos de los merecidos (todo el cadismo veía que este equipo no jugaba a nada), y en la segunda vuelta se han arañado apenas nueve puntos de los 63 en juego (tres empates y dos victorias), la cruda realidad de este plantel que en la gran mayoría de partidos, cuando ganaba y cuando se acostumbró a perder, ha sido superado por cualquier rival.
Como ya ha dejado claro Idiakez, toca hacer autocrítica entre los que mandan en el club para que una temporadita como esta no se vuelva a repetir, y no solo en lo deportivo, también y no menos importante en lo institucional. Pero lo peor es que la anterior campaña no fue mucho mejor, precedida del descenso de Primera. La desganada afición está harta de Vizcaíno, Contreras, Cala… pero también de unos jugadores sin nivel y de otros que lo tienen pero por lo que sea ni están motivados ni cuajan.
Porque se puede perder y perder, compitiendo o dando vergüenza ajena. Y demasiadas veces en los últimos meses, este Cádiz eligió lo segundo. DIARIO Bahía de Cádiz












