CRÓNICA JORNADA 30. El Cádiz, en el regreso de Sergio González a su banquillo, logró una esperada victoria que acaba con la nefasta racha de este inicio de segunda vuelta y que condujo a la destitución de Gaizka Garitano.
El equipo se mostró menos enclenque y moralmente con más ganas, y pese a que realmente solo jugó durante los primeros quince minutos, en los que anotó los dos goles, pasó pocos apuros frente a un Mirandés cabezón, pero con escasa calidad y poco acertado. Incluso los amarillos pudieron haber conseguido algún gol más, pero el nivel hoy es el que hay.
Y Sergio tampoco es que plantease muchas novedades en la alineación inicial. La principal fue la presencia de Yussi Diarra en el enganche con el único ariete, García Pascual, así como David Gil repitiendo titularidad por segunda jornada seguida. No se explica mucho este cambio de portero, teniendo en cuenta el rendimiento que estaba ofreciendo Víctor Aznar, al que no se puede considerar para nada uno de los culpables de la situación de los gaditanos.
A los cinco minutos en una salida de su área el cancerbero madrileño, que hizo un gran encuentro, se resbaló y pudo causar una debacle, pero sorprendentemente, en la siguiente jugada una efectiva combinación por la derecha entre Iza y Ortuño acababa con un centro del alicantino que Brian convirtió en el primer tanto del partido.
Hasta ese momento no había ocurrido nada, cuando en encuentros anteriores a estas alturas el rival ya habría acogotado al Cádiz en su área. Tres minutos después, fue un extraño pase largo de Recio el que dejó a Diarra solo delante del portero para convertir el segundo tanto de los amarillos. En diez minutos iban 0-2.
Con este inicio se constató que la aportación más importante de Sergio hasta ese momento era en el plano anímico. Los jugadores tenían otro color en la cara, mostraban algo parecido a la confianza, correteaban por el campo como cervatillos primaverales y no como si fueran siempre cuesta arriba con el levante en contra. De todas formas, son como son y hay que quererlos así. Al cuarto de hora del partido se produjo el tradicional fallo clamoroso de Jorge More que resolvió Gil con una fantástica parada con el pie ante un delantero rival, también hay que decirlo, más torpe que la política exterior de Donald Trump.
Este cambio de actitud mostrado por los jugadores hace reflexionar sobre qué parte de la pesadumbre anterior era causada por la presión ante los resultados, las buenas actuaciones de los rivales o la baja forma física, y qué parte estaba causada por los deseos ocultos de la plantilla de cambiar de jefe por los motivos que sea, y que solo ellos saben pero que todos suponemos viendo las ruedas de prensa del entrenador vasco.
Lo cierto es que, pese a esa recobrada alegría de vivir, el equipo jugaba a algo bastante parecido a la nada. Pero se puede entender, ya que si se acaban de levantar del lecho de muerte tampoco es que se vayan a poner a bailar la lambada el primer día. Aún así, es para destacar que a la media hora del partido el Cádiz todavía no había perpetrado ninguno de esos centros inútiles al área desde zonas sin peligro que constituían la única baza ofensiva del equipo en los últimos días de Garitano. Se ve que Sergio ha prohibido eso.
La defensa tampoco estaba muy segura, pero al menos resolvía al pelotazo los tenues ataques del Mirandés. El centro del campo en realidad no existía, ya que los pases iban directamente de atrás hacia la delantera casi sin pasar por la sala de máquinas, y arriba García Pascual como siempre estaba trabajador.
Como bloque, los amarillos estaban más centraditos que en las últimas jornadas, subiendo y bajando por el campo con orden y diligencia. Con esta disposición, y la blandura de los locales, a falta de diez minutos para el descanso Pereira, Brian y otra vez García Pascual tuvieron opciones más o menos claras para anotar el tercero. Aunque en el tramo final de la primera parte fue el Mirandés el que se hizo con el peso del juego e intentó acercarse a la portería de David Gil, aunque con poca gracia y con menos acierto.
EL MIRANDÉS NO ES EL MILÁN
La segunda mitad arrancó con los amarillos más encarajotados. El Mirandés estaba mejor plantado que antes en el campo y perfilaba jugadas con peligro de manera que a los diez minutos el meta visitante ya había salvado dos goles. Por el lado cadista, Ocampo empezó a hacer la guerra por su cuenta y el equipo, en general, se desordenó, se puso nervioso y empezó a ceder al ímpetu de los rojillos.
En el minuto 65, mientras David Gil era atendido para vendarle un dedo descompuesto, abandonaron el verde el uruguayo y García Pascual y entraron en su lugar Dawda y Joaquín. Ese parón para atender a su portero vino bien al equipo amarillo, ya que detuvo la inercia que llevaba el Mirandés.
Pese a todo, los de la Tacita seguían dejándose ir, viendo a sus rivales intentarlo y confiando más de lo conveniente en que no iban a tener acierto. En cuanto a atacar el marco rival, al poco de salir Dawda a jugar tuvo una ocasión desde la derecha que, como es habitual, tiró fuera. En la otra portería, Gil tuvo que hacer otra parada de mérito a un centro que se metía en la portería a falta de un cuarto de hora para el final.
El choque en su tramo final era un monólogo del Mirandés que, gracias a lo que sea, no es el Milán de los holandeses. Para evitar males mayores, Sergio sacó del campo a Suso e Iza y metió a Caicedo y a Kovacevic. El balcánico volvía a los campos tras su larga lesión, lo cual es una noticia muy positiva desde todos los puntos de vista. Suso no estuvo mal, pero tampoco bien. Uno cabría esperar que fuera un jugador más diferencial e importante en el esquema del equipo, pero siempre se queda en un quiero y no puedo. Voluntarioso, pero sin resultado. Como un puchero sin papas.
Más tarde, De la Rosa sustituyó a Diarra, que no destacó pero tampoco estuvo mal. Tuvo una actuación funcional, como las papas del puchero.
Casi al final, Joaquín en un contraataque pudo haber marcado el tercer gol. Pese a los intentos de los locales, era evidente que no daban para más y con relativa comodidad los amarillos iban dejando morir el partido. En este punto, uno se acuerda del partido del Racing o el del Sporting, donde se terminaba sufriendo pese a las cómodas ventajas en el marcador.
MEJORÍA MÁS EN LA ACTITUD QUE EN EL JUEGO
Así, la vuelta de técnico catalán al banquillo cadista se salda con una victoria que rompe la horripilante dinámica que llevaba este Cádiz. La mejoría, más que en el juego, se ha presentado en la actitud y el ánimo de los jugadores, si bien también se han eliminado algunos vicios deplorables que presentaba el equipo.
Aun así queda mucho margen para mejorar y ser un equipo fiable y ganador. Seguir en esta línea nos podrá llevar a terminar la liga en un aburrido limbo viendo como se lo pasan bomba los que luchan por subir y como sufren los que luchan por no bajar. Pero tal como se planteaba el futuro con Garitano en el banquillo, esto es como clasificarnos para la Champions.
Lo que sí sería necesario es aprovechar este largo final de temporada para planificar la próxima con inteligencia de manera que, en el verano de 2027, se pueda estar al menos en disposición de luchar por el ascenso. DIARIO Bahía de Cádiz
















