Llevo un tiempo haciendo Crossfit o, al menos, eso es lo que yo creo. Es un deporte duro que requiere concentración, esfuerzo y constancia, que te absorbe, pero que saca lo mejor de ti, además desfogarte.
Suelo ir a las 7 de la mañana, lo que implica que me levanto a las 6, y mi día ya empieza con un sonido mental que me dice: “¡Café, 3, 2, 1… ¡Bip!”. Se acabó el Rest Day, a por la lucha diaria.
Todo comienza con un Warm-Up (Calentamiento) aún en la cama, ya me he despertado pero aún no ha sonado la alarma, se podría decir que el espacio de tiempo en el que soy negacionista de la verdadera hora que es, hago pequeños movimientos horizontales sobre somier de 150 por 190, poniéndome boca abajo y boca arriba en varias ocasiones, un poquito de Hollow con los brazos en Overhead hacia el cabecero, intentando llevar las piernas al pecho, para terminar con la postura de Superman, estirando la punta de los pies y haciendo un “bostezo push”, la verdad es que no me explico cómo no tengo los abdominales marcados, si la practico a diario.
Comienzo el bloque de fuerza Strength llegando hasta el armario, buscando mi RM (One Repetition Maximum) con ese pantalón vaquero que me quedaba perfecto antes del verano. Me siento en la cama sin forzar las lumbares, ajusto la postura, suelto el aire del abdomen y me lanzo a meter las dos piernas conteniendo la respiración, la cintura no cede, el porcentaje de carga de cervezas del verano ha estado claramente por encima de mis posibilidades, así que tiro de cuádriceps, bloqueo las rodillas y ejecuto un Sumo Deadlift High Pull textil.
Me dispongo a terminar el ejercicio con un Clean & Jerk, jalando de las costuras del pantalón que se han quedado bloqueadas en los tobillos, metiendo barriga e intentando subirme la cremallera rollo “estricto”, con el fin de lograr abrocharme el pantalón, pero en ese momento entra mi mujer en el dormitorio, taza de café en mano, cual juez más duro de los Crossfit Games y canta: “¡No Rep!” (¿dónde va con eso cariño, si ya no te cabe?).
Despertarme es una consecución de 2 EMOM (Every Minute On the Minute) de 5 minutos, usando el tiempo restante para frotarme los ojos y resoplar, sintiendo pena de mi existencia. Minuto uno, apagar la alarma sin despertar a todo quisqui; Minuto dos, salir de la cama sin “ver un carajo”; Minuto tres, intentar no chocarme con lo que haya por medio al levantarme; Minuto cuatro, encontrar las zapatillas sin éxito y salir descalzo; Minuto cinco, llegar hasta la cocina, preparar una cafetera italiana conteniendo las ganas de mear, volver a buscar las zapatillas, escuchar el “chof-chof” del brebaje de los dioses y REST (descanso).
El segundo EMOM también es de 5 minutos, yo siempre trato de hacerlo en RX, antes de que suenen las 25 millones de alarmas que pone mi mujer, y consiste en: Minuto uno, poner la segunda cafetera, esta ya es para dos, por lo que supone mayor complejidad; Minuto dos; lavarme la cara sin mancharlo todo; Minuto tres, preparar los bocatas del colegio para mis hijos; Minuto cuatro; mirar la hora exclamando: “¡Ya son menos cuarto, joé!”; y minuto cinco, despejar la X de la ecuación “cómo me llamo, qué día es hoy”. Al final, termino haciendo un SCALED, adaptado a mi nivel de somnolencia.
me levanto a las 6, y mi día ya empieza con un sonido mental que me dice: “¡Café, 3, 2, 1… ¡Bip!”. Se acabó el Rest Day, a por la lucha diaria
Lo que me temía, el WOD de hoy en el curro es un AMRAP, As Many Reports As Possible, antes de que venza el plazo límite, mi jefe me lanza una tarea urgente y dispongo de sesenta segundos de relativa calma antes de que recibir el siguiente correo con otra actividad prioritaria, en el que debo llegar hasta las 100 repeticiones haciendo exactamente lo mismo, pero para distintos departamentos que no han consolidado la información entre ellos.
Mi éxito radica en hacerlo todo en RX, aunque me provoque un poquito de ansiedad, ahí viendo pasar el tiempo, como cantan Ana Belén y Víctor Manuel, con los KPI que vienen dados por los que viven cerca de la Puerta de Alcalá (mírala).
La pizarra laboral marca la estrategia del WOD, se trata de 3 rondas de Thrusters con Excels infinitos, me siento con fuerza y bajo a sentadilla profunda de desesperación al ver que una de las fórmulas no se calcula bien, y en un alarde de mi capacidad de empuje vertical sobre la cabeza Push Press, miro al frente y arriba, refrescando las variables del mismo, para no entrar en fallo muscular analítico.
A primera hora de la tarde, intento advertir a mis compañeros que ya no me caben más discos en la barra, y que tampoco tengo el body para un sprint, que me siento con las piernas y los brazos cargados como para ver a un cliente que está a 150 km de distancia, y que con el Apple Watch sin batería, no estoy para muchas mierdas.
A las siete de la tarde, paro un momento a refrescarme y beber agua, con los ojos ensangrentados y las pulsaciones disparadas, me doy cuenta de que el Time Cap está llegando a su fin y aún me quedan 200 repeticiones de Snatch a una mano con peso de teléfono móvil, respiro hondo y, aunque me gustaría tener la suficiente potencia de agarre como para aplastarlo, me resigno y sigo la rutina, eso sí, esta vez de buen rollo. DIARIO Bahía de Cádiz Vicente Marrufo














