Ahora que se aproxima la celebración de mi natalicio, os confieso que no sé en qué momento los años de cumpleaños se solaparon con el número de facturas que se cargan en mi cuenta, pero si hay algo que tengo claro, es que ser adulto hoy ya no se parece en nada a lo que nos prometieron.
Porque vamos a ser sinceros, nos dijeron que ser adulto era tenerlo todo bajo control, y aquí estamos, con hijos, trabajo, responsabilidades, y sin saber aún si la ropa blanca se lava mejor con agua fría o caliente.
Cada vez tengo más claro que la definición de adulto que me persigue ya no encaja en ese hombre serio, con camisa planchada, decisiones firmes y una agenda ordenada, porque bien puedo estar a las 10 de la mañana en una reunión importante y aprovechar el ‘Coffee Break’, para buscar: “cómo eliminar manchas de plastilina seca de los asientos del coche”.
Así, esta semana he decidido dar un paso más en mi proceso de maduración personal. No porque quiera, que conste, sino porque empiezo a notar que la gente me mira esperando algo de mi… como criterio, sensatez o, peor aún, consejos. Por eso, he llegado a una conclusión, si no sé ser adulto, al menos voy a aparentarlo, porque una cosa es no madurar, y otra muy distinta, es que se note.
he llegado a una conclusión, si no sé ser adulto, al menos voy a aparentarlo, porque una cosa es no madurar, y otra muy distinta, es que se note
De este modo, esperando que a ti también te ayude, ahí va: Las 10 indispensables para aparentar ser adulto.
1. Dominar el arte de asentir en silencio
He descubierto que el adulto no siempre tiene la razón, pero lo parece, el truco está en fruncir el ceño cuando te hablan, callado y moviendo la cabeza de delante hacia atrás como si le dijeses al que te ha instalado el termo que quieres pagar el IVA.
2. Quejarse por el precio de todo
Este es un básico, no hay adulto que no lo haga. Para ello, es requisito esencial usar frases como: “esto costaba antes la mitad”, “pues a mí, la sesión golfa del cine del Campo del Sur me costaba 150 pesetas” o “¿de qué están hechos esos tomates, de oro?”.
3. Hacer cosas aburridas, pero contarlas con orgullo
Ir a comprar una almohada nueva, comparar los servicios de redondeo de la cuenta bancaria o soltar cosas del tipo: “pues al final, me decidí a cambiar la puerta de la alacena”. Cuando las sueltas, te miran raro, sí, pero con respeto.
4. Tener siempre una opinión sobre la actualidad
Antes yo decía: “Ni idea”. Ahora digo: “El problema es la base”. No sé cuál es la base, ni el problema exactamente, pero me funciona en política, educación, en reuniones de trabajo y hasta en el supermercado.
5. Hablar de mi cuerpo como si fuera un coche viejo
Aquí, por lo que sea, me salen los argumentos sin pensarlos demasiado. “Pues necesito ir al Fisio”, “me duele tela la espalda”, “hoy tengo el cuello cargado”, son algunos de los mensajes que se pueden transmitir, independientemente de la hora que sea, siempre calan hondo.
6. Decir que haces las cosas por salud, y no por estética
La verdad es que a mí me va muy bien este: “Hay un momento en que haces ejercicio por salud, no para ponerte fuerte”, “yo me tomo la creatina porque tiene muchos beneficios corporales y cognitivos”, “¡desde que no bebo cerveza, me encuentro mucho mejor!”
7. Soltar de vez en cuando: “No me compensa”
Este es un clásico, de cuando no tienes ganas de algo, o simplemente de vivir, y no sabes cómo decirlo:
– Oye, vamos a Villaluenga a comprar queso este fin de semana.
– A mí es que no me compensa, la tienda que está debajo de mi casa los trae muy buenos
¡Mentira!, tú lo que no tienes es ganas.
8. Usar palabras que no usabas antes
El adulto no tiene “problemas”, tiene “temitas que resolver”. El adulto no sale a la calle a tomarse una cerveza, sale a la calle para “hacer unas gestiones”.
9. Cuidar la imagen sin renunciar a mi estilo
La verdad es que no sé cuál mi estilo, ni tampoco cuidar mi imagen, así que me lo salto
10. Llevar siempre algo “de adulto” encima
Yo aún no he dado el salto al completo, pero he comenzado a llevar una grajea de paracetamol en el coche “por si acaso”, un cargador “extra”, incluso tengo una carpeta con papeles “que nunca abro”.
Y estos son los apuntes, según mi parecer, no para ser adulto, sino aparentarlo.
No me quiero despedir sin antes mandar un mensaje de tranquilidad a mi grupo, sobre todo a los que no sabemos si se nos pasó el arroz o si aún estamos en remojo, y es que una cosa tengo clara, los adultos que parecen más seguros, probablemente ensayaron antes. Un abrazo. DIARIO Bahía de Cádiz













