En El extranjero (The Outsider) H.P. Lovecraft nos sitúa ante un narrador, el protagonista del relato, que vive recluido en un castillo oscuro sin noticias del mundo exterior. Apartado de una normalidad que no comprende y que además desconoce. Y viceversa. No se nos detalla nada referente al mismo, edad, identidad, ni tan siquiera su nombre. En un momento dado cruza el umbral de su cotidianidad adentrándose en las sombras de la cotidianidad del resto. Un aroma a tragedia impregna la escena, aunque sin ser consciente de ello.
Al intentar traspasar la frontera hacia el universo luminoso de los otros, provoca pánico y rechazo de manera instantánea, produciéndose el brutal impacto contra la cruda realidad, que no es otra que la asimilación de su propia otredad. ¿En cuántas ocasiones Ceuta se siente igual con respecto, no solo al resto de España sino con la totalidad, de la Unión Europea? El aislamiento infinito.
La actual crisis migratoria es la simple constatación de que Marruecos se muestra incapaz de proporcionar un futuro a su pueblo más allá de migrar. Lejos de sentirnos continuamente agredidos deberíamos fijar la mirada en la vergüenza que supone este hecho para cualquier país, y más si hablamos del más poderoso de los de África.
Y hablando de provocar vergüenza, no existe mayor que agredir cobardemente a personas inocentes y desarmadas, que lo único que portan son unas bolsas de plástico con algo de comida. Y eso en el centro de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Imágenes que orgullosamente se difunden por redes sociales. Así no somos. Así no soy y jamás seré.
Paso ahora al magistral Edgar Allan Poe y su Manuscrito hallado en una botella que nos sumerge en la travesía de un narrador anónimo, un hombre de carácter escéptico y racional, ¡otro narrador! Un viajero solitario que tras una fuerte tormenta termina a bordo de un misterioso barco fantasma tripulado por hombres enigmáticos que parecen no percibir su presencia. El navío se ve arrastrado de forma inexorable hacia el Polo Sur, mientras el protagonista se enfrenta a fenómenos inexplicables que desafían su comprensión del mundo. El relato finaliza con la embarcación siendo devorada por un grandioso remolino de dimensiones inimaginables.
no existe mayor vergüenza que agredir cobardemente a personas inocentes y desarmadas, que lo único que portan son unas bolsas de plástico con algo de comida
Podemos apreciar como la inmensa dicotomía del mar siendo frontera y abismo a la par no es lo más aterrador de la historia sino el aderezo ideal al horror del anonimato en la vorágine de la multitudinaria realidad, representando su soledad rodeado de una tripulación fantasma que no lo ve ni lo reconoce, el símbolo primigenio de la vulnerabilidad absoluta.
Como en el anterior ejemplo lovecraftiano, el ser humano a la deriva frente a fuerzas impersonales. La otredad acorralándonos hasta llegar a transformarse en agresiva y destructiva alteridad. Permítanme repetir la cuestión ya planteada: ¿En cuántas ocasiones Ceuta se siente igual con respecto, no solo al resto de España sino con la totalidad, de la Unión Europea? La indiferencia eterna.
Si usted, estimado lector, piensa que hemos estado hablando de Emmanuel Lévinas no va del todo desencaminado. No respondamos a las provocaciones con agresiones y menos a los más débiles o en algún instante comprobaremos la Tercera Ley de Newton (ley física de acción/reacción). Tendamos la mano y sumemos esfuerzos. Aunque con nosotros no lo haga Marruecos.
Recuperando a Soul Etspes: “La pobreza no se erradica con el uso de la violencia, sino con la paciencia, la indulgencia y la solidaridad”. DIARIO Bahía de Cádiz












