Número 5.626 – Año XXIII 18 de octubre de 2026

Ramón Reig

Comuniones

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Durante una estancia en Alemania me enteré de las orientaciones que daba el sacerdote de una pequeña iglesia católica a sus feligreses cuando llegaban estos tiempos de comuniones. Todos los niños deberían acudir ese día con una misma túnica blanca, sencilla, recibir la primera sagrada forma de sus vidas y regresar a casa donde también tendría lugar una celebración austera.

Parece que a algunos andaluces eso no les va y –como harán cuando llegue El Rocío- actuarán por encima de sus posibilidades e ignorarán aquello de “sed sencillos como palomas” (Evangelios). Esto no es nuevo en la Historia –en las tribus primitivas se sigue haciendo algo comparable, se llama potlatch- y a mí –que no me considero católico ni soy creyente- no me importaría si no fuera por las alarmantes noticias que he recibido esta semana y que afectan a niños a los que se divide en buenos y malos, según hayan recibido o no la comunión.

La libertad de pensamiento y religión de hoy día, propicia que en los templos se den cita niños que van a celebrar tan importante día para los católicos, con amiguitos que profesan otras religiones o que incluso ni siquiera están bautizados. Me imagino que –según me enseñaron en el Evangelio- todos son criaturas de Dios y no es positivo escandalizarlos ni discriminarlos. Pero –al menos que yo sepa con seguridad- en un templo se ha leído desde el altar un cuento en el que se divide a los niños de forma maniquea según hayan comulgado o no por primera vez. Digo el pecado pero no los pecadores aunque si es necesario los publicaré porque a mí siempre me ha gustado el código deontológico que el profesor Sanford ideó en Estados Unidos cuando afirma: si denuncias a alguien, hazlo con nombres y apellidos. Lo que ocurre es que no me gusta ir más lejos de lo estrictamente necesario, a menos que me obliguen.

Creo que los nuevos tiempos empujan a los católicos y a todas las religiones a ser prudentes. Es evidente que si los seguidores de cualquier fe están en sus lugares de rezos pueden decir lo que crean oportuno, si alteran o no el mensaje de sus libros sagrados será su problema. Pero hoy nos hallamos en un país aconfesional y laico. ¿Pueden ser prudentes las religiones? Al menos el Evangelio es contradictorio en eso. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, “el que no está conmigo está contra mí”, “sed prudentes como serpientes”. Estas palabras en manos de ortodoxos se desvirtúan, he ahí el peligro. ¿Deben los niños acercarse a Dios pero si previamente están con él? DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

Durante una estancia en Alemania me enteré de las orientaciones que daba el sacerdote de una pequeña iglesia católica a sus feligreses cuando llegaban estos tiempos de comuniones. Todos los niños deberían acudir ese día con una misma túnica blanca, sencilla, recibir la primera sagrada forma de sus vidas y regresar a casa donde también tendría lugar una celebración austera.

Parece que a algunos andaluces eso no les va y –como harán cuando llegue El Rocío- actuarán por encima de sus posibilidades e ignorarán aquello de “sed sencillos como palomas” (Evangelios). Esto no es nuevo en la Historia –en las tribus primitivas se sigue haciendo algo comparable, se llama potlatch- y a mí –que no me considero católico ni soy creyente- no me importaría si no fuera por las alarmantes noticias que he recibido esta semana y que afectan a niños a los que se divide en buenos y malos, según hayan recibido o no la comunión.

La libertad de pensamiento y religión de hoy día, propicia que en los templos se den cita niños que van a celebrar tan importante día para los católicos, con amiguitos que profesan otras religiones o que incluso ni siquiera están bautizados. Me imagino que –según me enseñaron en el Evangelio- todos son criaturas de Dios y no es positivo escandalizarlos ni discriminarlos. Pero –al menos que yo sepa con seguridad- en un templo se ha leído desde el altar un cuento en el que se divide a los niños de forma maniquea según hayan comulgado o no por primera vez. Digo el pecado pero no los pecadores aunque si es necesario los publicaré porque a mí siempre me ha gustado el código deontológico que el profesor Sanford ideó en Estados Unidos cuando afirma: si denuncias a alguien, hazlo con nombres y apellidos. Lo que ocurre es que no me gusta ir más lejos de lo estrictamente necesario, a menos que me obliguen.

Creo que los nuevos tiempos empujan a los católicos y a todas las religiones a ser prudentes. Es evidente que si los seguidores de cualquier fe están en sus lugares de rezos pueden decir lo que crean oportuno, si alteran o no el mensaje de sus libros sagrados será su problema. Pero hoy nos hallamos en un país aconfesional y laico. ¿Pueden ser prudentes las religiones? Al menos el Evangelio es contradictorio en eso. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, “el que no está conmigo está contra mí”, “sed prudentes como serpientes”. Estas palabras en manos de ortodoxos se desvirtúan, he ahí el peligro. ¿Deben los niños acercarse a Dios pero si previamente están con él? DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

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