Número 5.621 – Año XXIII 9 de octubre de 2026

Opinión

Intrusismo en periodismo

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Una destacada periodista de la Cadena SER afirmó esta semana pasada en unas jornadas que sobre la radio se desarrollaron en la Facultad de Comunicación de Sevilla, que no veía con malos ojos el hecho de que un arquitecto o un ingeniero ejercieran funciones propias de periodista sin haber sido preparados para ello, sólo porque se les daba bien el asunto. Lo que no aclaró es si, igualmente, le parecería bien que un periodista ejerciera de arquitecto o ingeniero. El enemigo de la profesión periodística lo tenemos dentro de la profesión misma.

He escuchado afirmaciones semejantes en boca de profesores que se supone que están preparando para ejercer a futuros periodistas y profesionales de la comunicación en general. Acuden a un argumento, sobre todo: la constitución consagra el derecho a difundir información a todos los españoles. Pero olvidan que proyectar información es una cosa y ejercer el periodismo es otra. Los medios de comunicación se están llenando de aficionados a desahogarse y a ver sus nombres en cualquier sitio, hay diarios elaborados por blogueros y la opinión de unos y de otros prima por doquier sin tener ni conocimientos ni curriculum para ejercerla con esa alegría.

Aquí todo el mundo es periodista, hay profesiones que la gente se cree que se pueden ejercer porque están al alcance de cualquiera: periodista, historiador, psicólogo, maestro… Aún tenemos en la cabeza eso de que las carreras de ciencias son las difíciles y las de letras son las fáciles, para niñas, son las carreras amariconadas. Esto viene –como mínimo- de los años cincuenta y sesenta cuando dos potentados casaban a sus hijos y uno aportaba al varón que era ingeniero o médico o abogado y el otro a la hembra que tenía la carrera de Filosofía y Letras o de maestra pero que, por supuesto, cuando se consumara el casamiento lo dejaría todo para dedicarse a las tareas del hogar y a ponerle las zapatillas al guerrero al regreso de sus tribulaciones laborales diarias.

Aunque mis lectores ya lo saben, quiero recordarles que el mundo mediático está repleto de unos intereses –a veces bastardos- que acaso no se tiene ni idea de hasta dónde llegan porque una cosa es decir que los medios manipulan y otra estar analizándolo durante veinticinco años, como es mi caso. Y todo eso y mucho más debe estudiarse no sólo en la universidad sino en el colegio y en el instituto y lo deben saber al dedillo los periodistas bien formados, de ahí que sea imprescindible que existan y se impulsen centros especializados en los estudios sobre la comunicación en general y el periodismo en particular.

Cada año terminan sus estudios en España unos seis mil nuevos titulados en periodismo de los que el mercado absorbe un diez por ciento, aproximadamente y de manera precaria, por lo general. Pues nada, que entren además los ingenieros y los arquitectos a ejercer también y el tendero de la esquina y el que reparte el butano, aquí hay trabajo para todos. Las organizaciones profesionales de periodistas –colegios, asociaciones, sindicatos- no se cansan de denunciar el intrusismo pero no tienen poder para echar a la calle a unos auténticos topos que escarban dentro del propio oficio para hacerle daño ni a esos otros que se dedican al espectáculo y lo hacen pasar por periodismo ni a los que les ha dado por llamar periodismo al adoctrinamiento y el entretenimiento ni a los que anuncian productos de consumo.

Y es que la profesión de periodista ni siquiera existe oficialmente, no se ha legislado aún con toda claridad y de forma específica qué es un periodista, de ahí que una periodista pueda tener la poca vergüenza de colocarse frente a trescientos estudiantes de periodismo y les diga con toda tranquilidad que un arquitecto o un ingeniero también pueden ejercer como periodistas. Y lo peor es que ninguno de los presentes se levantó para darle unos toques dialécticos a la colega y decirle que se fuera con su canción a cantársela a los receptores de la Cadena SER que son legión pero no por eso los mejores oyentes porque la cantidad con frecuencia está reñida con la calidad. DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

paraOPINIONmasarticulosramonreig


Una destacada periodista de la Cadena SER afirmó esta semana pasada en unas jornadas que sobre la radio se desarrollaron en la Facultad de Comunicación de Sevilla, que no veía con malos ojos el hecho de que un arquitecto o un ingeniero ejercieran funciones propias de periodista sin haber sido preparados para ello, sólo porque se les daba bien el asunto. Lo que no aclaró es si, igualmente, le parecería bien que un periodista ejerciera de arquitecto o ingeniero. El enemigo de la profesión periodística lo tenemos dentro de la profesión misma.

He escuchado afirmaciones semejantes en boca de profesores que se supone que están preparando para ejercer a futuros periodistas y profesionales de la comunicación en general. Acuden a un argumento, sobre todo: la constitución consagra el derecho a difundir información a todos los españoles. Pero olvidan que proyectar información es una cosa y ejercer el periodismo es otra. Los medios de comunicación se están llenando de aficionados a desahogarse y a ver sus nombres en cualquier sitio, hay diarios elaborados por blogueros y la opinión de unos y de otros prima por doquier sin tener ni conocimientos ni curriculum para ejercerla con esa alegría.

Aquí todo el mundo es periodista, hay profesiones que la gente se cree que se pueden ejercer porque están al alcance de cualquiera: periodista, historiador, psicólogo, maestro… Aún tenemos en la cabeza eso de que las carreras de ciencias son las difíciles y las de letras son las fáciles, para niñas, son las carreras amariconadas. Esto viene –como mínimo- de los años cincuenta y sesenta cuando dos potentados casaban a sus hijos y uno aportaba al varón que era ingeniero o médico o abogado y el otro a la hembra que tenía la carrera de Filosofía y Letras o de maestra pero que, por supuesto, cuando se consumara el casamiento lo dejaría todo para dedicarse a las tareas del hogar y a ponerle las zapatillas al guerrero al regreso de sus tribulaciones laborales diarias.

Aunque mis lectores ya lo saben, quiero recordarles que el mundo mediático está repleto de unos intereses –a veces bastardos- que acaso no se tiene ni idea de hasta dónde llegan porque una cosa es decir que los medios manipulan y otra estar analizándolo durante veinticinco años, como es mi caso. Y todo eso y mucho más debe estudiarse no sólo en la universidad sino en el colegio y en el instituto y lo deben saber al dedillo los periodistas bien formados, de ahí que sea imprescindible que existan y se impulsen centros especializados en los estudios sobre la comunicación en general y el periodismo en particular.

Cada año terminan sus estudios en España unos seis mil nuevos titulados en periodismo de los que el mercado absorbe un diez por ciento, aproximadamente y de manera precaria, por lo general. Pues nada, que entren además los ingenieros y los arquitectos a ejercer también y el tendero de la esquina y el que reparte el butano, aquí hay trabajo para todos. Las organizaciones profesionales de periodistas –colegios, asociaciones, sindicatos- no se cansan de denunciar el intrusismo pero no tienen poder para echar a la calle a unos auténticos topos que escarban dentro del propio oficio para hacerle daño ni a esos otros que se dedican al espectáculo y lo hacen pasar por periodismo ni a los que les ha dado por llamar periodismo al adoctrinamiento y el entretenimiento ni a los que anuncian productos de consumo.

Y es que la profesión de periodista ni siquiera existe oficialmente, no se ha legislado aún con toda claridad y de forma específica qué es un periodista, de ahí que una periodista pueda tener la poca vergüenza de colocarse frente a trescientos estudiantes de periodismo y les diga con toda tranquilidad que un arquitecto o un ingeniero también pueden ejercer como periodistas. Y lo peor es que ninguno de los presentes se levantó para darle unos toques dialécticos a la colega y decirle que se fuera con su canción a cantársela a los receptores de la Cadena SER que son legión pero no por eso los mejores oyentes porque la cantidad con frecuencia está reñida con la calidad. DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

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