Número 5.632 – Año XXIII 26 de octubre de 2026

Opinión

Chantajes emocionales

lectura flash
Añádenos en Google


Septiembre es un nuevo periodo de exámenes en la universidad. Comienza también una época de intentos de chantajes emocionales con los profesores, sobre todo con los que impartimos clase en el último curso de un grado o licenciatura. Me imagino que algo parecido –o peor- ocurrirá en las enseñanzas medias.

En la universidad no debe entrar todo el mundo pero hasta ahora ha sido rentable políticamente. Abrir universidades públicas no suele responder a razones científicas sino políticas: si pongo una universidad en cada lugar poblado o relativamente poblado me puedo ganar el voto de los alumnos y de sus familiares. La democracia se ha convertido en un cálculo de votos y dar concesiones a los segmentos más numerosos, a los que luego traicionan si los que mandan lo mandan; es un negocio, en el fondo, de manera similar a lo que hacen las industrias farmacéuticas: si la enfermedad afecta a muchos y hay dividendos a la vista, buscamos remedio, adelante. Los demás, que se jodan con sus dolencias. Y si interviene el estado eso es inadmisible, competencia desleal en una economía libre de mercado que es falsa.

Aún así, en España todavía estamos bien en esto de universidades de calidad (aunque mal planificados) porque en Estados Unidos y en América Latina existen universidades o similares casi como aquí academias de esto o de lo otro. La mayoría de universidades de por allá son universidades “patito” como las llaman en Latinoamérica, es decir, centros donde incluso algunos políticos han llegado a comprar sus títulos como en la Edad Moderna vendía la Iglesia obispados a las familias adineradas para engordar sus arcas (las de la Iglesia, me refiero).

Sobre todo en septiembre, alumnos que no deberían estar en la universidad y que han pasado olímpicamente de esforzarse por aprobar la asignatura que le impartes, se sientan frente al profesor en las horas de revisión de exámenes y lloran y moquean como bebés y comienzan a lanzar argumentos emocionales sencillamente para que les regales el aprobado. Tampoco les importa corromperse y que les hagas agravios comparativos a sus compañeros, el chantajista te propone que le pongas otro examen fuera de los oficiales, que le encargues trabajos adicionales, todo con tal de llevarse el gato al agua. Te dice que es la última asignatura que le queda para terminar la carrera, que el suspenso le va a fastidiar un máster al que debe entrar con la carrera aprobada, que no puede gastarse más dinero en matrículas porque están muy caras…

En fin, actúa como lo ha hecho toda su vida frente a otras personas, comenzando por sus padres. Por ahora le había salido bien, puede que incluso hasta logre que su mamá o su papá llamen al profesor por teléfono o acudan con él o ella a la revisión de su examen para aumentar la presión sobre el docente. Parece como si fuera el profesor quien lo ha suspendido y en lugar de asumir sus responsabilidades como una persona madura y académica se convierte en una plañidera o en un niño que no ha conseguido que le compren la piruleta.

En no pocos centros privados, desde la dirección presionarán al profesor para que lo apruebe porque no ven al chantajista como tal sino como un cliente que ha pagado. El profesor resulta desautorizado con lo que eso conlleva con el paso de los años. Los políticos -sobre todo de la izquierda- también ven un cliente electoral en el chantajista mal estudiante y le otorgan facilidades mediante multitud de derechos y planes de estudios blanditos que se derivan asimismo de unos supuestos principios igualitarios y no discriminatorios de una falsa ética de izquierdas. La ética de izquierdas aplicada por quienes no han leído nada o casi nada sobre el tema.

La autoridad profesoral también sale malparada y al final acaban venciendo los pillos y los mediocres que además son listos y con su picaresca van acaparando puestos en la vida y el resultado es un país lleno de mediocres y de profesores que al final se deprimen y están deseando jubilarse y les dicen a los chantajistas mediocres: anda, niño, toma la piruleta y déjame en paz. Mientras, los buenos estudiantes, con sus notas brillantes y su saber, toman el camino de la emigración y enriquecen con su trabajo a otros países.

A la pequeña historia que acabo de narrar se le llama populismo y tiene nombres propios detrás: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy (que goza de la oportunidad de acabar con eso), Susana Díaz, Izquierda Unida… Y ahora quién sabe si Podemos o el nuevo dirigente del PSOE, ese señor que utiliza el concepto de populismo tan despectivamente para aplicárselo a Podemos, un tal Pedro Sánchez que a mí me parece un Zapatero corregido y aumentado. DIARIO Bahía de Cádiz

paraOPINIONmasarticulosramonreig


Septiembre es un nuevo periodo de exámenes en la universidad. Comienza también una época de intentos de chantajes emocionales con los profesores, sobre todo con los que impartimos clase en el último curso de un grado o licenciatura. Me imagino que algo parecido –o peor- ocurrirá en las enseñanzas medias.

En la universidad no debe entrar todo el mundo pero hasta ahora ha sido rentable políticamente. Abrir universidades públicas no suele responder a razones científicas sino políticas: si pongo una universidad en cada lugar poblado o relativamente poblado me puedo ganar el voto de los alumnos y de sus familiares. La democracia se ha convertido en un cálculo de votos y dar concesiones a los segmentos más numerosos, a los que luego traicionan si los que mandan lo mandan; es un negocio, en el fondo, de manera similar a lo que hacen las industrias farmacéuticas: si la enfermedad afecta a muchos y hay dividendos a la vista, buscamos remedio, adelante. Los demás, que se jodan con sus dolencias. Y si interviene el estado eso es inadmisible, competencia desleal en una economía libre de mercado que es falsa.

Aún así, en España todavía estamos bien en esto de universidades de calidad (aunque mal planificados) porque en Estados Unidos y en América Latina existen universidades o similares casi como aquí academias de esto o de lo otro. La mayoría de universidades de por allá son universidades “patito” como las llaman en Latinoamérica, es decir, centros donde incluso algunos políticos han llegado a comprar sus títulos como en la Edad Moderna vendía la Iglesia obispados a las familias adineradas para engordar sus arcas (las de la Iglesia, me refiero).

Sobre todo en septiembre, alumnos que no deberían estar en la universidad y que han pasado olímpicamente de esforzarse por aprobar la asignatura que le impartes, se sientan frente al profesor en las horas de revisión de exámenes y lloran y moquean como bebés y comienzan a lanzar argumentos emocionales sencillamente para que les regales el aprobado. Tampoco les importa corromperse y que les hagas agravios comparativos a sus compañeros, el chantajista te propone que le pongas otro examen fuera de los oficiales, que le encargues trabajos adicionales, todo con tal de llevarse el gato al agua. Te dice que es la última asignatura que le queda para terminar la carrera, que el suspenso le va a fastidiar un máster al que debe entrar con la carrera aprobada, que no puede gastarse más dinero en matrículas porque están muy caras…

En fin, actúa como lo ha hecho toda su vida frente a otras personas, comenzando por sus padres. Por ahora le había salido bien, puede que incluso hasta logre que su mamá o su papá llamen al profesor por teléfono o acudan con él o ella a la revisión de su examen para aumentar la presión sobre el docente. Parece como si fuera el profesor quien lo ha suspendido y en lugar de asumir sus responsabilidades como una persona madura y académica se convierte en una plañidera o en un niño que no ha conseguido que le compren la piruleta.

En no pocos centros privados, desde la dirección presionarán al profesor para que lo apruebe porque no ven al chantajista como tal sino como un cliente que ha pagado. El profesor resulta desautorizado con lo que eso conlleva con el paso de los años. Los políticos -sobre todo de la izquierda- también ven un cliente electoral en el chantajista mal estudiante y le otorgan facilidades mediante multitud de derechos y planes de estudios blanditos que se derivan asimismo de unos supuestos principios igualitarios y no discriminatorios de una falsa ética de izquierdas. La ética de izquierdas aplicada por quienes no han leído nada o casi nada sobre el tema.

La autoridad profesoral también sale malparada y al final acaban venciendo los pillos y los mediocres que además son listos y con su picaresca van acaparando puestos en la vida y el resultado es un país lleno de mediocres y de profesores que al final se deprimen y están deseando jubilarse y les dicen a los chantajistas mediocres: anda, niño, toma la piruleta y déjame en paz. Mientras, los buenos estudiantes, con sus notas brillantes y su saber, toman el camino de la emigración y enriquecen con su trabajo a otros países.

A la pequeña historia que acabo de narrar se le llama populismo y tiene nombres propios detrás: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy (que goza de la oportunidad de acabar con eso), Susana Díaz, Izquierda Unida… Y ahora quién sabe si Podemos o el nuevo dirigente del PSOE, ese señor que utiliza el concepto de populismo tan despectivamente para aplicárselo a Podemos, un tal Pedro Sánchez que a mí me parece un Zapatero corregido y aumentado. DIARIO Bahía de Cádiz

paraOPINIONmasarticulosramonreig

COMENTARIOS 7