CRÓNICA JORNADA 41. Penúltima oportunidad para salvar una interminable, penosa, horripilante y humillante campaña para los cadistas. El estadio Nuevo Mirandilla con todo el papel vendido (casi 18.000 personas, y recibimiento masivo ¿merecido? al equipo) se abría en una tarde de domingo de levantera, con horario unificado (como antaño y ojalá siempre), a la visita de un Leganés recién descendido de Primera al que le bastaba un punto para certificar su también agónica permanencia.
Y en frente, un Cádiz que debía pensar solo en ganar por fin en casa (tras toda la segunda vuelta sin saber qué es eso), nada de especular pendiente de otros campos y de la calculadora, para no tener que ir a jugarse las papas en la fiesta fin de liga del líder y campeón de Segunda, en el Sardinero.
En la previa, Imanol Idiákez confiaba en esa ansiada victoria: “cada día pienso en el Cádiz salvándose. Todo el mundo está sufriendo y tenemos muchas ganas de conseguir el objetivo y aprender lo que haya que aprender, pero consiguiendo la permanencia. A ellos les vale el empate, pero nosotros debemos jugar un partido inteligente, y dedicárselo a nuestra gente”.
Y de inicio saltaban al verde por parte local: David Gil, bajo palos; Juan Díaz, Arribas, Pelayo e Iker Recio, en defensa; Kouamé y Diarra, en el centro del campo; Antoñito Cordero y De la Rosa, como extremos; y arriba, Lucas Pérez y Álvaro García Pascual. Como bajas ya consabidas, las de Suso y Roger Martí, por temas musculares.
Entraban los de amarillo con más intensidad y ganas al partido y un Lucas Pérez en plan líder, y precisamente era el gallego el que adelantaba a los de casa en el marcador pronto, en el minuto 7, siendo el más cuco tras un disparo lejano de García Pascual que rebotaba en la madera. Y el estadio se desgañitaba casi como en sus mejores tardes.
El conjunto pepinero, que pensó de salida que le valdría con esperar a que no pasara nada, se vio de repente ansioso por despertar y Rober López probaba desde la frontal, ante un David Gil atento.
Pero el arreón madrileño se diluía ante un Cádiz confiado y seguro de sí mismo que, por momentos, mostraba su mejor cara de todo el año (no era difícil, también es verdad), con Pelayo infranqueable, Antoñito habilidoso, Arribas peleón, Juan Díaz y De la Rosa compenetrados, y hasta Kouamé participativo…
Y pese a ello, Gil tenía que volver a intervenir con suficiencia ante otro lanzamiento del rival poco antes del minuto 30, y de la pausa de hidratación; que parte de la grada aprovechaba para entonar aquello del “¡Vizaíno, dimisión… vete pa Sevilla, no te queremos!”. Mientras vigilantes de seguridad trataban de retirar a Brigadas Amarillas una pancarta alusiva. Libertad de expresión lo llaman, ¿no?
Se retomaba el juego, con más tensión que fútbol, y el costamarfileño pedía el cambio por molestias, entrando en su lugar Ortuño. La afición empezaba a mosquearse con las decisiones anticaseras del árbitro, que decretaba cuatro minutos de denso tiempo añadido, en el que Cordero, chupando, sumaba una ocasión a las estadísticas locales. Y se llegaba al descanso con el Cádiz matemáticamente salvado, gracias a su victoria momentánea y a que el Huesca no pasaba del empate ante el Castellón.

LA PUNTILLA A UN LEGANÉS ESTÉRIL
La segunda mitad arrancaba con el Leganés tratando de llevar el peso del juego, pero también con un cabezazo de García Pascual que se marchaba alto por poco. El mismo malagueño fallaba otra clara en el 63, casi coincidiendo con el gol del Castellón en la distancia. Y De la Rosa también lo intentaba, desviado.
Los hombres de Ígor Oca no sabían muy bien cómo meterle mano a los de Idiákez, bien plantados y sin fisuras, aunque en el minuto 67 la estrellaban en el larguero. Pero en la siguiente acción, en una contra que se hizo eterna, José Antonio de la Rosa corrió solo a la portería de Soriano y… marcó el 2-0, desatando la locura.
Se lo merecía el joven onubense tras tanto correteo alocado e infructuoso a lo largo del campeonato, y a continuación era sustituido junto a García Pascual, entrando Brian Ocampo y Dawda Camara. Ya superado el 80, y con el Lega descompuesto, el charrúa era generoso, y le regalaba la pelota a Antoñito para que hiciera el tercero. Y pese a la ya goleada y al alegrón ambiental, resonaba como una racha más de levante el grito-recordatorio de “¡Vizcaíno, dimisión!”.
David Gil salvaba el 3-1, por si acaso. Y como regalo de última hora, Lucas se iba al banquillo, ovacionado, y entraba Álex Fernández, también aclamado, para disfrutar de sus muy seguramente últimos minutos defendiendo la camiseta amarilla en el Nuevo Mirandilla, festejando las matemáticas con sus olas y todo.
Consumidos sin novedades los seis minutos de descuento, con esta victoria necesaria desde hace meses y la derrota final del Huesca, el Cádiz puede ¿celebrar? (aunque más bien es un suspiro de alivio para aficionados, plantilla, club y sus empleados) el ¿objetivo? de mantenerse un año más en el fútbol profesional, en Segunda división, en una de las temporadas en las que la salvación se ha vendido más barata que nunca, gracias a equipos ¿tan malos? como el plantel confeccionado por Juan Cala. Sin dudas, hay que agradecerle los servicios prestados a Zaragoza, Cultural Leonesa, Huesca y Mirandés.
Tras el pitido final, casi nadie quería marcharse del estadio, en un adiós en casa al fracaso de campaña ya convertido en homenaje-despedida a Álex.

“EL CLUB NECESITA HACER AUTOCRÍTICA”
“Tengo mucha alegría por la gente, y creo que el equipo ha respondido en el campo. Hemos ido dando pasos en las últimas semanas, y hoy se han visto más los frutos. El día a día me daba esperanzas. He visto un equipo más parecido al potencial que tenemos. Doy por bueno el sufrimiento de partidos pasados porque nos ha hecho crecer”, reflexionaba ya en el postpartido el técnico vasco.
Feliz con su primera victoria desde que desembarcara hace cinco jornadas en Cádiz como última bala, relevando a Sergio González ante una caída libre sin frenos, quien a su vez cogía el testigo de Gaizka Garitano cuando la deriva era ya más que evidente.
Idiákez además, sin revelar si seguirá el año que viene en el banquillo, dejó un mensaje a los que mandan: “lo que le ha pasado este año al Cádiz debe servir para aprender. El club necesita hacer autocrítica y un análisis de todo lo que ha pasado. No lo conozco tanto todavía, pero creo que el presidente quiere al Cádiz. Esté yo o no, hay que analizar todo. Ojalá, siga yo aquí o no, pronto podamos ver al Cádiz en Primera. Si me quieren, encantado de seguir ayudando”. DIARIO Bahía de Cádiz Dany Rodway

















