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Nos vemos en las calles


Comienza un nuevo curso en el sistema educativo español. Los institutos y universidades ya están enfrentándose al despropósito de la reforma educativa del Gobierno, la LOMCE, y quién sabe si en —no tan pocas— semanas las facultades estarán incendiadas por los intentos de reforma de la universidad. Mientras cientos de miles de estudiantes recorren las calles y se encierran bajo llave en las aulas como protesta, los gobiernos del bipartito desoyen, ignoran y, usualmente, insultan de manera abierta, a los movimientos estudiantiles y de profesorado. A ello hay que añadirle la pésima calidad educativa de los municipios de los mismos, que las más de las veces ni siquiera intentan adaptarse a las exigencias de la juventud. Me van perdonar, pero voy a hablar de San Fernando.

San Fernando, una ciudad con casi cien mil habitantes, no tiene, ni de lejos, las condiciones mínimas exigidas por los planes de ordenamiento y urbanismo. En lo relativo a Educación el capitaneo de Loaiza y su lugarteniente Romero no sólo exhibimos un balance deficitario sino, directamente, de vergüenza ajena. Nuestro ayuntamiento nunca se ha implicado con la Juventud, más allá de actuaciones electoralistas. Y se puede demostrar.

Hace apenas tres años las sucesivas amenazas de la concejala Úrsula Ruiz de cerrar la Casa de la Juventud cayeron en saco roto ante su evidente falta de coherencia; no obstante, gracias a informes técnicos —que nunca han proporcionado— pudieron denegar actividades juveniles y cerrar talleres que tenían continuidad, alegando peligro en las instalaciones. Huelga decir que, tres años más tarde, no ha habido ninguna obra —bueno sí, unas goteras tapadas con chapas de aglomerado aún visibles— y aún así las actividades han disminuido.

De la misma manera, el Consejo de Juventud, aprobado en pleno a razón de IU, nunca ha visto la luz. Y digo que no ha visto la luz, no porque no se convoque, sino porque la convocatoria ha sido prácticamente clandestina, con asistencia de representantes estudiantiles de colegios privados y/o concertados católicos en su mayor parte. ¿Dónde quedan los institutos públicos? ¿Dónde las asociaciones juveniles? Es más, ¿por qué demonios la convocatoria no es abierta? El Consejo de Juventud sigue ahí, como un órgano manipulado por el ayuntamiento para cubrirse con una falsa capa de participación democrática. En la actualidad no deja de ser de una hipocresía y cobardía asombrosas. Exigimos explicaciones, sra. Ruiz.

Tenemos que añadir, si estamos hablando de la Educación en San Fernando, el flagrante caso de las salas de estudio: sobrias —por no decir incómodas—, con falta de espacio —el aforo se completa en pocos minutos en época de exámenes— y en número mínimo: una. Y sí, una, porque aunque hace unos meses el ayuntamiento pretendiera instalar unos pupitres en la Casa de la Juventud, no vale. Les cuento: una sala de estudios abierta en un turno de mañana en una ciudad de enseñanzas medias ocupando espacio en una sala multiusos no es una sala de estudios —no tenemos facultad, por cierto, porque el centro habilitado para ello fue construido pero abandonado por el ayuntamiento—. Así que, por lo que sé, seguimos teniendo amplísimas zonas residenciales a rebosar de estudiantes sin cubrir, por no decir que, para los actos oficiales o demás actividades del Ayuntamiento, quitan las sillas de donde nos sentamos.

Pues tenemos también otro asunto en el que no cumplimos el mínimo por habitante: las bibliotecas. Podría decir lo mismo: que están viejas o que les falta espacio. Da igual, esto es más grave: no tienen equipamiento. La que está bajo la Casa de la Cultura —lo de la Cultura es un decir, ya que tampoco tiene actividad—, no tiene equipamiento de emergencia, las estanterías están en mal estado, no hay apenas ordenadores y las ventanas están a ras de la carretera, con lo que el agradable sonido de las ruedas quemando asfalto es inevitable. Eso por no decir que la Biblioteca Luis Berenguer, en la calle Real, no tiene acceso para minusválidos y sí un altavoz para los villancicos —para la ambientación navideña— a menos de tres o cuatro metros de la ventana del segundo piso. Todo muy apropiado, aunque todavía se oyen voces en el pleno reclamando el Plan de Bibliotecas. No creo que sea cuestión de paciencia.

Hay más que decir, pero creo que con lo que llevamos podemos empezar a reflexionar. Ahora, con el inicio del curso escolar, comienzan de nuevo las movilizaciones. Cientos de miles volveremos a tirarnos a las calles: aquí en San Fernando hay organizaciones estudiantiles en institutos como el Wenceslao Benítez o el Sancti Petri, y, claro, la Asociación Estudiantil Contra la Precariedad, que pretende tener alcance provincial, además de partidos y sindicatos y la recién (re)constituida Marea Verde, con la participación del profesorado de enseñanzas medias isleñas. No nos faltan herramientas para mostrarnos combativos frente a toda institución.

Tenemos objetivos y reivindicaciones en todo tipo de aspectos y la experiencia nos ha demostrado en múltiples ocasiones que tirarse a la calle sirve. Este artículo ha pretendido ser un pequeño acercamiento, no ya a la realidad del estudiantado a grandes niveles, sino a pequeña escala: a nuestro propio municipio. Sin abstracciones ni grandes explicaciones, creo firmemente necesario que nos miremos las caras y nos arriesguemos juntos, porque la construcción de los derechos y, en fin, de una nueva sociedad, corre a cargo de todos y todas. No creo que haya excusas después de tantos años de lucha; de tantos años observando cómo nuestras compañeras y compañeros dábamos la cara por el bien común.

Cuando hay problemas, cerrar los ojos es de canallas. Nos vemos en las calles. DIARIO Bahía de Cádiz

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