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¿Humor negro o divertimento?

CRÍTICA. ‘Asesinos todos’, de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez, en el XXX Festival de Teatro de Comedias de El Puerto.

Una de las imágenes promocionales de la obra

CRÍTICA. En el ecuador del Festival de Comedias se representó la única comedia convencional del ciclo, con los tres elementos esenciales de las comedias comerciales actuales, que no se verán tampoco en el resto de obras: una línea argumental continua y elaborada sobre un tema; un setting propio del estándar de clase media y sin efectos especiales; y una acción actoral exenta de transformaciones y duplicaciones, con la única intención y obligación de dar soporte al tema cómico. Como en toda comedia que se precie, las situaciones de humor en Asesinos todos pretenden señalar de paso las contradicciones individuales de los personajes y destacar los defectos de las convenciones sociales.

En el caso de esta obra, la trama de la comedia se sustenta sobre el aforismo de que “asesino somos todos” y que en cualquier momento surge la bestia que lleva uno dentro. Es un aforismo discutible y enfrentado a la bonhomía propuesta por Rousseau, pero efectivo y útil para la gestión de Asesinos todos: dos parejas de amigos intercambian apoyos mutuos para resolver los problemas que les afectan.

Por un lado, Loli y Manolo sufren por la falta de reconocimiento en el trabajo de Manolo, que cree merecer un ascenso que no llega nunca. Por otro, sobre Pepe y Diana, íntimos amigos de Loli y Manolo, cierne el peligro de que la madre de Pepe se gaste toda su fortuna en un ruso veinteañero que acaba de conocer en un crucero. Ambos matrimonios acuerdan emular la solución de Extraños en un tren, la intrigante novela de Patricia Highsmith llevada a la pantalla por Alfred Hitchcock. Pepe y Diana se deben encargar -léase, liquidar- de los jefes de Manolo y la otra pareja del ruso. A partir de ahí comienza el enredo y el pretendido humor negro de la pieza.

El planteamiento de la trama en escena lleva su tiempo (primero el problema de una pareja, luego el de la otra, y por fin el trabajoso acuerdo entre ambas) y es un punto débil en el desarrollo de esta comedia a la que le falta pulso en la parte inicial, a pesar del punch de algunos diálogos y de la esmerada interpretación de los actores. Sin embargo, la comicidad de las situaciones, el dinamismo de la representación y las risas fluyen in crescendo, rematando la función con un divertido y moralizante final.

Siguiendo con la moda actual, la ambientación escénica es mínima, reducida a dos muebles básicos: mesa y, sobre todo, sillas o butacas; además de un muro o pared divisoria con una puerta simulada en la zona frontal derecha. La pared acorta de forma notable el espacio escénico y tiene un efecto llamativo. Si se descuenta también el evitado espacio del proscenio, los actores se muestran casi siempre en línea frente a los espectadores; situación que se rompe con escasos cruces entre ellos y, sobre todo, con frecuentes entradas y salidas a través de la puerta de la pared, lo que permite crear el “otro lado” virtual de la acción dramática.

Los dramaturgos se decantan en esta obra por dos parejas no balanceadas de personajes. El papel de Loli es relevante, decisivo y con mucha chispa, aunque bastante primario en acción y pensamiento, quizás demasiado nervioso en la representación. Elisa Matilla vivifica de forma brillante a Loli, este personaje imán que subyuga y mantiene en vilo al espectador todo el tiempo. Por el contrario, Manolo es un personaje de segundo rango, al que se le concede el honor de requerir una versatilidad actoral que asume muy bien Ángel Pardo.

Pepe y Diana no tienen el mismo peso actoral entre ellos, aunque el desequilibrio es menor que en la otra pareja de personajes. En el de Pepe recaen los diálogos con mayor enjundia discursiva; de forma curiosa, esto pasa a veces desapercibido porque Carlos Sobera sobreactúa un poco su papel de Pepe, con gestos cómicos muy efectivos -y con sorprendente naturalidad y soltura en la actuación, por cierto-. El papel de Diana crece a partir de las situaciones de enredo, a la par que la interpretación de Neus Asensi -de capa caída al inicio, con una dicción algo extraña-, que se viene arriba poco a poco.

Fue una función del agrado de todos y muy aplaudida al final. Asesinos todos se percibe como un fino y agudo divertimento -calificarla como comedia de humor negro sería pretencioso, aunque tiene trazos- con un perfil de público objetivo muy ajustado, pero con risas aseguradas para todos.  DIARIO Bahía de Cádiz

FICHA DEL ESPECTÁCULO:

XXX Festival de Teatro de Comedias.

‘Asesinos todos’, de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez.

Dirección: Pep Antón Gómez. Reparto: Ángel Pardo, Elisa Matilla, Neus Asensi, Carlos Sobera.

Lugar y día: Teatro Pedro Muñoz Seca de El Puerto de Santa María, 14 de agosto de 2021. Asistencia: Lleno.

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