CRÓNICA JORNADA 36. Sobremesa dominguera de fútbol en El Molinón. El Sporting de Gijón en zona de nadie recibía a un Cádiz apocalíptico al borde del descenso en su enésima oportunidad de mostrar coraje, despertar y de tomar algo de aire con respecto a la Cultural, el Mirandés, el Huesca y el Zaragoza. Por demérito de los cuatro de abajo, los amarillos pese a una segunda vuelta aterradora, siguen dependiendo de sí mismos.
“Tenemos que ser los mejores de cinco equipos”, incidía Sergio González en la previa del choque asturiano, aseverando que su equipo, pese a acumular derrota tras derrota, “tiene rebeldía, es consciente de la situación en la que estamos. Queremos que en el campo se vea lo que hemos trabajado. Tenemos que ser atrevidos y valientes”.
Y para ser “valientes y atrevidos”, el técnico catalán apostaba de principio por Aznar; línea de cuatro con Kovacevic, Recio, Juan Díaz y Climent; Ortuño y Diarra en la medular; Suso y Antoñito en bandas; y arriba Roger y García Pascual.
Tras un inicio de encuentro con los dos rivales tanteándose, el Sporting asustaba pasado el minuto 10 en dos acciones consecutivas. El Cádiz trataba de no amedrentarse y en el 15 Suso probaba a Yáñez.
Sin embargo, los de casa volvían a estar cerca del primero de la tarde dos minutos después con un par de balones paseándose por la línea de gol, sin encontrar rematador. Y con un disparo que se marchaba fuera de Dubasin, contando con la habitual blandura defensiva gaditana.
Con todo, los de Sergio se recomponían y empezaban a manejar los tiempos del choque… hasta que llegó el regalo de cada jornada: Diarra se resbalaba en el centro del campo propiciando una contra letal sportinguista: Gelabert para Otero, asistencia del colombiano y gol Dubasin. El 1-0 subía en el marcador en el minuto 32. Y la sensación de déjà vu recorría el cadismo.
Con el tanto a favor, los hombres de Borja Jiménez cedían el control a un Cádiz quizá algo más intenso y peleón que en tardes precedentes, pero igual de pescaíto en blanco a la hora de crear y atacar. Y ni en los siete minutos de prórroga, por las numerosas interrupciones del primer tiempo, se sumó ni un amago de disparo entre los tres palos, sin contar el lanzamiento de Antoñito contra el cuerpo de un defensor para reclamar un inexistente penalti.
DESASTRE Y GOLEADA
La segunda mitad arrancaba ya con Brian Ocampo y Lucas Pérez en el verde, sustituyendo a Roger Martí y Antoñito Cordero. Para nada. Hasta en dos arreones, en menos de dos minutos, los asturianos olieron el 2-0. Y a la tercera contra fue la vencida: en el minuto 48 Juan Otero marcaba el segundo, rebotando en Recio.
El Sporting, sabiendo de la esterilidad gaditana, pasó a cederle la pelota y a esperar sus errores para correr hasta Aznar. Y el Cádiz con pelota siguió exhibiendo la nada, alguna intentona previsible de Suso, y la trabajera de García Pascual, que disparaba a las manos de Yáñez en el 65. Un instante después entraban Diakité y Dawda por Juan Díaz y Mario Climent.
El tercero no subió en el 75 en una jugada esperpéntica en el área gaditana; subió en el 76, en un carrerón de Dubasin. Y Álex Fernández salía por Suso. Por repartir la cara-colorá entre capitanes. Para más inri, Sergio Ortuño casi se ganaba la tarjeta roja directa en el 81 por un entradón temerario: se quedó en amarilla tras una miradita al VAR.
Sin Lucas ni con Lucas el ‘redentor’, se consumieron los ocho minutos de propina y siempre estuvo más cerca el cuarto gol local ante un Cádiz roto. Los números de la segunda vuelta siguen dando vergüenza ajena: cuatro puntos rebañados de 45 en juego; y en las últimas seis derrotas ya con Sergio González, 15 goles encajados y dos a favor.
Y por delante todavía seis envites y apenas tres puntitos de distancia sobre la zona de descenso a Segunda B, donde los cuatro de abajo se sienten más vivos sobre el césped que este Cádiz zombi. ¿Alguien confía todavía en que este plantel podrá sacar algún punto? ¿Acaso no merecen bajar? DIARIO Bahía de Cádiz















