CRÓNICA JORNADA 28. ¿Se puede caer más bajo? Es la pregunta que rondaba en el cadismo más pesimista/realista antes (y después) de la visita a Ipurua del conjunto de Gaizka Garitano. Un partido, para estrenar marzo y despedir el domingo de carnaval chiquito, vendido como punto de inflexión para frenar la horripilante racha negativa, pero más bien acabó siendo otra palada sepulturera en el auto-entierro de este Cádiz sin remedio. Y como rival, una SD Eibar que presume además de ser uno de los mejores locales de Segunda.
“Estamos bastante mal, hundidos. Eso significa que nos duele. No nos está dando con lo que hacemos. Si queremos conseguir una permanencia tranquila, tenemos que cambiar cosas”, reflexionaba Álex Fernández, el capitán, tras la última imagen vergonzosa en casa ante el filial de la Real Sociedad.
Por su parte, el técnico vasco reconocía en la previa de esta visita a la que fue su ‘casa’ que “tuvimos una derrota dura pero ya estamos llenos de ánimo. Seguimos creyendo en lo que estamos haciendo. El equipo ha demostrado sobradamente que puede ganar partidos. No estamos tan lejos de ganar”. ¿Se creía sus palabras?
Ante la indolencia e impotencia demostrada en los últimos choques (desde agosto más o menos…) tocaba alguna novedad significativa. Y llegaba con una modificación en el esquema de partida: del habitual 4-4-2, Garitano pasaba a confiar en un teórico 5-2-1-2 con Iza y Antoñito Cordero como carrileros, Suso liberado de mediapunta, y arriba Dawda, García Pascual. Además, como pivote el imprescindible Diakité junto a Ortuño, y atrás de centrales Caicedo, Jorge More e Iker Recio. Y Kouamé en el banquillo…
Con los vascos y los gaditanos empatados a casi todo en la clasificación se ponía el balón en juego, y eran los visitantes los que asumían el peso del encuentro, aunque sin saber muy bien cómo progresar, con un activo Suso tratando de liderar a los suyos, ante un Eibar pasivo pero presionante. Y se consumían los primeros veinte minutos, y ni unos ni otros disponían de un amago de ocasión de peligro.
Hasta el 25, que Iza Carcelén cabeceaba a las manos del portero una asistencia de Dawda. Entre tanto, los dos conjuntos rivalizaban por ofrecer el partido más tostón y aburrido del curso.
A partir de ahí el Cádiz, hasta entonces ordenadito y bien posicionado, empezaba a recular y los entrenados por Beñat San José a acumular posesión y a asomarse a los dominios de Víctor Aznar. Y en uno de esos acercamientos, en el minuto 31, el árbitro veía penalti claro por un agarrón tan descarado como inútil de Jorge More.
Corpas desde los once metros hacía el 1-0, el primer lanzamiento del contrario. Y ni diez minutos después, en el 42, en un arreón puntual ante una ¿defensa? incomprensible, el Eibar se colaba hasta el área chica sin oposición y marcaba el segundo, gol de Martón, para rematar los ánimos de un cadismo tan cabreado como rendido, deseoso de conocer el nuevo nombre comercial para el Nuevo Mirandilla…
APENAS CINCO MINUTOS DE REACCIÓN INOFENSIVA
Moussa Diakité se quedaba en la caseta y la segunda mitad comenzaba con el desaprovechado Álex Fernández acompañando al casi siempre insípido Sergio Ortuño. Y la misma retaguardia de cinco hombres. E idéntica sensación sobre el verde de nada de nada, ni arriba ni atrás.
El equipo vasco seguía jugando a placer gracias un Cádiz desnortado, y Aznar evitaba el tercero ante un lanzamiento con veneno de Corpas. Entre tanto desatino, Garitano continuaba con sus probaturas, meneando el banquillo en el 60, un triple cambio: se retiraban García Pascual, Suso e Iza, y entraban Pereira, Ocampo y Jero Dómina.
Las novedades al menos durante unos minutos daban alas a los amarillos, que empujaban y metían en su campo al rival mas sin generarle daño alguno. Al otro lado, todo lo contrario: en el 68 Guruzeta la mandaba al larguero. En la siguiente acción, Recio la sacaba bajo palos, y a continuación era el meta brasileño el que volvía a salvar el 3-0; que sí subía al marcador en la recta final, en el minuto 83, en otro disparo al borde del área de Adu Ares.
Como reacción, el entrenador retiraba a Ortuño y metía en el campo a Diarra. ¿Para qué? Este Cádiz sin pies ni cabeza ni corazón ni alma apuntalaba su nueva derrota vergonzante, pese al gol de Brian Ocampo aprovechando un error de los guipuzcoanos al borde del 45.
Un punto de 21 disputados desde el inicio de la segunda vuelta. Poco más se puede añadir. ¿El culpable de todo este esperpento deportivo esperado (incluso cuando se ganaba en la primera mitad de la temporada) es Gaizka Garitano? ¿Debe sentarse en el banquillo el viernes en la visita al Nuevo Mirandilla del Real Zaragoza? ¿De verdad alguien puede esperar un cambio en la dinámica cuesta abajo con el vasco al punto que se ha llegado?
“No es un problema anímico, tenemos otros. De Ontiveros no opino más, tengo la conciencia tranquila con ese tema”, recalcaba un abatido y resignado Garitano en su comparecencia postpartido. A buen entendedor… DIARIO Bahía de Cádiz














