Se está celebrando en la capital hispalense la nueva edición de ‘Letras en Sevilla’, presentada este año bajo el título de: ‘1936: La guerra que todos perdimos’ pero que algunos ganaron, otros perpetuaron y de esos lodos tenemos estos fangos. Pérez Reverte aludía al uso de la razón en lugar de los sentimientos que son manipulables. Lo cierto es que ambos lo son. Con mayor facilidad los segundos, indudablemente, pero los sesgos cognitivos, las emociones y el uso de la simplificación en el discurso pueden direccionar a la primera.
En definitiva, es el hombre quien es manipulable y quien manipula. De hecho, el nacimiento del lenguaje se puede considerar como una forma exquisita de manipulación, y no es necesario leer a Gramsci, o prestar atención a los conferenciantes del evento citado, para llegar a esta conclusión. Una guerra es un conflicto y por definición hay vencedores y vencidos. Lo que sí varía es la intensidad de la derrota o de la victoria.
Y tras el 36 el gran vencedor fue el miedo al que se sometió a los derrotados convirtiéndolos en víctimas que proyectaron ese rol en la siguiente generación, siendo la gran perdedora la verdad (cosa en común que poseen todas las guerras).
No debemos olvidar, o se podría pensar que están intentando manipular nuestros sentimientos o dirigir nuestra razón, que en julio de 1936 el ejército, una parte del mismo, se levanta en armas contra un gobierno democrático. El agresor lo es por partida doble ¡cómo mínimo! por el uso de la fuerza y por ir contra la legalidad constitucional.
Al “perder todos” esa guerra se diluye la responsabilidad entre quienes defendieron un régimen democrático y quienes perpetraron un golpe de Estado y una dictadura posterior, construyendo artificial y artificiosamente una falsa simetría que nos hace perder a todos como sociedad hoy día.
No pretendo con este artículo plantear un debate que en un país occidental europeo, en pleno siglo XXI, no debe tener cabida. ¿Alguien se imagina que la edición llevase por nombre: ‘Vietnam, la guerra que todos perdieron’ o ‘El holocausto, donde todos perdimos’?
Pienso que no, pues estaríamos legitimando la brutalidad y el salvajismo, el genocidio, al crear un único grupo homogéneo en ese contexto: el de los perdedores. ¡No, no todos perdieron ni la magnitud de la pérdida es idéntica y menos aún su proyección futura! Considero que con el título referido al comienzo del artículo entramos ¡cómo mínimo! en la tristemente famosa zona gris de Primo Levi.
el totalitarismo franquista funcionó como el agente victimario, transformando cualquier intento de imparcialidad en una distorsión de los hechos comprobados
Tal vez no fuese esta la intención de organizadores y participantes, pero me temo que sí es la consecuencia. Y tanto desde los sentimientos como desde la razón este hecho no es solo reprochable sino reprobable, potenciando una cierta ambigüedad que blanquea la violencia fascista que revistió gran parte de la historia moderna de España.
La aplicación del método científico, su aproximación histórica, demuestra que no cabe la equidistancia entre el totalitarismo y sus víctimas debido a que existe una asimetría estructural de poder, una planificación institucional de la violencia por parte del Estado y una vulneración sistemática de los Derechos Humanos.
Desde una perspectiva analítica y empírica, el totalitarismo franquista funcionó como el agente victimario, transformando cualquier intento de imparcialidad en una distorsión de los hechos comprobados. Entender que “todos perdieron” sin más, es una posición neutral que otorga el mismo peso moral o de responsabilidad a ambas partes, lo que contradice la evidencia empírica y los principios lógicos de causalidad.
“Cuando el totalitarismo nace todos perdemos, cuando se propaga unos ganan y cuando se consolida y lidera, la humanidad muere”: Soul Etspes. DIARIO Bahía de Cádiz
ARTÍCULO DE: Ramón Rodríguez Casaubón
Se está celebrando en la capital hispalense la nueva edición de ‘Letras en Sevilla’, presentada este año bajo el título de: ‘1936: La guerra que todos perdimos’ pero que algunos ganaron, otros perpetuaron y de esos lodos tenemos estos fangos. Pérez Reverte aludía al uso de la razón en lugar de los sentimientos que son manipulables. Lo cierto es que ambos lo son. Con mayor facilidad los segundos, indudablemente, pero los sesgos cognitivos, las emociones y el uso de la simplificación en el discurso pueden direccionar a la primera.
En definitiva, es el hombre quien es manipulable y quien manipula. De hecho, el nacimiento del lenguaje se puede considerar como una forma exquisita de manipulación, y no es necesario leer a Gramsci, o prestar atención a los conferenciantes del evento citado, para llegar a esta conclusión. Una guerra es un conflicto y por definición hay vencedores y vencidos. Lo que sí varía es la intensidad de la derrota o de la victoria.
Y tras el 36 el gran vencedor fue el miedo al que se sometió a los derrotados convirtiéndolos en víctimas que proyectaron ese rol en la siguiente generación, siendo la gran perdedora la verdad (cosa en común que poseen todas las guerras).
No debemos olvidar, o se podría pensar que están intentando manipular nuestros sentimientos o dirigir nuestra razón, que en julio de 1936 el ejército, una parte del mismo, se levanta en armas contra un gobierno democrático. El agresor lo es por partida doble ¡cómo mínimo! por el uso de la fuerza y por ir contra la legalidad constitucional.
Al “perder todos” esa guerra se diluye la responsabilidad entre quienes defendieron un régimen democrático y quienes perpetraron un golpe de Estado y una dictadura posterior, construyendo artificial y artificiosamente una falsa simetría que nos hace perder a todos como sociedad hoy día.
No pretendo con este artículo plantear un debate que en un país occidental europeo, en pleno siglo XXI, no debe tener cabida. ¿Alguien se imagina que la edición llevase por nombre: ‘Vietnam, la guerra que todos perdieron’ o ‘El holocausto, donde todos perdimos’?
Pienso que no, pues estaríamos legitimando la brutalidad y el salvajismo, el genocidio, al crear un único grupo homogéneo en ese contexto: el de los perdedores. ¡No, no todos perdieron ni la magnitud de la pérdida es idéntica y menos aún su proyección futura! Considero que con el título referido al comienzo del artículo entramos ¡cómo mínimo! en la tristemente famosa zona gris de Primo Levi.
el totalitarismo franquista funcionó como el agente victimario, transformando cualquier intento de imparcialidad en una distorsión de los hechos comprobados
Tal vez no fuese esta la intención de organizadores y participantes, pero me temo que sí es la consecuencia. Y tanto desde los sentimientos como desde la razón este hecho no es solo reprochable sino reprobable, potenciando una cierta ambigüedad que blanquea la violencia fascista que revistió gran parte de la historia moderna de España.
La aplicación del método científico, su aproximación histórica, demuestra que no cabe la equidistancia entre el totalitarismo y sus víctimas debido a que existe una asimetría estructural de poder, una planificación institucional de la violencia por parte del Estado y una vulneración sistemática de los Derechos Humanos.
Desde una perspectiva analítica y empírica, el totalitarismo franquista funcionó como el agente victimario, transformando cualquier intento de imparcialidad en una distorsión de los hechos comprobados. Entender que “todos perdieron” sin más, es una posición neutral que otorga el mismo peso moral o de responsabilidad a ambas partes, lo que contradice la evidencia empírica y los principios lógicos de causalidad.
“Cuando el totalitarismo nace todos perdemos, cuando se propaga unos ganan y cuando se consolida y lidera, la humanidad muere”: Soul Etspes. DIARIO Bahía de Cádiz
ARTÍCULO DE: Ramón Rodríguez Casaubón
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