Número 5.614 – Año XXIII 30 de septiembre de 2026

Opinión

Bob

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Como todos a estas alturas sabemos, esta semana se ha concedido el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, archirreconocido artista del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Esta decisión ha removido ideologías, ha suscitado la ira purista de quienes se dedican profesionalmente a la literatura, ha llevado a la descomposición casi ontológica de multitud de escritores que ya no saben a qué llegarán con sus escritos; pero estoy seguro, sin ánimo de ofensa, de que esto es una gran ingenuidad que sencillamente no nos hemos parado a desgajar.

Primera de todas las pruebas contra el fiscal: Bob Dylan es un cantautor. Canta de su propia autoría. Recita versos acompañado de una guitarra y una armónica, pero antes de poder de trillar las melodías necesita escribirlas. Tan sencillo como eso: Dylan ha escrito poemas que más tarde ha cantado. He aquí la segunda prueba contra la acusación: sí que están publicadas. Existen libros con las letras de Dylan, y no hace falta ser muy avispado para ver que si están publicadas es porque su carácter poético y su estructura posibilitan que puedan leerse o recitarse. Técnicamente Dylan sí que ha publicado poesía, que pueden ir a comprar a la fnac.

Nos estamos saltando el factor temporal de todo este asunto, quedándonos meramente en el debate superficial al los académicos snobs nos quieren llevar: una canción es una canción porque tiene melodía y armonía, espacio-temporalmente obedece a otro registro. Sin embargo, cuando es una recitación o una lectura en solitario el texto adquiere carácter poético, naturaleza puramente literaria, porque no depende de un especialista que lo interprete y porque materialmente podemos poseerlo por sí. Recordemos las múltiples versiones del cante jondo de Lorca de los años '20, o los Cantares de Machado que ahora Serrat mueve por toda Iberia; ¿en qué se diferencian?: en que Dylan está vivo y nos acordamos de su cara.

Me remito a las palabras de Sergio del Molino, del diario El País, que asegura que existe cierto temor a que la literatura deje de ser patrimonio exclusivo de escritores. Es como si las categorías clásicas del arte se vieran desbordadas pero, ¿acaso no es eso lo que hemos pretendido a lo largo de todo este siglo último? Yo estoy de acuerdo en ello que dice, y creo que Dylan se ha portado como un caballero (de nuevo) al no hacer ninguna mención del Nobel en sus conciertos ni en prensa. DIARIO Bahía de Cádiz

Galardón que no todos nuestros artistas favoritos pueden exhibir. http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/13/actualidad/1476386501_600511.html

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Como todos a estas alturas sabemos, esta semana se ha concedido el premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, archirreconocido artista del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Esta decisión ha removido ideologías, ha suscitado la ira purista de quienes se dedican profesionalmente a la literatura, ha llevado a la descomposición casi ontológica de multitud de escritores que ya no saben a qué llegarán con sus escritos; pero estoy seguro, sin ánimo de ofensa, de que esto es una gran ingenuidad que sencillamente no nos hemos parado a desgajar.

Primera de todas las pruebas contra el fiscal: Bob Dylan es un cantautor. Canta de su propia autoría. Recita versos acompañado de una guitarra y una armónica, pero antes de poder de trillar las melodías necesita escribirlas. Tan sencillo como eso: Dylan ha escrito poemas que más tarde ha cantado. He aquí la segunda prueba contra la acusación: sí que están publicadas. Existen libros con las letras de Dylan, y no hace falta ser muy avispado para ver que si están publicadas es porque su carácter poético y su estructura posibilitan que puedan leerse o recitarse. Técnicamente Dylan sí que ha publicado poesía, que pueden ir a comprar a la fnac.

Nos estamos saltando el factor temporal de todo este asunto, quedándonos meramente en el debate superficial al los académicos snobs nos quieren llevar: una canción es una canción porque tiene melodía y armonía, espacio-temporalmente obedece a otro registro. Sin embargo, cuando es una recitación o una lectura en solitario el texto adquiere carácter poético, naturaleza puramente literaria, porque no depende de un especialista que lo interprete y porque materialmente podemos poseerlo por sí. Recordemos las múltiples versiones del cante jondo de Lorca de los años '20, o los Cantares de Machado que ahora Serrat mueve por toda Iberia; ¿en qué se diferencian?: en que Dylan está vivo y nos acordamos de su cara.

Me remito a las palabras de Sergio del Molino, del diario El País, que asegura que existe cierto temor a que la literatura deje de ser patrimonio exclusivo de escritores. Es como si las categorías clásicas del arte se vieran desbordadas pero, ¿acaso no es eso lo que hemos pretendido a lo largo de todo este siglo último? Yo estoy de acuerdo en ello que dice, y creo que Dylan se ha portado como un caballero (de nuevo) al no hacer ninguna mención del Nobel en sus conciertos ni en prensa. DIARIO Bahía de Cádiz

Galardón que no todos nuestros artistas favoritos pueden exhibir. http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/13/actualidad/1476386501_600511.html

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