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Rozaduras en los pies


Avanzan por la acera en grupos de tres, de cuatro. Huelen a colonia de moda, algunos con pajarita, algunas de tiros largos, todos con zapatos recién estrenados, medio cojeando, entre risas llenas de hormonas, ya han celebrado el acto académico de la graduación.

Estábamos más o menos acostumbrados a las comuniones, las primeras, pero somos una sociedad permeable, estamos dispuestos a importar lo que haga falta. Y no, no es que a mí me guste más ver niñas vestidas de novia y niños preadolescentes vestidos de militares chiquititos, en el fondo es como la fiesta de los quince, pero antes y con otro diseño.

De las comuniones, la primera, como fiesta en la que se regalaba el primer reloj y poco más, y se solucionaba el festejo con una comida con la familia más próxima, se pasó a la comida fuera de casa con tíos, tías, primos y algún amigo, hasta las de ahora que en muchos de los casos significan créditos bancarios para hacer frente al festejo, el segundo móvil como regalo, y una lista de ‘comunión’ en el centro comercial más próximo.

Y es que con esto de las graduaciones, que van mucho más lejos que conseguir el Grado, como ya he dicho en alguna ocasión, nos ha hecho mucho daño el cine. Pensamos en la graduación de nuestro hijo o hija y vemos un acto académico  en los jardines del colegio, con bancos adornados con los colores corporativos, una mesa presidiendo el acto, y sentados el director, jefe de estudios, alcalde y jefe de policía (en las películas el jefe de la policía también es cago electo), y ocupando las primeras filas, ellos, que suben uno a uno al ser nombrados y les dan el diploma, la banda y el birrete, mientras los padres y madres lloran como lloraba Juanito Valderrama cuando cantaba “está recibiendo mi niña, su primera comunión…”. Terminan el bachiller y empiezan la universidad.

Aquí somos unos jartibles con esto de las celebraciones, celebramos Tosantos y Hallowen, Papá Noel y los Reyes, los santos y los cumpleaños, las bodas y los divorcios, es que somos alegres y fiesteros por naturaleza y esto no es malo, al contrario.

Pero, sinceramente, con esto de las graduaciones creo que nos estamos pasando, fiesta de graduación al pasar del bachiller a la universidad, bueno vale. Fiesta de graduación al pasar de la educación secundaria al bachillerato, fiesta de graduación al pasar de la primaria a la secundaria, fiesta de graduación al pasar de la infantil a la primaria… si a esto le añadimos fiestas y viajes de paso del ecuador, fiesta y viaje fin de estudios, a mis criaturas no les va a curar las rozaduras en los pies hasta que no se independicen, en España, allá por los treinta y tantos años. DIARIO Bahía de Cádiz Fermín Aparicio

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