DIARIO Bahía de Cádiz
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¡Qué pena!


Recibo muchos emails donde me envían de todo. Por ejemplo, un texto sobre la mediocridad en España que es de 2012. Señala a la mediocridad como el problema central español. Y ahí sigue y seguirá porque la mediocridad se refuerza a sí misma, el mediocre tiene una enorme capacidad de adaptación, es listo y es cruel por incapacidad. La mediocridad procede de una mala educación desde la familia y desde el colegio y de la alabanza del listo, no del brillante, del inteligente o del sabio. La mediocridad procede de la elevación a los altares del tener sobre el ser, del ganar sobre el saber.

Cuando me asomo a la pantalla de la televisión (de la que los andaluces estamos colgados cuatro horas de media) observo una programación para mediocres y la aparición de una serie de políticos que son la mediocridad más absoluta. El problema es que ahora hablan a menudo y en público no los que saben sino los que no saben. Políticos de supuesta primera fila lanzan un mensaje que luego repiten sus mandados de abajo, mujeres y hombres. Mujeres que no aportan nada nuevo en su presunta revolución feminista, mujeres mediocres que se unen a los varones mediocres y así se refuerzan sus mediocres personalidades en busca del voto mediocre del ciudadano mediocre.

España siempre “ha pasado” de todo lo que significa un reto importante después de haber hecho lo más difícil: descubrir, conquistar y colonizar un enorme continente. A los ilustrados los apartamos de nosotros como si fueran la peste, a algunos los llamábamos afrancesados. El siglo XIX fue una lucha continua contra el liberalismo por parte de la mediocridad del antiguo régimen. La constitución pionera de 1812 fue obra de una minoría con la que acabaron los mediocres cobardes pero listos y crueles en poco tiempo. La Segunda República fue abortada por la torpeza de algunos de sus mandatarios pero también porque el asunto venía de lejos, de ese miedo a la libertad inspirado por una Iglesia atascada –y ahí sigue, casi igual- a la que se le dio demasiado poder y aún se le da. Una iglesia que crea en un Dios liberador ayuda pero la nuestra lleva siglos estancada, nadie se ha atrevido con este mal de fondo que tiene España: sus castas dirigentes mediocres que ni se sumaron a las revoluciones industriales, ni al liberalismo ni a las guerras mundiales ni ahora a las revoluciones tecnológicas y del conocimiento.

Mientras, los listos de otros lugares al menos han sabido dejar de ser tan mediocres. Llevaron a cabo revoluciones internas que desterraron a buena parte del pensamiento cobarde, se libraron de iglesias castradoras e iniciaron el camino que hoy los ha llevado a la cumbre. Asesinan palestinos, torturan a los presos, se corrompen y han devenido en enfermos mentales que ni viven ni dejan vivir. Pero al menos se han librado en buena medida del lastre de los cobardes inmovilistas, ahora respiran un aire de libertad que tiene un precio porque deben defender la riqueza y los intereses que han creado con su crueldad y con su valentía. Así funciona esto, la especie humana, queramos o no. Pero, nosotros, en España, ¿qué hacemos? Sólo seguir pensando en que inventen ellos, cobijados en nuestra mediocridad desesperante. DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

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