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Lunes de resaca


Visto lo visto, parece que lo poco o lo mucho que quedó solucionado un veintitrés de febrero, ahora, en otro veintitrés de febrero andan metiendo ajustes para seguir controlando y que no se desmadre la cosa patria.

Sentencias mas escalofriantes que otra cosa, noche de los cuchillos largos hacia fiscales, y ante el desprestigio de la monarquía, sacan una versión real, -de realeza- de una especie de Sálvame Deluxe con elefantes, domadoras de leones, amores entregados de infantados, y de loca de amor, cual Juana; alguna que otra comisión real -también de realeza-, de comercio exterior…. Da la impresión que han decidido que por si acaso, a alguien se le ocurre de invocar a Madame Guillotine, es mucho mejor montar un circo.

Algunos pueden creer que de lo que tratan es de defender esa cosa tan démodé y antigua que llaman monarquía, pero no, al menos no eso es solo. Junto a las actuaciones de favor de la infanta lista, de los políticos afines, de los banqueros saqueadores…, aparecen los golpes de estado, si de estado, contra todo lo que pueda significar cuestionar ‘lo establecido’, lo que pasó en aquel comité federal del PSOE, contra los titiriteros, contra cantantes de rap, en una palabra contra la libertad, son cosas que van más allá de coincidencias en el tiempo.

Y mientras, ¿qué dice el pueblo soberano? Poco o casi nada. ¿Qué nos pasa? ¿Estamos dormidos? ¿La gente de este país es corrupta por naturaleza? Creo que ni una cosa, ni otra, aunque a veces lo parezca. Y es que una larga dictadura, en una transición contra la pared, en una democracia que no ha cuestionado ningún pilar fundamental de la autarquía económica, social, moral… crea cultura, costumbres. Nos hace ser como somos, y actuar como actuamos. Nos hace encontrar lógica en lo que hacen y en lo que no hacen, también.

Quizás sea como en carnaval, que estamos en el lunes de resaca, que estamos recuperando las fuerzas consumidas en un largo fin de semana para continuar carnavaleando. Cambiándonos el papel que nos ha tocado en esta película que se llama vida, pero en la seguridad, aunque sea después del carnaval chiquito, de que volveremos cada oveja con su pareja, solo oficiaran misas los curas, los ricos volverán a sus riquezas y los pobres a sus pobrezas, los ladrones a sus robos, y tú, y yo a nuestras vidas, que de seguro serán iguales que antes de la fiesta.

De no ser así, el carnaval no se celebraría, no lo dudéis. DIARIO Bahía de Cádiz

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