DIARIO Bahía de Cádiz
contando tu Bahía desde 2004

publicidad

Los tres cerditos


Podrían ser topillos o gorriones, podrían ser gamusinos y loripardos, pero no, son simplemente cerditos, cerditos anónimos, sin nombre ni apellidos, solo cerditos, guarrines, cochoncillos, marranillos…

Una mañana, como otra cualquiera, está a punto de despertar el día. El canto del gallo hace removerse a todo el mundo en su lecho, incluso a nuestros tres cerditos, porque son tres. Entran en la fase en la que los sueños de la noche se difuminan, en la que a ciencia cierta no se sabe qué es sueño y qué realidad, mientras la segunda se va imponiendo con mayor o menor rapidez al primero.

El primer cerdito, o puerco, está sudoroso, en su sueño o pesadilla el amo había limpiado la pocilga, había sustituido el barrizal por una piscina en la que el agua estaba siempre limpia, hasta un sistema de depuración había puesto. La comida era equilibrada y la cambiaba todos los días para conseguir una dieta mediterránea, la caseta donde dormía estaba como los chorros de oro, y él entró en pánico, empezó a sudar. Pero al ir despertando, mirar de reojo, vio su lodazal intacto, la comida de días anteriores, todo en su sitio (él era de mucho guarro y muy guarro), y se sintió feliz y contento.

El segundo cerdito era, como diría yo, entre Felipe González y Rato en un yate navegando. Su sueño fue terrible, veía un calendario el día antes de San Martín y escuchaba a los lejos el sonido metálico de cuchillos afilándose,  el olor a sarmientos quemados embriagaban todo. No era la primera vez que soñaba esto, es más, era un sueño recurrente, vamos de esos que si uno es norteamericano o argentino va derecho a piscoanalista. Y más que pánico, sintió mucho, pero mucho susto. Cuando al despertar, escucho a Pepa Bueno que no era su San Martín, aún sudoroso esbozó una mueca a modo de sonrisa, y siguió comiendo, sabiendo que no falta tanto para ese santo terror de todos los cerditos.

El tercer cerdito, siempre soñaba aventuras por el bosque y por los campos, le gustaba sentirse jabato, no como el capitán, no, que aunque era un cerdito muy instruido no era mucho de tebeos. Hoy había soñado que salía a corretear a campo abierto, persiguiendo mariposas, que comía flores y raíces de plantas que no estaban en peligro de extinción, él era un cerdito muy ecológico, y sobre todo que salía de esa especie de celda que era la cochinera. Al despertar se dio cuenta que solo era un sueño, que estaba entre los otros dos y le embargó cierta tristeza.

Pero no tardó mucho en sonreír, se dio cuenta que la sombra que se colaba por una de las ventana, proyectaba en su lomo una especie de rayas, y solo con eso le volvió una sonrisa, se sentía una especie de rayón, y en ese momento recordó a John Lennon cuando decía “un sueño que sueñas solo es solo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad”, y corrió a compartir con el resto de cerditos, cochoncillos, guarrillos su sueño, porque era un poco más un jabato. DIARIO Bahía de Cádiz Fermín Aparicio

más artículos Fermín Aparicio

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.