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Epitafio


Tarde o temprano a todos nos llega la hora, a Jose, más conocido como Pepe, le llegó a sus casi ochenta y cuatro años (12X7)  de hombre. Pepe fue fruto de la tierra donde se forjaron almas como la de Agustina de Aragón, Luis Roldán, y “el cochero de Drácula” -así me enteré que llamaban al que fuera ministro y alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch-. Y vino a morir a Cádiz, donde se recluyó desde su jubilación.

No fue fácil la vida de Pepe, hasta los catorce (2X7) años vivió como cualquier otro mozalbete de su edad en sus tierras mañas. Entre juegos y caricias de su madre fue creciendo y poco a poco iba adquiriendo ese porte viril que la testosterona nos perfila a todos los mamíferos; pero a esa edad todos tenemos ansias de hacernos nuestra propia historia y Pepe dejó de ser Pepe y pasó a ser Pepa, nunca se sabrá si por iniciativa propia o quizás movido por las circunstancias, y aquel adolescente aragonés en poco tiempo se convirtió en una estrella.

Tampoco se sabe muy bien si el movimiento peculiar de caderas y trasero al andar era innato a él, ella, si era por el exceso de segregación de feromonas, o el balanceo de sus atributos masculinos, pero el caso es que era ponerse andar y grupos en formación de hombres, camisa abierta a pecho descubierto, cabeza exageradamente hacia atrás y tiesos como un palo de escoba, iniciaban una especie de carrera estilo marcha tras de él. Algunos estudios indican que la combinación de caderas, feromonas y balanceo testicular producen estos efectos azombizantes en algunos sectores de la población masculina.

La causa de la muerte no se sabe tampoco a ciencia cierta, dicen que el sábado anterior siguió durante toda la jornada la retransmisión de Ferreras del golpe de mano de Susana Díaz, y esto produjo una sobreexcitación de su ya cansado corazón, no se sabe.

Sí, la semana pasada se nos fue Pepe, Pepa, la cabra de la Legión, en su retiro de Cádiz, una pequeña reseña en la sección de sociedad de algún periódico local, sin honores ni salvas, dejándonos un poco más vacíos, al menos de mitos, se nos fue la cabra, que era macho, pero que alcanzó la gloria como hembra en medio de lo más macho.

Se nos fue Pepe, Pepa, y con ella un mito más se nos va, y es que estamos en una época convulsa, y en toda época convulsa los mitos caen. Los ministros de la cosa esta de los dineros son procesados, los invitados a una boda pueden acabar en el banquillo, se puede apoyar a un partido corrupto por el bien del país, y tenemos que dejar de utilizar aquello de “más puta que la cabra de la legión” porque  él, era ella.

Nota. Siete es la equivalencia en años humanos de un año en la vida de cabras, cabritos y cabrones. DIARIO Bahía de Cádiz

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