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Nos vamos al cine: ‘Día de lluvia en Nueva York’

CRÍTICA. Con un elenco lleno de caras conocidas y de jóvenes promesas, llega la nueva obra cinematográfica de Woody Allen. El incombustible director octogenario, que desde los años 60 rueda prácticamente una película al año, busca que el espectador abunde en temas fundamentalmente humanos, con su particular y único sentido del humor. Los admiradores de Allen y su obra no quedarán decepcionados.

CRÍTICA. La historia de ‘Día de lluvia en Nueva York’ gira alrededor de Gatsby y Ashleigh, una joven pareja de universitarios provenientes de familias acaudaladas. Cuando ella debe viajar a Nueva York para entrevistar a un director de arte y ensayo, Gatsby se dispone a preparar un ambicioso fin de semana romántico en el que la instruirá en el arte la ciudad. Sin embargo, no dejarán de sucederse increíbles acontecimientos que amenazarán sus planes.

A decir verdad, no recuerdo cuando fue la primera vez que vi una película de Woody Allen (tal vez fue a los 17 años, con ‘Un final Made in Hollywood’). Lo que sí recuerdo es que algo me llamó poderosamente la atención y es que soltaba verdades como puños directos a la conciencia, pero todo con un sentido del humor que pretendía hacer “reír para no llorar”.

Ese existencialismo reconocido ha sido no solo la seña de identidad de todas sus películas, sino de su propio carácter y ha sido analizado durante años incluso en las universidades. En ‘Día de lluvia…’, Allen vuelve a trasladar pinceladas de su personalidad al joven protagonista masculino (hipocondría, amor por Nueva York y su música, el arte), pero dejando de lado el histrionismo y mimetismo que desplegó Jesse Eisenberg en ‘Café Society’.

Su particular visión de la vida y del comportamiento humano se plasma en cada una de las varias y caóticas historias que se narran en el filme, centrándose esta vez en un mal en que todos, de una forma u otra, navegamos de vez en cuando: la egolatría.

Favorecido por un elenco que desprende frescura y naturalidad, Allen demuestra, como pocos, gran maestría en la dirección de actores. Ya sea como el director insatisfecho con su obra, el escritor que desea reconocimiento, el novio infravalorado o de una mediocre escritora en busca de ser el futuro Pulitzer (excepcional Elle Fanning), Allen les hace brillar. Y es que esta suerte de Pigmalión moderno consigue lo que pocos filmes: hacernos reflexionar sin dejar de sonreír. 

— Lo peor: La belleza de la ciudad, que se deja intuir en cada toma de las calles de Nueva York, hace que se echen en falta más planos generales y grandes angulares.

— Lo mejor: La actuación casi caricaturesca de Elle Fanning y la dirección de actores. Magistral. DIARIO Bahía de Cádiz

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