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FMEC 2017. Provocación y desnudez

CRÍTICA. Caída del cielo es un espectáculo con música, aditivo suficiente para incorporarlo al programa del XV Festival de Música Española de Cádiz, que en simbiosis cultural con el Ayuntamiento nos deparó la sorprendente e inimitable interpretación de Rocío Molina. Una bailaora poco convencional, que tiene “tirón” y llena auditorios por donde va. No podía fallar en el Gran Teatro Falla y cumplió con las expectativas. Un éxito rotundo.

Podríamos escoger un sinfín de adjetivos y enumerar las sutilezas a cientos que destila el espectáculo Caída del cielo para dar cuenta debida de lo contemplado. Pero en la medida en que la recepción de este espectáculo depende de la disposición del espectador me inclino más que una reseña descriptiva que por un resumen de intenciones en la propuesta de Rocío Molina.

La provocación es clave esencial en ese catálogo. Romper las convenciones en el baile flamenco se impone en Rocío Molina por la propia necesidad de expresarse artísticamente con voz propia. Se trata de un espectáculo que amalgama el baile flamenco tradicional con otras formas expresivas enraizadas con la danza y el teatro corporal en una propuesta -aunque gustosa y electrizante-, singular, diferenciable y provocadora. Provocación frente al molde del baile flamenco, incluido las alusiones musicales a quienes rompieron moldes en la forma tradicional del cante: Morente y Camarón. El flamenco de Caída del cielo se manifiesta en el efectismo barroco que impregna gran parte del espectáculo que no deja indiferente al manifestar con libertad la reivindicación de su condición de mujer. No hay baile flamenco en el sentido tradicional; Rocío Molina despoja al baile flamenco de los aderezos tradicionales, incluso a veces de los zapatos de baile. Incluso se aleja del baile estilizado, vertical, efectista y de estética complaciente con el público; aunque sí mantiene como seña de intensidad el taconeo como base rítmica y dinámica de su propuesta provocadora, que incluye la imperfección como base sustancial.

La caída es un efecto de gravedad que Rocío Molina invierte y eleva a categoría de arte. Con el descenso a los infiernos al modo de Dante se desprende incluso de las cadenas que la perfección. Caída del cielo es baile puro, y por tanto, imperfecto. El espectáculo comienza con una fase incómoda -por su lentitud y minimalismo de movimiento corporal- en la que destaca el halo de inmaculada belleza, incluso angelical. En contraste, el subeybaja de caídas al suelo posterior supone una forma de reconocerse como imperfecta, mucho más al mostrar el lado humano de su cuerpo de mujer. Hay provocación en el desnudo integral de Rocío Molina en escena, desnudo matizado en lo que el pudor exige para no violentar al público (de paso, el recubrimiento de ese desnudo, es un lastre prescindible en el tiempo y ritmo del espectáculo). Pero mucho más provocadora es la exhibición de un cuerpo lastrado, por la propia condición de mujer, con la sangre menstrual que mancha y pega al suelo, que da lugar a uno de los cuadros más intensos y estéticamente deslumbrantes del espectáculo.

“Dulce peso, / en celebración de la mujer que soy / y el alma de la mujer que soy / y de la criatura central y su deleite / canto para ti. Me arriesgo a vivir” afirma Anne Sexton en su poema “Celebración de mi útero”, poema que inspira también el espectáculo.

Con el acomodo a los versos de la poeta estadounidense, todo el espectáculo gira en torno a la celebración de ser mujer en un tono provocador y rompemoldes; como en el brillante cuadro al estilo music-hall en el que Rocío Molina simula con una bolsa de patatas, simulación desnuda de metáfora, sus órganos genitales. Aún más provocadora y rupturista es la escena en la que un palo sirve de elemento fálico, barra de striptease o escoba de bruja para disertar sobre el juego de identidades y de los límites de género.

El remate del espectáculo conduce hacia terrenos más cercanos al gusto del público -coreografías en modo celebrativo y con bailes más reconocibles-, que premia entusiasmado el trabajo de Rocío Molina en esta singular Caída del cielo. DIARIO Bahía de Cádiz


FICHA DEL CONCIERTO:

XV Festival de Música Española de Cádiz.
‘Caída del cielo’. Rocío Molina, baile, codirección artística, coreografía y dirección musical. Carlos Marquerie, dramaturgia, codirección artística, espacios e iluminación. José A. Carmona, cante y bajo eléctrico. José M Ramos “Oruco”, compás y percusión. Pablo Martín Jones, batería y electrónica. Cecilia Molano, vestuario.
Lugar y día: Gran Teatro Falla, 10 de noviembre de 2017. Asistencia: lleno.

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