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‘El circo del desaliento’, de David Rubín


Hoy en día, para bueno o para malo, no creo que exista ningún aficionado al tebeo -aquí no usaré la palabra cómic- español que no conozca a David Rubín, un autor bastante particular, tanto en su obra como en sus declaraciones hacia otros compañeros del medio. Pero cuando se publicó ‘El circo del desaliento’, estábamos ante un cuasi-desconocido, que venía de publicar en fanzines, revistas y concursos de su tierra.

Todos tenemos un comienzo y bendito comienzo, ya que el nivel narrativo es muy fuerte, si bien el dibujo puede no parecer apto para otros géneros, aquí el autor orensano juega sus bazas consiguiendo un equilibrio perfecto, en este cáliz de historias diversas.

Los guiones están cargados de mensajes filosóficos, morales y de actualidad, no es un autor al que le guste contar una simple aventura, aquí todas nos dejaran con un pensamiento, con una moraleja o al menos con un intento de aprendizaje.

En el recopilatorio podremos disfrutar de:

  • Apertura del telón a modo de prólogo: donde una especie de diablo o dragón hace de jefe de pista y nos presenta a un ser desgraciado y repudiado que es el autor de cómics.
  • Donde nadie puede llegar: una grandísima historia contada en tiempo presente y flashback, una mujer envuelta en un matrimonio desgraciado ver como regresa herido el gran amor de su vida, el que la dejó ya que la tristeza siempre estaba presente en él, pero el regreso no es tan fácil ya que se ha transformado en un vigilante urbano.
  • El guerrero: un perturbado ve el mundo como un enorme campo de aventuras donde los malos toman forma de monstruos y dragones, las víctimas de princesas indefensas… pero en nuestra realidad nada es tan simple
  • Vuestras almas apestan: una diablilla monologuista incomprendida actúa ante un público poco exigente.
  • Bajo la ira del monstruo: la soledad de los actores que estaban bajo los trajes de los Kaiju (monstruos gigantes) y como el papel se va adueñando de la persona. Una ficción muy divertida.
  • La sombra gigante que me ahoga: otro capítulo de superhéroes, o más bien de la intimidad de los superhéroes, la responsabilidad con el mundo puede más que la se tiene con la familia, un hermoso y triste relato.
  • El fulgor blanco: un par de niños, dibujados como animales antropomórficos, roban el barco de su padre y se ven atrapados en el hielo, las provisiones se están acabando y el clima no ayuda. Una historia tremendamente emotiva.
  • Que se lo coma el salitre: me ha llegado al alma, una versión particular y muy dura del mito de Jonás y la ballena. Con un Jonás nada cercano al bíblico.
  • Anuncio de cosecha: dos páginas con un estilo de guión muy Mike Mignola.
  • La balada estúpida del niño gaviota: una especie de fábula imposible y terriblemente dura sobre un bebé abandonado en un techo poblado de gaviotas.
  • El último aliento de Sísifo Laureles: la última subida de un mito de la escalada.
  • Las sinfonías congeladas: un explorador pierde a su amada, en una expedición, lo único que le queda es su trompeta congelada con la que intentó tocar antes de morir. Desgarradora y llena de esperanzas.

Una ópera prima sublime, un preludio para lo que vendría después con los años, de un autor que como él mismo dice “no es un superventas, pero su trabajo le da para vivir”. DIARIO Bahía de Cádiz Manuel Santamaría Barrios


‘El circo del desaliento’
Autor: David Rubín
Publicado originalmente por Astiberri Ediciones SL en 2005



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