Se acabó la etapa de Manuel Vizcaíno al frente del Cádiz CF, doce años después, y comienza la era de Christian Septien, un empresario mexicano del que se sabe poco o nada, salvo que su hijo Derek fichó por la cantera amarilla el pasado enero.
Tras otra nefasta campaña en la que la que en lo deportivo se ha estado muy muy cerca de bajar a Primera Federación, y en lo extradeportivo ha continuado agrandándose la brecha con la hastiada afición al no entender tantos proyectos ajenos al verde (Nomadar, la salida a Bolsa, presuntos pelotazos urbanísticos en El Puerto…), en las últimas semanas no ha habido reconciliación alguna, con una campaña de abonados con subidas de tarifas en carnés, el estreno de Kappa como una camiseta que no ha gustado a casi nadie, o el nulo movimiento en cuanto a fichajes.
Con este contexto, cuando el club convocaba en la tarde del jueves una comparecencia de Vizcaíno para este viernes, sin asunto concreto, tocaba conjeturar cualquier cosa. Y entre ellas estaba su adiós. Y así ha sido. Sin explicar el por qué ni aclarar el futuro inmediato de la entidad, que comienza la pretemporada en unos días.
Al final los cánticos del “¡vete pa Sevilla, no te queremos!”, que tantas tardes ha resonado en los últimos tiempos en las gradas del estadio Nuevo Mirandilla, se cumple, a medias. Ya que, entre la opacidad en la que se mueve la entidad, parece que el vicepresidente Rafael Conteras, igualmente en la diana del cadismo, se queda. De hecho, casi todos coinciden en que la deriva de la gestión de Manolo Vizcaíno llegó cuando se arrimó a quien ha estado ligado a fracasos como Carbures, Torrot y Muving.
“HA SIDO UNA PASIÓN, UNA AUTÉNTICA FORMA DE VIDA”
“Hoy es, probablemente, uno de los días más difíciles de mi vida. Después de doce años, ha llegado el momento de despedirme como presidente de esta entidad que ha sido mucho más que una responsabilidad. Ha sido una pasión, una ilusión permanente y, en muchos momentos, una auténtica forma de vida”, ha subrayado Vizcaíno en su convocatoria sin aceptar preguntas. Simplemente ha leído un escrito y se ha marchado, sin poder evitar romperse ante las cámaras.
A decir del hasta ahora presidente, “han sido doce años de trabajo, de esfuerzo, de preocupaciones, de decisiones complicadas, de alegrías inmensas y también de momentos difíciles. Hemos celebrado ascensos que parecían imposibles. Hemos vuelto a sentir el orgullo de ver al Cádiz compitiendo entre los mejores. Hemos sufrido derrotas dolorosas y hemos disfrutado victorias inolvidables. Pero, sobre todo, hemos demostrado una vez más que este club tiene algo que no se puede comprar, algo que no se puede explicar fácilmente: el alma del cadismo”.
Y en este punto, ha mostrado su primer agradecimiento a “todos y cada uno de los aficionados, quienes han estado siempre. Vosotros sois el verdadero patrimonio de este club”. E igualmente a los abonados que durante estos años han confiado en el proyecto.
Pero también se ha acordado Manolo Vizcaíno de todos los empleados del club: “muchas veces vuestro trabajo no se ve, pero sin vosotros nada sería posible”; de los jugadores que han defendido el escudo durante estos años; de los entrenadores y cuerpos técnicos; de los medios de comunicación “por contribuir a que el Cádiz siga ocupando el lugar que merece”; y de todas las instituciones, patrocinadores, colaboradores y personas que “han estado cerca del club y han ayudado a hacerlo crecer”.
“NUNCA DEJARÉ DE SER CADISTA”
Además, el sevillano ha querido aprovechar su despedida para volver a pedir perdón: “a todos aquellos a quienes haya podido molestar, decepcionar u ofender en algún momento; por los errores que haya cometido, porque los he cometido”.
“Seguramente muchas decisiones podrían haberse tomado de otra manera. Seguramente en ocasiones no estuve acertado. Pero quiero que sepáis que todas y cada una de las decisiones que tomé durante estos doce años las tomé pensando que eran las mejores para el Cádiz CF. Nunca actué pensando en mí”.
Finalmente, Vizcaíno ha confiado que se marcha “con la tranquilidad de quien sabe que ha dado todo lo que tenía. Y también con la ilusión de saber que el Cádiz inicia una nueva etapa llena de oportunidades. La llegada del nuevo inversor abre un nuevo camino. Estoy convencido de que aportará ambición, capacidad y recursos. Le deseo de corazón toda la suerte del mundo”.
“Porque su éxito será el éxito del Cádiz. Y el éxito del Cádiz es lo único que realmente importa. Las personas pasamos. Los cargos son temporales. Pero el Cádiz permanece. Y permanecerá siempre. A partir de hoy dejaré de ser presidente, pero nunca dejaré de ser cadista”, ha remarcado.
“Ser presidente -ha apostillado antes de emocionarse- ha sido un honor. Pero ser cadista es un privilegio que me acompañará toda la vida. Me voy orgulloso de lo que hemos conseguido juntos. Y convencido de que lo mejor para el Cádiz está todavía por llegar. Gracias por enseñarme, una vez más, que el Cádiz Club de Fútbol es mucho más que un equipo. Es una forma de sentir. Es una forma de vivir. Es una familia”.
ALEGRÍAS Y DECEPCIONES
Después de estar años ligado al Sevilla FC como gerente, Manuel Vizcaíno llegó a Cádiz en diciembre de 2013, como parte de Locos por el Balón, sociedad conjunta con el granadino Quique Pina (con el que acabó peleado) que se hacía con el paquete mayoritario de un club que se arrastraba por la entonces Segunda B.
A partir de ahí, se logró el ansiado ascenso al fútbol profesional en la 2015/2016, con Álvaro Cervera ya en el banquillo, y en la 2019/2020 se volvió a Primera división, donde se pudo competir durante cuatro campañas consecutivas, hasta el descenso en 2024, y dos temporadas para olvidar en Segunda división.
Eso en el apartado deportivo. En lo institucional, es más que palpable que con su desembarco en la Tacita, lo que era una entidad casi sin estructura seria y contados trabajadores, se ha convertido en una verdadera empresa que emplea a centenares de personas.
Pero a la vez, y sobre todo en los últimos años, la sensación generalizada del cadismo es que se ha olvidado de que el Cádiz CF es fútbol, pasión e identidad, y no una mera herramienta para hacer negocios y chanchullos, como ese obsesivo proyecto de Sportech (básicamente, la construcción de un estadio propio para rentabilizarlo con conciertos y eventos todo el año), primero en suelos de Puerto Real y ahora en terrenos de El Puerto, con la connivencia de su amigo Germán Beardo, el alcalde portuense. DIARIO Bahía de Cádiz














