CRÓNICA JORNADA 33. ¿Quién iba a imaginar que a falta de diez jornadas para rematar la temporada liguera en Segunda, dos clubes que hace nada competían en Primera, Real Valladolid y Cádiz, iban a estar peleando por evitar la zona de descenso a Primera Federación? Pucelanos y gaditanos se veían las caras en la noche de este Martes Santo en Zorrilla en modo procesión penitente, no las que taponan estos días muchas calles.
Tras el enésimo bochorno en Ceuta, confirmando que este Cádiz que ya huele el pozo de la clasificación es igual de insípido con Garitano y con Sergio González, el técnico catalán insistía en la previa en que “el equipo es consciente y le duele. Somos los primeros que debemos hacer cosas para quitar el ambiente pesimista. Si en los entrenamientos se trabaja y se hacen las cosas, hay que conseguir que en los partidos también se consiga”. Y deseaba un encuentro en su antigua casa “en el que todos estemos orgullosos de lo que veamos en el campo”. Pero una cosa es lo que se anhela, y otra la realidad…
Y para afrontar este choque “importante, no definitivo, pero sí vital”, a decir de Sergio, optaba por presentar un once inicial con cambios, destacando el regreso a la portería de Víctor Aznar. Y además, Arribas, Kovacevic, Pereira y Caicedo, en defensa; Álex Fernández y Joaquín González en el centro del campo; Brian Ocampo y De la Rosa, en los extremos; Suso liberado teóricamente en la mediapunta y Dawda Camara en la delantera.
Con la pelota ya rodando, ni se habían consumido dos minutos y Peter gozaba de una primera ocasión para los vallisoletanos, abortada sin mucho problema por el portero cadista. Los de casa eran los únicos presentes en el verde frente a un Cádiz tan muerto como desde hace meses, y en el 14 subía al marcador el 1-0, gol de Chuki con cierta fortuna y falta de contundencia defensiva.
Más allá de la calidad de unos y otros, el Valladolid se imponía con ganas, ritmo, actitud, tensión y orgullo, simplemente. Y aunque con el primer tanto bajaba algo las revoluciones, en el minuto 29 llegaba el 2-0: en un saque de córner la peinaba el teatrero Iván Alejo y el balón entraba en la portería tras rozarla Dawda.
El naufragio amarillo (en este caso, con la camiseta color pendón de Cádiz) persistió hasta el ecuador ofreciendo inseguridad desastrosa atrás y la nada más absoluta arriba. Más de lo mismo, semana tras semanas idéntico panorama de incapacidad, impotencia, bloqueo y frustración… Hasta el 45 no se logró sumar en las estadísticas un córner a favor, poco después de que Kovacevic despejara una oportunidad clara del rival.
DERROTADOS SIN REACCIÓN
La segunda mitad comenzaba con triple cambio en el Cádiz: saltaban al campo Pelayo, Kouamé y Roger Martí, y se quedaban en las duchas el central serbio, el capitán Álex y el charrúa inapetente. El Valladolid se relajaba y dejaba la iniciativa a los de Sergio González, que podían demostrar así su archiconocida esterilidad ofensiva.
Pese a ello, el peligro solo se palpaba en el área visitante: en el 56 y en el 66, Aznar salvaba el tercero en sendas ocasiones a disparo de Biuk. Ni diez minutos después, ese 3-0 sí se concretaba tras una larga jugada humillante de los pucelanos, y gol a placer de Chuki. Entretanto, Antoñito Cordero ya estaba en ¿juego? por De la Rosa, y Diarra sustituía a Arribas.
En la recta final, Suso estrellaba en el larguero una falta lejana cuando el partido navegaba a ningún lado, y Roger disparaba desviado. Y el cadismo que todavía no ha desertado escrutaba la clasificación oteando tan tan cerca la Segunda B, ahora Primera Federación.
Un descenso que se sospecha (casi) inevitable cuando quedan todavía semanas por delante, asumiendo una dinámica más que penosa, vergonzosa y deprimente desde que comenzó la segunda vuelta. E incluso antes, ya que desde el inicio del presente curso cualquier rival siempre parece un equipo, peor o mejor, ante la broma futbolística que hoy es el Cádiz, empezando por su nula actitud.
“Nos falta vida, nos falta energía, nosotros mismos nos hemos metido en este lío”, confesaba Álex para la televisión tras el choque. “Sabíamos que teníamos que hacer las cosas de otra manera y las hemos hecho al revés. Se ha demostrado que había un equipo en el campo que se estaba jugando la vida, y otro, que no lo ha demostrado. Nos vamos muy decepcionados, a ver si hemos aprendido la lección que nos ha dado el Valladolid”, reflexionaba por su lado el entrenador catalán. Y a su templo… DIARIO Bahía de Cádiz
















