CRÓNICA JORNADA 35. El recién ascendido FC Andorra, en zona tranquila y con la moral por las nubes tras golear al líder de Segunda, visitaba en la tarde del domingo, en la llamada ‘jornada retro’ de LaLiga ideada para “viajar en el tiempo” y tratar de vender más camisetas, un Nuevo Mirandilla donde el Cádiz no conoce la victoria en todo lo que va de su aciaga y triste segunda vuelta.
Un partido raro precedido por la protesta convocada por la recién nacida plataforma 1910 exigiendo la marcha del tándem Vizcaíno y Contreras “porque se han enriquecido mientras arruinaban el club”; pero también vital para alejarse de la zona peligrosa de descenso a Primera Federación aprovechando los favores de los de más abajo.

Tras la enésima derrota la pasada jornada, pese a los “brotes verdes” intuidos por Sergio González, el técnico incidía en la previa en que “nos quedan ocho partidos, y hay que afrontarlos como una miniliga. Nos necesitamos todos mutuamente. Todos nos jugamos mucho y tenemos que estar todos de la mano. Necesitamos de todos en su mejor versión: equipo y entorno”.
Y para afrontar el choque ante el equipo andorrano cebado por Gerard Piqué, el entrenador de los amarillos (en esta ocasión con camiseta azulada ‘noventera’) volvía a reinventar el once inicial, con Víctor Aznar en la portería, Kovacevic, Iker Recio, Juan Díaz y Sergio Arribas, en la defensa; Diakité, Diarra y Kouamé, en el centro del campo; Antoñito y Jero Dómina, de extremos; y arriba, García Pascual.
Como curiosidad, y con ocasión de esta ‘jornada retro’, la salida de los jugadores al verde se acompañaba, ya era hora, con el himno oficial del Cádiz… “el Cádiz, el Cádiz, llegará a ser campeón”, y no con el pasodoble de Manolito Santander; y a continuación con los primeros gritos de “Vizcaíno dimisión” de la grada. Y al juego.
Tras unos minutos de tanteo sin mucha chicha por uno y otro lado, los de casa al menos mostraban algo de pundonor y hambre, y trataban de presionar, incomodar a un cómodo Andorra, y de vez en cuando merodear el campo rival. Aunque cruzado el minuto 20 nadie había probado a los porteros.
Hasta que en el 23 Domènech disparaba desde lejos y Aznar repelía la pelota. Diez después llegaba el primer lanzamiento a puerta del Cádiz, también desde fuera del área, por parte de Dómina sin mucha convicción.
Los de Sergio no estaban mal en el campo, aunque tan inofensivos como casi siempre. Y en el 33, el conjunto foráneo en un arreón puntual marcaba el primero, gol con calidad de Josep Cerdà. Con qué poco cualquier equipo le hace daño a este Cádiz de cristal. Pudo empatar García Pascual en la siguiente acción, pero su disparo se topó con la madera.
El silencio resignado se hizo en el Nuevo Mirandilla, con menos de 14.000 aficionados en la grada… hasta que la evidente falta de reacción local empezaba a mosquear al respetable, y poco a poco crecían los pitos y los “¡vete pa Sevilla, no te queremos! ¡Vizcaíno, dimisión!”. Ya al borde del descuento, cabeceaba Álvaro García Pascual a las manos de Owono. Y al vestuario a reflexionar.

EMPUJE MÁS TEÓRICO QUE PRÁCTICO
La segunda mitad arrancaba con Brian Ocampo dentro y Kouamé fuera, tras mostrar hechuras pero vagancia. Y el surcoreano MinSu se coló como Pedro por su casa ante una defensa estática para esta a punto de establecer en el marcador el 0-2, abortado por el meta brasileño. De respuesta, el uruguayo se revoleaba en el área y estaba cerca de colarla. Poco después, Antoñito Cordero botaba una buena falta directa, fuera.
Los de Sergio seguían sin achuchar ante la desesperación de todos, y hasta el minuto 67 no llegaron más cambios: se retiraban Dómina y Antoñito y entraban Suso y el rescatado Lucas Pérez, en su re-debut con la elástica gaditana.
Casi en su primera intervención, el coruñés estuvo a nada de marcar el empate de cabeza en un centro de Ocampo. Y Suso, ya en el 78, probaba desde lejos con potencia, rascando un córner. En la teoría se palpaba más tensión, agresividad, alma y ganas de empujar que en anteriores tardes, pero en la práctica…
En la recta final, con el Andorra consiguiendo que no pasara nada en el verde, saltaban por el Cádiz Álex y Roger por Diarra y Arribas. Pero ni con Roger, Suso, Lucas, Ocampo y Álvaro coincidiendo fue este equipo capaz de generar ocasiones reales en los cinco minutos de propina. Frente a un palo de Yeray por parte del Andorra, que pudo ser la sentencia.
Víctor Aznar se vino arriba en el último minuto dejando huérfana su portería y demostrando la desesperación amarilla. Para nada. Otra derrota más para el saco. Otro chasco. Otra vez los altavoces a todo volumen para acallar el disgusto del cadismo, que al menos en esta ocasión percibió algo de sangre entre los suyos.
La rachita continúa: cuatro puntos de 42 posibles desde que se cruzó el ecuador de la campaña. “No hemos merecido perder, hoy no pido perdón porque hemos hecho un buen partido, y por momentos por encima del rival; aunque nos ha faltado fluidez, incomodarles, también hemos tenido más centros, chuts y remates”, apuntaba Sergio González tras el choque, remarcando que “es una pena, no hemos ganado ni puntuado. Hemos perdido otra oportunidad importante. Es difícil de entender y de aceptar, pero sigo creyendo”.
Y es que pese a la calamidad futbolística jornada tras jornada, este Cádiz impotente y zombie sigue con vida gracias a los cuatro de abajo. Y un partido menos para liquidar este calvario. DIARIO Bahía de Cádiz














