CRÓNICA JORNADA 31. Derbi andaluz “de alto riesgo” en el estadio Nuevo Mirandilla. Tarde de sábado ventosa estrenando una engañosa primavera, y en el césped un Cádiz ¿renacido? con el rescatado Sergio González en el banquillo, y un Málaga en su mejor momento de la temporada, metido en los puestos de cabeza de la tabla.
Tras su reestreno como técnico amarillo en Anduva, con victoria al colista, el de Hospitalet volvía a encontrarse con la afición cadista en casa, y en la previa deseaba que el estadio volviera a ser “una olla a presión. Queremos enganchar a los nuestros con competitividad y buen fútbol. Tenemos una afición ejemplar y necesitamos que nos animen al máximo, pero para recibir ese plus, necesitamos darles cosas”. Spóiler: más que dar, este equipo sigue quitando las ganas de ir al fútbol.
En el once, la confirmación de las apuestas de Sergio por David Gil en la portería y por Yussi Diarra de mediapunta; y la baja de última hora de Brian Ocampo, con molestias. En defensa, Iza, Pereira, More y Recio; por delante Ortuño y Diakité; y en la zona de ataque, el maliense junto a Suso y Antoñito Cordero, en los extremos, y García Pascual arriba.
El Málaga fue desde el pitido inicial dueño y señor del partido (con unas 15.000 personas en la grada, más de medio millar boquerones), con control, mucho toque, frescura y presión arriba para impedir maniobrar a los gaditanos, aunque apenas pasó nada en los primeros diez minutos de dominio más o menos alterno, hasta el primer aviso de los visitantes, un disparo demasiado cruzado de Dotor.
Al otro lado, los de amarillo probaban jugadas largas, no perder la pelota en el segundo pase, sin embargo les costaba la vida traspasar al campo rival. En el 16 llegaría el primer lanzamiento muy desviado de Diarra. Y cinco después, a partir de un error-regalito en el círculo central, los blanquicelestes se adelantaban en el marcador con gol de Chupe.
Como réplica, y todavía en un momento de aturdimiento, Suso tiraba de jugada personal para poner a prueba al portero. De la misma manera, en el área gaditana, Joaquín estaba a punto de hacer el 0-2, con un pelotazo a la madera.
El encuentro se parecía cada vez más a una pachanga de padres contra niños, y no es difícil imaginar quién llevaba pañales; y con una facilidad pasmosa, en el minuto 33, el equipo entrenado por Funes hacía el segundo de la tarde, de nuevo Chupe, entre una defensa de patio de colegio.
Hasta el ecuador de la partida, el Málaga, cómodo e hiperactivo, continúo buscando más goles frente a un Cádiz tristón, calcado al inoperante y desesperante que dejó madurado Gaizka Garitano antes de su marcha. Y con pitos, a reflexionar al vestuario.

OTROS CUARENTA Y CINCO MINUTOS INSÍPIDOS
La segunda mitad comenzó con Diakité (más fallón, todavía, de lo habitual) y Antoñito (¿estaba jugando?) en la caseta, incorporándose Kovacevic y Dawda. Y no transcurrieron ni dos minutos, y los de la Costa del Sol marcaban el 0-3, tanto de Dani Lorenzo sin oposición.
El Málaga, ahora sí, quitaba algo el pie del acelerador y dejaba por momentos al estéril Cádiz venirse arriba, mientras en la grada la afición malaguista disfrutaba de su goleada, sin olvidar insultar de tanto en tanto a los anfitriones (“¿dónde está Ontiveros, Ontiveros dónde está?… ¡esto sí que es, una chirigota!”), y el cadismo sentía vergüenza ajena una vez más, y por rachas se acordaba de Vizcaíno.
Un lanzamiento de Suso desde la frontal, en el 67, suponía la acción más peligrosa hasta el momento de los amarillos, incapaces ante un contrincante que cuando defendía o atacaba siempre se mostraba superior.
Roger Martí salía al verde por García Pascual, y poco después casi cabeceaba dentro un centro de Iza. Y para el último cuarto de hora, con parte del público hastiado ya abandonando el estadio, el entrenador probaba a sacar al inexplorado Jero Dómina y al voluntarioso De la Rosa por Suso y Carcelén.
Pasado el minuto 80, David Gil salvaba el cuarto gol en contra en hasta tres arrebatos, intercalados por un tímido cabezazo de Ortuño. Y tres minutos más de añadido con eco ya en el Nuevo Mirandilla y el sector malaguista de fiesta, para prolongar la agonía de los gaditanos, corriendo a merced del rival, sin hechuras ni sentido alguno, ni intensidad, ni orgullo. Nada de nada. Lo visto y sufrido en tantas jornadas durante la presente aciaga temporada. ¿Y el problema era el entrenador?
“Ha sido una victoria contundente, han sido mejores que nosotros. Pensábamos que íbamos a empezar bien en casa, pero no hemos tocado la tecla para que los jugadores comenzasen liberados”, se lamentaba Sergio González en el postpartido, pidiendo perdón a la afición, apelando a la necesidad de hacer autocrítica y de recuperar la energía, y apostillando que “tenemos que insistir, insistir e insistir”. DIARIO Bahía de Cádiz
















