CRÓNICA JORNADA 39. Con el cadismo auto-concienciado y motivado a empujones, aunque desde hace meses ni el juego ni las hechuras ni la dinámica bochornosa (ni todo lo extradeportivo que rodea al club, añadiendo una mañanera y controvertida Junta de Accionistas) son para ser optimistas, ni cerca, el Nuevo Mirandilla recibía con fe descreída en la tarde-noche del viernes a un Deportivo de La Coruña peleando por el ascenso directo a Primera, para ponerle más salsa al reto de sumar los tres puntos para tomar cierto aire en la cola de la tabla.
“Es un partido grande ante un rival enorme. Sabemos que es de máxima dificultad y exigencia, pero nos hemos conjurado para elevar el nivel hasta el máximo. Estamos capacitados para plantarles cara ante una afición que va a ser el número 12”, subrayaba Imanol Idiákez en la previa del choque ante un conjunto gallego al que rescató del pozo de Segunda B, del que ahora está demasiado cerca de precipitarse este Cádiz.
Y de partida, el técnico vasco, como ya hicieron sus predecesores Sergio González y Gaizka Garitano, se lanzaba a las probaturas: regresando David Gil al titular, con Climent, Juan Díaz, Kovacevic y Pelayo en defensa (ante la baja por acumulación de tarjetas de Iker Recio); Ortuño, Joaquín y Álex Fernández, en la media; Suso y Antoñito, en los extremos; y Álvaro García Pascual, como hombre más adelantado. Y Lucas, el redentor, en el banquillo.
Los de casa salieron al verde a morder, y lograron durante al menos diez minutos mover la pelota con cierto criterio y velocidad, y empequeñecer a un Dépor que, rondado el minuto 10, sin embargo, ya gozaba de dos peligrosas ocasiones consecutivas. Y en el 17, milagrosamente, los amarillos salvaban el primero bajo palos.
Por entonces, los gallegos empezaban a tomar las riendas del duelo. Y Diakité (para ser de los mejorcitos en este país de ciegos y tuertos, pese a perder una de cada dos pelotas) se incorporaba sustituyendo a un Joaquín González renqueante.
El resto de la primera mitad tuvo más color coruñés que gaditano. Y aunque el Dépor controlaba y metía al rival en su campo, no terminaba de rematar. En el otro lado, los de Idiákez corrían de tanto en tanto arriba como pollo sin cabeza, cosechando algún córner puntual (celebrado casi como un gol por los 16.000 asistentes en las gradas) y un par de presuntos penaltis que ni el árbitro ni el VAR vieron.
SE AGUANTÓ PARA NADA
Con ocasión gallega y David Gil rechazando el balón de cualquier manera se reiniciaba el encuentro tras el descanso. Y réplica en la otra área, un buena acción que terminaba Antoñito con intenciones, demasiado alta. Pero también una pelota a la madera de Diego Villares tras un saque de esquina deportivista.
El partido entró en una fase rara y espesita, sin que nadie controlara nada. Y en el minuto 67, Idiákez buscaba refresco retirando a Suso y Álex y dando la oportunidad a Lucas Pérez y a Brian Ocampo, el feriante, que se llevaba una curiosa pitada nada más pisar el terreno… y una vez más el charrúa no hizo nada (ni quiso) en el campo. Y se le siguen dando oportunidades. Antoñito Cordero, en cambio, sí se iba entre aplausos junto a García Pascual, en el nuevo cambio, ya cerca del 80, por De la Rosa y Roger Martí.
Y seguía sin pasar mucho. Los hombres de Antonio Hidalgo parecían intentarlo sin avasallar, y el Cádiz aguantaba con dignidad y hasta compitiendo, con arreones de tanto en tanto, como en el 83, con buena ocasión de Roger: el único disparo a los tres palos de los locales. Lo que espoleaba a la grada para volver a animar con ganas.
Para nada. Ya tocaba el chasco: cuatro minutos después, en el 87, Stoichkov marcaba el 0-1. En el otro lado, al borde la del descuento, Lucas lanzaba una falta medio bien y medio mal, que se iba por arriba. Hasta luego, Lucas.
Se decretaban cuatro minutos de añadido, los aficionados deportivistas activaban el modo fiesta, y entre los mustios cadistas empezaban los gritos hastiados de “¡Vizcaíno, dimisión!, ¡vete pa Sevilla, no te queremos!”. La historia interminable: megafonía a todo volumen, jugadores deambulando cabizbajos, la grada apesadumbrada sin saber cómo contener su ira resignada… No era un partido más, y se perdió como tantos otros. Demasiados.

¿TODAVÍA HAY QUE CREER?
Cinco puntos de 54 en toda la segunda vuelta, nueve derrotas consecutivas en el Nuevo Mirandilla. Y tres jornadas por delante, pero ¿todavía hay que creer en la salvación, en que los cuatro de abajo van a seguir sosteniendo con respiración artificial esta calamidad amarilla y azul?
“Estamos jodidos, fastidiados. Solo hemos tenido clara la de Roger. Nos vamos con la sensación de haber peleado, pero no haber podido. No queda otra que seguir remando hasta el final. No tengo nada que reprochar en cuanto a las ganas de los míos, ni a la afición. El equipo está intentándolo, quiere. Todavía está en nuestra mano”.
Las obviedades del entrenador en sala de prensa. Un surtidito de frases que suenan a más de lo mismo, a Garitano, a González. Porque este Cádiz es un bucle jornada tras jornada desde hace meses: sí, no es todo tan vergonzoso como partidos atrás, el cadáver tiene pulso, pero sigue fallando atrás y exhibiendo la nada en ataque. Y lo peor es que ya casi ni duele perder. DIARIO Bahía de Cádiz Dany Rodway












