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La Isla y las hermandades del Viernes Santo (XVIII.II)


(Viene del artículo anterior) Y valga la redundancia anteriormente lo había intentado incluso hizo el encargo  de un Cristo yacente al escultor  inglés, Samuel Howe en 1973, que estaba afincado en Cádiz y pertenecía a la nómina de los escultores del Arsenal de La Carraca de la que era maestro mayor, pero éste nunca fue entregado  por imperativo gubernativo, desconociéndose las causas, al menos públicamente.

Y fuel el tallista isleño Juan Carlos García Díaz, quien definitivamente realizó el nuevo Paso de Misterio que sustituyó al anterior, aunque siguiendo su misma línea: construyéndolo en madera de cedro y barnizándolo en color caoba, que entregó a la hermandad una vez terminado en el año 2012 tal como lo conocemos hoy.

Los cultos internos que llegada la Cuaresma organizaba la hermandad, alcanzaron gran resonancia y prestigio afuera de la ciudad  por el alto nivel de los sermones y de los oradores de la época que intervinieron; destacando el que realizó el Beato José Diego de Cádiz. Así como el miserere que se ofrecía cada Viernes Santo.

Sin embargo a finales del siglo XIX y a  principios del siglo  XX, la hermandad sufre una penosa, precaria y profunda situación económica, que obliga a suspender no sólo la presencia de los oradores en sus cultos, sino también el tradicional miserere e incluso la salida procesional durante varios años.

Sin embargo a mediados de este siglo XX la hermandad con la llegada en 1941 de Manuel Oliva Bascón, como prioste, establece un antes y un después y la hermandad toma nuevo impulso y se sustituye el Paso de Templete referenciado en párrafos anteriores y llegan a la hermandad personas como Cristobalina López, Viuda de Reyes Baulé, camarista y gran protectora benéfica, aportando importantes beneficios  económicamente a favor de la corporación.

Posteriormente en los años 60 y 70 la hermandad experimentó otro importante empuje, gracias a las actuaciones de Rafael Sánchez San Jorge, Francisco Oliva Sánchez y José Espejo Escribano, conocidos ciudadanos y empresario de la ciudad que fueron, mayordomo, secretario y hermano mayor respectivamente.

En 1778. Manuel Reina, mayordomo de la hermandad donó unos terrenos que poseía en la llamada entonces calle del Oleo, continuación de la que hoy se denomina San Pedro Apóstol, es decir el callejón rotulado por concesión del Ayuntamiento como Callejón de la Virgen de la Soledad, como así lo acredita el retablo cerámico instalado en la parte superior derecha del citado callejón  entrando por la calle Real concesión hecha por motivo del 250 aniversario de su fundación que se cumplió en 1997. Retablo que fue realizado por Alfonso Berraquero García en el año 1990.

Y en los terrenos donados situados a la derecha y en la parte baja del callejón, es donde se encuentra precisa y exactamente desde entonces el Almacén de esta venerable hermandad, no sin pasar grandes dificultades en el abono de su construcción que duró largos años.

En 1875 la hermandad  nombró a S.M. el Rey Alfonso XII, prioste de honor y a su hermana, la infanta Isabel de Borbón, Princesa de Asturias, que se convirtió en una asidua  protectora (ya comentada en párrafos anteriores) de esta delicada y preciosa Virgen, que los isleños tenemos la suerte de disfrutarla.

En 2007 la junta de gobierno de la hermandad, le concede a Sebastián Gago Domínguez, el título de -Hermano Mayor Perpetuo- no sólo por sus 50 años ininterrumpidos al servicio de la hermandad, que también, sino por su cariño y entrega manifiesta y desinteresada a la hermandad y a los titulares de sus amores. Justo reconocimiento creo, que merece ¡el aplauso y la  enhorabuena a Sebastián!

Finalmente es imposible dejar de describir las dos últimas anécdotas que conservo de esta muy querida hermandad sin manifestarla; la primera, porque me afecta directamente y la llevo prendida siempre en  mi corazón como no puede ser de otra manera –porque cuando a un niño se le proporciona satisfacer su gran ilusión de revestirse de penitente- a ese niño jamás se le olvidará, porque le ha dejado una huella importante en su alma y en su sentimiento, ese niño tuvo la ilusión de vestir ‘su primera túnica de penitente’ en esta hermandad; dado que en la suya, su edad todavía no se lo permitía y para un cofrade ¿Cómo se puede olvidar un hecho como este?

Y la otra me emociona gratamente saber, que nuestros devotos y curtidos cargadores de la JCC, cuando su físico, su edad o cualquier otra circunstancias les aconsejan que tienen que abandonar ‘la carga’ -que no su devoción- entonces su retiro a modo de despedida lo efectúan bajo el Paso de esta excelsa y preciosa dolorosa -cuya Soledad de nombre- les acompañarán en la soledad de sus almas y de sus espíritus el resto de sus días, reconfortándolos por tantas jornadas increíbles vividas y rezando bajo los palos llevando a la Madre de Dios y a su Hijo con el mayor primor y respeto ¡Y cómo! Porque su lema ‘Stabat Mater Luxta Crucem’ dice estaba la Madre sufriendo…..Y esto sí que no es una anécdota… Es amor… Fe y convicción. DIARIO Bahía de Cádiz

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