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Inquisición lingüística, Puigdemont, la ANC y el desprecio por el TC


“Nunca es tan terca la obstinación, como cuando mantiene una creencia equivocada”. S.Butler.

Lo de pescar en aguas revueltas empieza a adquirir sentido cuando queremos fijar nuestra atención en el caso catalán. Los políticos catalanes parecen no haberse enterado de lo que está ocurriendo en toda España y, si nos apuran, parece que tampoco tienen muy claro lo que esta sucediendo en su propia tierra. Lo que es evidente es que, todo lo que estuvieron maquinando con tanto cuidado, tan en secreto, con tanto tiempo y con tan hábil lavado de cerebro del pueblo, una buena parte del cual se dejó arrastrar por sus relatos truculentos en los que se acusaba al resto de la nación de ser culpable de las carencias de Cataluña, está tambaleándose cuando el comunismo llama a las puertas de esta autonomía. Se hablaba de que España robaba a Cataluña y que la solidaridad que la Constitución tiene prevista para igualar los derechos de las autonomías pobres respecto a los de las ricas, en realidad, no era más que una forma de expoliar a los catalanes. Engaños, mentiras, cuentos chinos, inventos y odios repartidos por doquier e imaginarias deudas del Estado español respecto a Cataluña cuando, la realidad, la evidencia contable, es que quien está recibiendo, desde hace unos años, más ayudas de toda España es precisamente la comunidad catalana a cuenta del FLA del que se dice que se ha llevado el 50% de su dotación. Pero Podemos les sopla en la oreja.

No se refieren a los 64.000 millones de euros de su deuda pública, ni tampoco, hacen mención a las cantidades que detraen de la financiación estatal, para invertirlas en sus proyectos separatistas y en la puesta en marcha de un gobierno paralelo al del Estado español (recientemente declarado inconstitucional por el TC), en el que vienen enterrando millones, en una aventura que tiene sus días contados y que, ellos mismos saben, que no tiene la más mínima posibilidad de éxito. Sin embargo, no se puede negar que la situación de interinidad del Gobierno español, las sucesivas elecciones que la incuria de los partidos de izquierdas vienen obligando a celebrar y la posibilidad, al principio descartada pero cada vez más posible, de que sea necesaria una tercera consulta a causa de la cerrilidad, falta de patriotismo, egoísmos, líneas rojas, y fanatismo con los que, los partidos que han salido derrotados, intentan cambiar la voluntad masiva de los votantes, aunque ello signifique el despreciar las reglas democráticas que, por supuesto, puestas en cuestión ante el deseo de alcanzar el poder a toda costa, incluso con artimañas e incumplimientos legales. Parece que, tanto el PSOE del señor Sánchez como los de Podemos del señor Iglesias, están dispuestos a utilizar cualquier truco para alcanzar sus fines. Todo ello, necesariamente, son factores que benefician a los separatistas para ir progresando en sus incumplimientos de la legalidad, sin que reciban la adecuada respuesta que debería venir de la Justicia española.

Dos casos en que han sido denunciados en Cataluña, dos personas que, por no haber sabido responder en catalán a sus interlocutores, un camarero de Balearia y otro del restaurante Neri, que tuvieron la mala suerte de topar con dos de estos intransigentes, irresponsables y fanáticos separatistas que, con todo el odio de los intransigentes, han sido denunciadas por el simple hecho de no saber contestarles en catalán. Claro se ceban con quienes no saben responderles, valiéndose de una supuesta superioridad intelectual porque, si el señor Portet y la señora Coromines (noten la deferencia con la que los trato), se hubieran encontrado con alguien más informado, la contestación hubiera sido inmediata: “Ustedes, como españoles, tienen la obligación de conocer y el deber de entender el idioma oficial de la nación, algo que, no obstante, no ocurre respecto al idioma catalán”. Pero qué se les va a pedir a los que viven en Cataluña, cuando rotular en castellano es multado; cuando se incumplen las normas sobre la enseñanza del castellano en las escuelas o cuando la bandera nacional es objeto de vejaciones y ataques, hasta el punto en que son escasos los edificios, incluso los públicos, donde se la puede ver ondeando. Y es que, hasta ahora señores, ningún partido, ni el PP, han tenido lo que se ha de tener para poner orden y enviar a quien se lo merezcan, que ya vienen siendo muchos, a imitar a Companys, haciéndoles pasar una temporada en alguna de las cárceles del Estado.

Es importante conocer lo que se está difundiendo desde la ANC que, en su “argumentario separatista”, se expresan en los siguientes términos: “el Estado español evitará el uso de la fuerza,  porque si lo hicieran sería una imagen internacionalmente demoledora. Ese día habríamos ganado”. Simplemente una de las boutades propias de aquellos que siempre se creen ser más “astutos” que el resto de ciudadanos. Veamos si son capaces de entender lo que iba a suceder si, “desde el balcón de la Generalitat” o  volviendo a intentar “un referéndum ilegal”, intentaran forzar el Estado de Derecho. Nada más sencillo, con el apoyo de las sentencias emitidas al respecto por el TC, sólo haría falta detener a los responsables, a los instigadores, cerrar todos los colegios electorales ilegales y, sin utilizar la fuerza para nada, simplemente usando las fuerzas de seguridad del Estado para hacer mantener la calma, la cuestión estaba resuelta. ¡Ah! Es que ustedes no lo consentirían, que agredirían a la policía, que se alzarían en armas contra las fuerzas del orden o cometerían vandalismo por las calles.

Entonces, señores, se habrían invertido las tornas y ya no se trataría de atacar a Cataluña y “sojuzgar a infelices ciudadanos pacíficos que se manifestaban” entonces ya hablaríamos de sofocar una insurrección, una insurrección por una parte de un estado soberano que se levanta contra él. Europa ya está apercibida, Europa ya ha decidido sobre el caso catalán y Europa ya ha advertido que, una Cataluña independiente, sea por activa o por pasiva, se iba a quedar fuera de la UE, por el simple hecho de que las leyes comunitarias así lo tienen establecido. Como le sucederá a la Gran Bretaña si acaba por salir de Europa, el día que pretendiera volver a ingresar debería ponerse a la cola de todas las naciones que están esperando su turno y, cuando le llegara la vez, debería existir unanimidad de todos los países miembros para que pudiera ser readmitida. Uno solo que votara en contra ya impediría su reingreso.

Ya puede fanfarronear el señor Puigdemont, ya puede hablar de “autopistas” para correr hacia la independencia y ya pueden intentar crear estructuras paralelas y gastarse los impuestos de los ciudadanos catalanes  en embajadas y en Haciendas catalanas, porque sin necesidad de recurrir al Ejército, sin más que meter en chirona a los capitostes de la posible revuelta ya habrá suficiente. ¿O es que, piensan que el pueblo catalán se va a levantar en una revolución armada en contra del Estado español? Ni lo harían ni, en el improbable caso de que algunos lo intentaran, no serían necesarios los tanques para desarmarlos y encarcelarlos. Ellos mismo, los incautos y fanáticos miembros de la ANC lo ha dicho, sólo que han equivocado los términos porque, en este caso, la actuación del Gobierno español sería una actuación legítima, legal, necesaria y apoyada por Bruselas en defensa de la integridad de un país soberano, con la particularidad de ser miembro de la CE.

Claro que todo esto podría suceder siempre que en España tengamos un gobierno sólido, estable, patriota, con una mayoría suficiente y dispuesto a seguir llevando a España por el camino de la sensatez, de acuerdo con las leyes europeas, en buena sintonía con nuestros vecinos y dispuesto a cumplir con las normas que se nos impongan desde la UE; en estos momentos en que una situación crítica, debido a la marcha de la Gran Bretaña, puede acarrear consecuencias negativas sobre el resto de las 27 naciones que seguimos integradas en esta gran familia que, ahora, más que nunca, precisa de estar bien cohesionada, disciplinada y dispuesta a hacer los sacrificios precisos para mantener el euro y evitar que, todo el trabajo que se ha llevado a cabo por los países de la UE, acabe en un fracaso que, a la vez, lo sería, indudablemente, para cada uno de los países, en especial para aquellos en los que, la pasada crisis, se ensañó con más virulencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable sensación de que, a medida que la insensatez de las distintas formaciones políticas, vaya retrasando, criminalmente, la formación de un gobierno capaz de sacarnos del hoyo en el que estamos metidos, cuando lo que precisamos es que existieran los oportunos acuerdos para formar un gobierno fuerte, con capacidad de enfrentarse a todos estos desafíos y, en especial, al que pone en peligro la unidad de la nación. DIARIO Bahía de Cádiz

más opinión Miguel Massanet

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