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Ganan los malos


En la vida suelen ganar los malos. Ya es hora de que empecemos a ganar los buenos pero los buenos no ganaremos nunca a menos que le echemos a la vida los cojones y agallas que le echan los malos. Los buenos estamos demasiado ocupados con nuestra bondad como para dedicarnos a ser pragmáticos y listos, por eso nos dan por ahí con frecuencia. Por ahora, no hay nada que hacer porque los buenos, además de buenos, somos bastante gilipollas e individualistas, inútiles para el contubernio. Por eso la selección darwiniana nos va quitando de en medio poco a poco. El planeta es de los malos que suelen ser los listos.

Aquí no hay sitio para los inteligentes y menos para los sabios. Por mucho que Zaratustra abandone su cueva allá en lo alto de la montaña y baje a decirle a los malos –cuya condición deviene por acción lista, omisión o dejación- que son en el fondo unos depredadores de su especie, nadie le hará caso y deberá volver a su gruta como el protagonista de La Caverna de Platón.

La canciller Merckel apoyó a los Estados Unidos en sus espionajes contra su propio pueblo europeo; la señora Lagárde es más papista que el papa del neoliberalismo, a Rodrigo Rato le rebajan las exigencias legales por sus supuestos delitos… Estos son los listos, siempre al lado de los más listos que ellos, las mujeres conversas, los amorales superhombres de los paraísos fiscales. De ellas y de ellos es el mundo. Da igual que no entren en el reino de los cielos, ellos y ellas saben que el cielo no existe.

Casimiro García Abadillo se va a la calle poco más de un año después de sustituir a Pedro J. Ramírez al frente de El Mundo, Juan Carlos Monedero le da el portazo a Pablo Iglesias… Parecen casos distintos pero tienen en común que se los ha cargado el concepto cuantitativo y mercantil de la vida, o sea, los malos. El Mundo ha seguido descendiendo en ventas e influencia, como casi todos los diarios “tradicionales”. Ya pueden poner al frente del diario al mismísimo San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, que no hay quien levante a los voceros de los malos porque los buenos no son idiotas de capirote, sólo ingenuos, demasiado ingenuos, perezosos y cobardes. El periodismo está muriendo lentamente, empezó a morir cuando nació porque se pegó a la publicidad y porque la gente no puede soportar la verdad.

Monedero no ha podido aguantar al listo de Iglesias que acaso se vaya a pasar de listo y otros listos más veteranos que él o lo asimilen como a la camiseta del Ché Guevara o lo manden a la tele que es donde se defiende bien. La izquierda es especialista en dos cosas inútiles: debatir hasta extremos patéticos y esperpénticos y dividirse hasta lo inimaginable. Monedero se ha caído del guindo, no comprendo cómo, si ha estado asesorando a Chávez y a Correa, aún no se ha enterado de cómo funciona el cotarro. Iglesias aprende más rápido que Monedero, Iglesias se está haciendo malo, me alegro por él porque sus votantes se tirarán de los pelos o se suicidarán pero a él no le faltará la mamela y ya es hora de que le haga un regalo así de grande a quienes le debe su escalada: La Sexta, Cuatro, Intereconomía TV, Canal 13…, y a la crisis financiera de los dueños de los medios y de la casta que es la que ha encabronado a la gente que lo vota. Iglesias le debe su poder a los malos que él critica

Un índice de esos de calidad internacional que siempre tienen el nombre en inglés porque mola más y se nos abre cierto orificio del cuerpo al oír ese idioma, afirma que la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla (US) está entre las 150 mejores del mundo en su especialidad, junto a otras cinco especialidades más de la US. Yo imparto mis clases en esa facultad, es satisfactorio pero no nos hagamos ilusiones, entre los gestores de la US abunda la mediocridad y la politización, los buenos estamos haciendo universidad y ellos se colocan las medallas pero, sin ir más lejos, tienen hecho un cisco al cuerpo de profesores –con la complicidad de algunos sindicatos- y eso lo están sufriendo los alumnos. Pero los buenos seguimos ahí, pendejos perdidos, divididos, flácidos, acarajotados. Tenemos lo que nos merecemos y ya va siendo hora de que empecemos a ganar pero, ¿se le puede pedir a un corderito despistado y frágil que se convierta en lobo? DIARIO Bahía de Cádiz Ramón Reig

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