DIARIO Bahía de Cádiz
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Donde se habla de cuestiones de actualidad


El TS inglés para el Brexit; los empresarios huyen de Cataluña y la hipocresía de los críticos contra la supresión de la web en castellano de la Casa Blanca.

En realidad, a medida que los acontecimientos se van sucediendo; las personas van ahondando en sus diferencias políticas; las naciones, en lugar de buscar limar sus discrepancias, se van volviendo más aislacionistas, egoístas y celosas de sus propias identidades; las entidades supranacionales como, en su día, la Sociedad de Naciones y, en la actualidad la ONU, se van convirtiendo cada vez en más inoperantes, convertidas en asilo de extremismos, en promotoras de doctrinas contrarias al sentido común y la moral y, a la vez, los grandes lobbies internacionales que manejan los hilos del poder sobre la economía, las armas, los círculos políticos y los conflictos que se producen sobre la faz de la tierra, cuando se reúnen en camarillas secretas en las que, los poderosos, se reparten las riquezas del mundo sin tener en cuenta que, las semillas de la revolución, están esparcidas de norte a sur y de este a oeste del planeta y que, la espada de Damocles del estallido de una nueva guerra mundial, pende sobre todas nuestras cabezas, mientras naciones como Corea del Norte o Irán van amenazando con que, el dedo de un fanático psicópata, pueda apretar el botón nuclear, sólo para tener la experiencia de ver como se produce el fin del mundo.

Y, en este contexto, tenemos que ver, señores, como mientras el Papa Francisco ha comenzado su particular batalla peronista en contra de los que él, un tanto inocentemente pero, sin duda, con una ferocidad que casa poco con la idea que todos teníamos de la Iglesia en cuanto a sus competencias  dentro del orden temporal, reservado a los césares que gobiernan el mundo; observamos cómo, el Tribunal Supremo de la GB, ha sentenciado que, contrariamente a lo que defendía la señora May, más partidaria de actuar sin dilaciones y prescindiendo de la opinión del Parlamento inglés, el brexit no podía continuar tramitándose y que, el gobierno inglés, no podía activar el artº 50 del Tratado de Lisboa, que le permitiría iniciar el procedimiento para abandonar Europa, hasta que se haya consultado al Parlamento y éste haya dado su aprobación. “El referéndum es de gran significado político, pero el Acta del Parlamento que lo estableció no decía que debía ocurrir como resultado”, ha argumentado el presidente del Supremo: “Así que, cualquier cambio en la ley para dar efecto al referéndum, debe hacerse de la única manera permitida por la Constitución, es decir, por un Acta del Parlamento”. Un varapalo para la presurosa y un tanto precipitada señora May, que deberá frenar sus impulsos y pasar por el cedazo del visto bueno parlamentario.

En otro plano de la política, tenemos a nuestros chicos de la prensa española que, como es sabido, han decidido que, como el señor Trump no les ha pedido permiso sobre la forma en la que piensa gobernar su nación, van a aprovechar la más mínima ocasión para ponerle de chupa de dómine. Han empezado por criticar que se haya dejado de publicar la web de la Casa Blanca en castellano. No se sabe si será una medida definitiva o, simplemente transitoria, pero ya ha servido para que todos los periódicos españoles se hayan dedicado a “hacerse los simpáticos” con el señor Trump, llamándole de todo menos bonito, por haber prescindido del español, una lengua hablada por tantos americanos. Podríamos estar de acuerdo con ellos si no hubieran demostrado, hasta la saciedad, su doble vara de medir, cuando, en España, estamos sufriendo la vergüenza de que, en algunas autonomías patrias, se da la circunstancia de que intentar hablar en castellano, pretender rotular en este idioma, o que en las escuelas o universidades se impartan las materias en el idioma oficial de Estado, es una pretensión inútil y, por si fuera poco, perseguida y castigada con la exclusión y el apartamiento, siendo considerado, el que se atreve a intentarlo, como un paria que debe ser apartado de la sociedad, algo así como es el caso de los “intocables” en la nación hindú. Y ya que tocamos este escabroso tema y nos referimos al vilipendiado señor Trump, tenemos que felicitarnos, los que aborrecemos el aborto y, más este aborto sin condiciones que tenemos en España, que el nuevo presidente de los EE. UU ha dictado una serie de normas para actuar contra el aborto indiscriminado que, en tiempo del señor Obama, campaba por sus respetos. Quizá medidas como ésta sean las que han enfadado tanto a las luminarias de Hollywood.

Y ya que hemos entrado en materia y los señores separatistas, que intentan una y otra vez engañar, confundir y lavar el cerebro de los catalanes, contándoles las excelencias de una Cataluña independiente, rica, europea y próspera; convendría que hubieran escuchado unas sabrosas declaraciones de una persona que nos merece todos los respetos y que, por el cargo que ocupa, deberemos admitir que es una voz autorizada para hablar del tema, el señor Javier Vega de Seoane, Presidente del Círculo de Empresarios, que este martes ha advertido que “ Los empresarios huyen como de la peste”  de situaciones donde no se cumple la Ley, como es el caso de Cataluña. “Muchas empresas se están marchando de Cataluña por la situación de incertidumbre”, han señalado sus dirigentes. Habla de que los actuales dirigentes catalanes generan una dinámica bastante irracional y, con astucia, han ido conduciendo a buena parte de la población hacia el punto que les interesa. Para Vega de Seoane “lo que está pasando en Cataluña es tal disparate…” que inclina a los inversores a no querer abrazar situaciones de incertidumbre. Añadió un comentario que, por lo que tiene de extraordinario, dentro del ambiente de repulsa que existe en España en contra de Trump, merece reseñarse: “No creo que Trump sea un loco”.

Y, antes de finalizar, quiero referirme a un comentario inapropiado, de muy mal gusto y, evidentemente,  tratado con bastante mala intención, que un periodista de La Vanguardia, el señor Quim Monzó, en su habitual columna de dicho periódico, menciona a un niño de sólo 10 años, el hijo menor de Donald Trump, Barrom Trump, al que, aunque nada más fuera por ser menor de edad, debiera de haberse abstenido de mencionarlo y, mucho más, de comentar su actitud y su incomodidad, por otra parte muy natural, cuando un niño se ve obligado a permanecer horas reprimiendo sus instintos juveniles. Pero, señor Monzó, utilizar frases como “Me-la.suda-todo-esto” para hacer mención al aburrimiento del niño o intentar descalificarlo, porque dispone de un espacio grande que sus padres le han procurado, me parece que no es más que una forma poco educada, menos oportuna y un tanto impropia, de meter a un niño en una cuestión que no le afecta en manera alguna. Si desea criticar a sus padres hágalo, porque está en su derecho, pero deje en paz a la criatura porque, entre otras razones, no está en condiciones de replicarle. El niño al que “después de cada baño le aplican un suavizante con caviar” sólo tiene 10 años y me imagino que, si usted es padre, le haría poca gracia que alguien se refiriera a su hijo en términos tan despectivos. Y más, teniendo en cuenta que usted actúa seguro de que, la familia Trump, no se tomara la molestia de tomárselo en cuenta.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, cada día nos sentimos más decepcionados con nuestros políticos, con nuestros periodistas, la mayoría encajados en lo que se podría definir como la supeditación a las ideas y políticas de quienes les pagan y con nuestros conciudadanos que, sólo después de unos pocos años de tormenta política, ya parece que han perdido la facultad de razonar y se dejan arrastrar por quienes han encontrado el modo de apelar a sus instintos más bajos, a sus rencores y a sus demonios personales, de modo que han conseguido erradicar el patriotismo del pueblo español, trasvasarlo, aunque parezca mentira, a algunas de nuestras autonomías que critican con crudeza al “españolismo” pero ellos son los primeros que se han convertido en verdaderos fanáticos de su nacionalismo localista. Y este es el camino que puede conducirnos hacia la demolición de nuestro Estado de Derecho, a menos que nos descuidemos. DIARIO Bahía de Cádiz

más opinión Miguel Massanet

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