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Culpabilidad y defensa


Siento coincidir con los neofascistas europeos pero yo tampoco soy exactamente Charlie y, sin embargo, aclaro que matar personas por Alá y por Mahoma no es que sea sólo una barbaridad, es que es una estupidez. Se supone que la religión nos vuelve comprensivos con el otro pero no asesinos. No obstante, llevamos asesinando en nombre de Dios desde que tenemos uso de no razón porque religión y razón tienen poco que ver a la luz de los hechos por los siglos de los siglos.

El tema del Estado Islámico (EI), en mi opinión, hay que observarlo desde tres premisas: una, nosotros, occidente, ha impulsado que el monstruo crezca y multiplique sus cabezas. Dos, eso no significa que no haya que unirse para defender nuestra civilización y esa unión no tiene por qué ser débil sino firme y, si es necesario, rotunda. Tres, hay que sentarse a hablar con el Estado Islámico y con el mundo árabe en general, tanto el “moderado” como el más revoltoso y resistente a nuestro avance totalitario porque a ese mundo árabe yihadista nosotros lo llamamos terrorista pero en realidad son resistentes a una serie de invasiones y desmanes que venimos cometiendo sobre todo desde finales del XIX y principios del XX en el mundo árabe.

Ahora resulta que los activistas asesinos han nacido en Europa pero se entrenan en Libia, en Siria, en Irak. ¿Quién estaba allí, frenando a esta gente fanatizada? Gadafi, sigue estando Al Assad y estaba Sadam Hussein. A dos de ellos los hemos ejecutado sin juicio –o sea en forma bárbara también- y al otro queremos quitarlo de en medio, todo por intereses codiciosos y geopolíticos. Obama no ha tenido su guerra contra Siria –como corresponde a cada presidente estadounidense- porque Rusia e Irán han dado el palmetazo en la mesa. A cambio, Obama ha aumentado mucho sus gastos de defensa, es decir, para que el lobby de la guerra esté contento y tenga negocio con el dinero público.

La guerra en Siria iba a ser para ayudar a los que adiestran a los asesinos de europeos y de estadounidenses no para apoyar al régimen oficial que tiene muchos defectos pero –al igual que los de Gadafi y Sadam- eran laicos, dejaban, por ejemplo, que las mujeres fueran vestidas como creyeran conveniente y que accedieran a la universidad. Pero no, eran unos asesinos, a matarlos, sí, no eran santos y, de todas formas, ¿quién los ha sustituido? El caos. La ambición y la avaricia de tener poder, de defender a un impresentable Israel y de hacerse con recursos naturales está rompiendo el saco.

Gente inocente asesinada en París. Me temo que es el principio de algo mucho más grave, una de las actividades que es muy difícil evitar es cuando alguien está dispuesto a morir por algo y a morir matando. Ahora todos estamos en peligro. Pero yo me acuerdo de 1991, cuando aquel piloto de avión de guerra de los EEUU estaba lanzando por la noche bombas contra Bagdad y al muy cretino se le ocurre exclamar que aquellas luces u hogueras provocadas por las bombas se asemejaban a un árbol de Navidad. Y me acuerdo de los daños colaterales, de cuando una bomba cayó en Irak o en Afganistán sobre un grupo de personas que celebraban una boda y produjo una escabechina. Y me acuerdo de los niños asesinados este verano pasado por las bombas israelitas. Son daños inevitables, así se justificó aquello o bien se pasó página con rapidez. Pues desde la óptica del Estado Islámico los que estamos muriendo o vayamos a morir en esta guerra también somos daños colaterales, ya saben aquello de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. ¿O es que creíamos que se podía estar jodiendo eternamente al otro –ahora además con drones- sin que al otro se le inflaran las partes bajas y altas? ¿Qué haría usted si le mataran a su familia en esos daños colaterales y encima le destruyeran su casa? ¿Cómo reaccionaría cuando llegara un iluminado de Alá a aprovecharse de su depresión, de su impotencia, de su encabronamiento?

En occidente tenemos ya mecanismos para afrontar esos descalabros y aún así no tantos (ahí está el asesinato de Couso, jamás se le hará justicia). Pero en un mundo como el islamista las cosas no funciona igual, aparecen doctrinas extremas basadas en especulaciones religiosas y muchos se agarran a eso. ¿O es que no hemos hecho lo mismo en Europa en otras ocasiones pasadas y aún presentes?

Como ahora el personal se la coge con papel de fumar quiero dejar bien claro que no justifico a estos ignorantes peligrosos del Estado Islámico o similares, trato sólo de analizar un hecho, soy europeo y mi cultura se caracteriza por no simplificar las cosas. Ahora bien, sentado lo anterior, afirmo que mi cultura occidental tiene derecho a defenderse y debe defenderse sin escuchar los cantos de sirena de los “progresistas” que quieren estar –en una guerra- en misa y repicando.

Lo que hemos hecho los occidentales con el mundo islámico es terrible pero es y ha sido una constante histórica propia de la especie: unas culturas destruyen a otras o las asimilan, es un decir. Nuestra cultura ha aprendido a matarte y al mismo tiempo afirmar que es por el bien común y encima convencer a los suyos. Nuestra cultura tiene medios de comunicación que controlan el mundo y el discurso, o sea, con la opinión publicada crean la pública. Los islamistas van a lo bestia, cortan cuellos, asesinan a periodistas cuando están trabajando y todo eso lo enseñan sin recato. No, hombre, eso no se hace así, lo moderno y postmoderno es matar –física o psíquicamente- sin dejar huella y además llevar a cabo un acto porque se trata de matar terroristas y, claro, por fuerza tiene que caer alguien inocente, ya Alá sabrá qué hacer con su alma (esto también lo hemos hecho y lo hacemos nosotros pero con glamour, si bien en el caso de Assange y de Snowden la cosa cambia, ¿o es que no los acusaron a ambos de terroristas también y algunos desearon sus muertes?).

Si tenemos una civilización como la actual en occidente es porque levantarla nos ha costado sangre, sudor y lágrimas durante milenios. Y nos sigue costando porque está llena de malnacidos. No somos perfectos pero es nuestra cultura y ahora está en peligro. Hay que unirse en torno a ella y dejarse de relativismos fáciles porque la vida no es como quisiéramos que fuera sino como es y bajar la guardia ante el enemigo no la mejora, al revés.

Mi otra premisa es sentarse a hablar con ese enemigo pero comprendo que, por ahora, va a ser muy difícil, sobre todo por culpa nuestra y, más concretamente, de nuestras élites. La secuencia histórica contemporánea ha sido: ellos estaban en sus casas, nosotros las hemos invadido, una parte de ellos están con nosotros (acaso con la boca pequeña) y otra parte desea exterminarnos para lo cual echan mano de las emociones derivadas de la religión de su cultura y consiguen extenderlas por todas partes. Deberíamos demostrar que somos más civilizados, nos tenemos por tales, ¿verdad?

Si los colegas de Charlie Hebbo se extralimitan en su libertad de expresión –es muy delicado y arriesgado tocar de la manera en que lo hacen aquello que da sentido a unas vidas- el resultado, a partir de unas mentes poseídas por el fundamentalismo, es el que ya sabemos de sobra. La revista francesa había insultado a otras religiones y creencias de manera poco deontológica pero la diferencia es que se trataba de religiones occidentales que en lugar de echar mano de los kalashnikov se van a los juzgados y aún así tampoco se puede estar seguro de que todos vayan adonde deben ir según nuestra cultura: a la Justicia, no a tomársela por su mano hasta límites execrables.

En conclusión, el hecho de que hayamos encendido la brecha a base de hacer Historia no implica que debamos poner la otra mejilla ni confundir solidaridad con caridad cristiana o respeto a los derechos humanos. Claro que hay que respetarlos pero cuando estamos en una guerra es preciso mirar con lupa la forma de respetarlos. Ellos defienden lo suyo, yo defiendo lo que mi cultura ha construido durante siglos y milenios. Si fuera posible el diálogo me sentiría dichoso pero sería una solución demasiado inteligente para que la asumieran los que nos mandan que, dicho sea de paso, están poseídos por otro tipo de fundamentalismo pero es el nuestro que incluso ha sido exportado a diversos ámbitos culturales, incluyendo el islámico. DIARIO Bahía de Cádiz

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