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Cosas de gatos


Había una vez dos gatos, uno de menos de un año -quince años humanos según los entendidos en gatos-, se llamaba digamos Pablo; el otro sobrepasaba en algunos meses el año -diecisiete años humanos, según las mismas fuentes-, se llamaba, digamos que Pedro. Pablo y Pedro tomaban el sol de febrero plácidamente en una plaza cualquiera del país de los gatos. Pedro y Pablo como buenos adolescentes, aunque sean gatos, fantaseaban, jugaban y se hacían retos mutuamente mientras perseguían papeles, hojas, cualquier cosa que el viento moviera, porque aquel mes de febrero también soplaba el viento.

Pablo es más un gato callejero, graciosamente atigrado, pequeño para su edad y con cara chiquita, pero que recordaba a los tigres de Bengala. Pedro, al contrario, daba más edad que la de verdad tenía, cruce de siamés y angora, sacó de su madre el porte de diseño y de su padre la chulería que da el sentirse guapo.

En un momento dado, mientras recuperaban la respiración después de perseguir el editorial de El País, que el viento revolvía por la plaza, como si les fuera la vida en ello, Pedro se queda mirando a Pablo, con cara de listillo de la clase del instituto, y le dice: ¿oye, tú has follado alguna vez? Dejando la pregunta prendida en el aire. ¿Porque tú sabes lo que es follar, no? Pablo, piensa durante unos segundos, y con cara de no tener ni idea, dijo, sí, sí, mientras negaba con un movimiento de cabeza. Pues hoy te vienes conmigo y follamos, sentencia el gato mayor.

Toda la escena es contemplada desde lo alto por un gran gato blanco, grande, gordo, con esa obesidad de una castración temprana lo que le da el aspecto de Jabbona el Hutt, o de Copito de Nieve en su decrepitud.

Dicho y hecho, Pedro y Pablo, o Pablo y Pedro descienden a pie de calle dispuestos a cruzar la plaza camino de aquello que Pedro llamaba follar, y que Pablo no llegaba a entender muy bien, pero por la cara que pone al proponerlo debe ser algo muy, pero que muy interesante, y además, quien con quince años -menos de un año en las vidas gatunas- no está dispuesto a experimentar cosas nuevas.

Los dos mozalbetes, vigilados desde el fondo por Jabbona el Hutt, ya casi están junto a la fuente que jalona el centro, cuando desde un lateral avanza a toda mecha un buldog, y en unos segundos se forma un tiovivo encabezado por Pedro, seguido a pocos centímetros de Pablo, y perseguidos por el buldog, que ladra cada vez más cerca de los gatos.

Dos, quince, veinte vueltas del tiovivo perrogatuno dejan a Pedro y Pablo con la lengua fuera. Pablo mete el acelerador, se sitúa a la par de Pedro, y jadeando, con los ladridos del perro muy cerca, le dice a Pedro: oye, tú sigue pactando que yo ya estoy cansado de pactar, luego nos vemos y seguimos follando un poco si quieres. DIARIO Bahía de Cádiz

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