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Calcetines en las tetas

El veranillo de San Miguel nos tiene a todos locos, porque hace un calor demencial donde nos sudan las ideas y se nos corrompen las vísceras. Imagínense hormonados hasta las cejas con impulsos incontrolados y las manos ávidas de sorpresas.

En los institutos la fauna pulula como si tuviera vida propia, impregnando aulas y pasillos, retretes y patios. Los profesores sin género ni condición, sólo materias, los miran desesperados porque se les escapan a pasos agigantados en sangrías interminables de alumnos.

Hay mocitas de mejor esperar que no tienen paciencia. Ya les digo que la química se ha instalado en el barrio y todo es correr para llegar a ninguna parte. Nuestro “yo” más primitivo (ese que se aloja en la conciencia de nuestro ADN) no entiende que tengamos que estudiar inglés porque el progreso se impone , sino que boquea desarrollo imperante con caracteres sexuales secundarios aflorando en bajos y axilas.

Los botones mamarios son los rezagados de la ecuación que todo el mundo finaliza porque va por decreto de la Naturaleza, pero como hay veces que no llega cuando se entra en el instituto y no eres más que una cara nueva a la que endosarle un nombre, pues se le ayuda con los socorridos calcetines de relleno.

Me resulta tierno, qué quieren que les diga. Me gusta “lo que el viento se llevó”. Echó de menos lo caduco, como el aliento antiguo de un vampiro fenicio que se quedara lastrado en las cuevas de María Moco y que aun transite- de noche – sin poder ver nunca la amanecida desde la Caleta. Me resulta tierno que una cría de poco más de doce llevé calcetines de relleno como Wonderbra casero.

Porque queremos gustar, que nos quieran y nos abracen como si no hubiera nada más en el mundo. Las hormonas desvarían, atontan, enloquecen y hasta tiñen de colores fluorescentes todo lo que las rodea.

Los institutos ya no son lo que eran, solo se parecen, siendo copias inexactas de las teleseries americanas con chica de pelo azul mirando las losetas o asiáticas de ojos grandes con minifaldas de cuadros y coletitas.

De ellos ni les cuento, porque andan bobalicones entre la desesperación y el enconamiento, grandes pensadores del mañana que ahora adolecen con consolas y jueguecitos.

Pero da que pensar que el relleno sea para ellas que ven los programas de estética con gente que se agranda las ubres jugándose la vida , cuando nunca soñaron con tragarse un entrecot de literatura o de ciencia o de decoración para expandir sus neuronas. Da que pensar los roles asumidos, los grupos consolidados, las amistades y rencillas en ese mundo paralelo que es la adolescencia, el instituto y la antigua “edad el pavo” ahora remasterizada con youtubers y redes sociales.

Pudiera parecer que la existencia se nos ha hecho más sencilla, pero no, porque podemos correr a más velocidad y matarnos, o lo que es peor matar a muchos inocentes cuando vamos hasta arriba de drogas sintéticas que tienen tantos efectos secundarios que no las legalizan porque el prospecto sería “la Historia interminable”.

Los críos de esta época estudian música, idiomas, tienen acceso a cualquier cosa de cualquier parte del mundo en un solo segundo, pero se gastan el cristalino en insultarse y desprestigiarse porque el más gallito es el amor del corral.

No les critico, solo repiten las conductas que nosotros les hemos dado a mamar con bebés pegaditos a la consola, para que no molesten mientras mamá o papá le da a la mecha quejándose de lo que sea con el amigacho de turno.

Hemos avanzado hasta el abismo y ahora estamos a un paso de que nos trague por entero, sin que el aliento del vampiro gaditano, ni el relleno de los calcetines para tetas que no despuntan hasta primavera, nos pueda hacer llegar más que una sonrisa escueta. DIARIO Bahía de Cádiz

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