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La Diputación de Cádiz ‘celebra’ 40 años: “seguimos soportando una tutela inexplicable, somos tan Estado como el resto de instituciones”

Un día de celebración pero también de reivindicación se ha escenificado en el Salón Regio del Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz: la conmemoración del 40 aniversario de las primeras elecciones municipales tras la dictadura franquista; y la puesta en valor del papel que a lo largo de estas cuatro décadas han venido desempeñando las corporaciones locales, y “muy especialmente” la Diputación gaditana. La actual presidenta ha aprovechado para exigir más financiación y menos tutelas. Tiene claro que es “una institución que, si no existiera, habría que inventarla”.

Un día de celebración pero también de reivindicación se ha escenificado este miércoles en el Salón Regio del Palacio Provincial de la Diputación de Cádiz: la conmemoración del 40 aniversario de las primeras elecciones municipales en España tras la dictadura franquista, de las que surgió la primera Diputación provincial emanada de la Constitución de 1978; y la puesta en valor del papel que a lo largo de estas cuatro décadas han venido desempeñando las corporaciones locales, y “muy especialmente” la Diputación gaditana.

Gervasio Hernández-Palomeque, Alfonso Perales, Jesús Ruiz, Rafael Román, Francisco González Cabaña, José Loaiza e Irene García. Sus nombres presiden los diferentes mandatos de la Diputación de Cádiz desde la recuperación democrática truncada por el golpe de Estado fascista en 1936: desde 1979 hasta la actualidad. A ellos y a las diferentes Corporaciones se ha dedicado este acto institucional. Personifican 40 años de servicio público que, a juicio de la actual presidenta, han demostrado la “indiscutible madurez” de la institución provincial, su decisiva intervención en el progreso económico y el bienestar de la sociedad, su papel de “dique frente a la amenaza de la despoblación en el medio rural”, o su capacidad como “caja de resonancia de las reivindicaciones de municipios y sectores económicos”.

La Diputación ha confirmado su “utilidad”, según ha defendido en su discurso la socialista Irene García, pero frente a esa realidad “continuamos padeciendo un desequilibrio en nuestra financiación”. Ha argumentado que “el propio desarrollo del sistema autonómico ha derivado en lo que podríamos considerar un perverso proceso de centrifugación competencial en el que ha sido habitual que las propias comunidades, una vez asumidas ciertas atribuciones, las hayan derivado hacia las entidades locales sin garantizar la necesaria suficiencia económica para desarrollarlas en plenitud y sin liberarse de la permanente vigilancia en su aplicación”.

Antes de exponer estas reflexiones, según se ha trasladado a DIARIO Bahía de Cádiz, García impuso la insignia de oro de la Diputación de Cádiz a quienes la precedieron en la presidencia de la Corporación Provincial. Acudieron personalmente el izquierdista Gervasio Hernández Palomeque (titular de Diputación en el periodo 1979-1983) y el socialista Francisco González Cabaña (presidente en los mandatos corporativos 2003-2007 y 2007-2011). En representación de Jesús Ruiz (1989-1991) recogió la distinción su hijo Cándido Ruiz; el actual vicepresidente de la Diputación, José María Román, recogió la insignia dedicada a su hermano Rafael Román (presidente de 1999 a 2003 y de 2003 a 2007), mientras que el diputado provincial Antonio Saldaña recibió la destinada al popular José Loaiza (presidente de 2011 a 2015). Las citadas ausencias estaban justificadas.

Además, se recordó la trayectoria del ya fallecido Alfonso Perales, presidente de 1983 a 1987 y de 1987 a 1989. El socialista Perales ya fue reconocido, a título póstumo, como presidente honorario de la Diputación, la misma distinción que recibió Francisco Cossi Ochoa, presidente en julio 1936, quien fue detenido por los militares sublevados que secundaron el golpe que truncó la Segunda República y cuyo cadáver aún no ha sido recuperado.

En este acto, presidido por la actual presidenta y por el primer presidente, este, Gervasio Hernández Palomeque, ha recordado precisamente que hace 40 años “nos llamaban los rojos”. Expresó fragmentos de su discurso de investidura, pronunciado en 1979, en el que manifestaba su convicción de “hacer política” y no convertirse en “meros administrativos gerenciales”. Defendió “el respeto al contrario y a las minorías”, para alejarse de “triquiñuelas, politiquillas y chalaneo…” con el único objetivo de rentabilizar el ejercicio político como medio para consolidar “una casta”. Asimismo, Hernández Palomeque destacó la intervención de la Diputación en el proceso autonomista y fue crítico al reclamar la revisión de normas como la ley que regula el sistema electoral o la constitución de partidos.

Posado de diputados provinciales de ayer y hoy / FOTO: Eulogio García

“SEGUIMOS SOPORTANDO UNA TUTELA INEXPLICABLE”

“Hoy reclamamos el protagonismo de esta institución. Con nuestras carencias y nuestros errores, pero partiendo siempre de la vocación de servicio al interés público, de la atención a los municipios más pequeños y del convencimiento de que la construcción de una provincia mejor es y debe ser una tarea de todos”, insistió por su lado Irene García.

La socialista clausuró el acto institucional reiterando la necesidad de las diputaciones y, por extensión, de las corporaciones locales. A su parecer “seguimos soportando una tutela inexplicable por parte de otros niveles institucionales”, pese a la calidad de los servicios públicos gestionados, y a pesar de cumplir con “todos los criterios de estabilidad económico-financiera impuestos por la contabilidad nacional”. “Reivindicamos –ha subrayado- deshacernos de corsés. Y rechazamos las constantes tentaciones de quebrar el principio de autonomía municipal. Porque hemos demostrado sobradamente nuestra mayoría de edad: somos las administraciones más austeras”.

Esas restricciones –una financiación “claramente insuficiente” y una tutela que se asemeja a una “permanente lupa fiscalizadora”- repercuten inevitablemente en “nuestra acción transformadora y nuestra capacidad para dar respuesta a las necesidades de nuestros pueblos, nuestros vecinos”, ha advertido.

Sin embargo, frente a los límites, la también secretaria general del PSOE en la provincia considera que la Diputación y los ayuntamientos “somos quienes mejor conocemos la realidad de nuestra sociedad porque somos quienes la vivimos en primera persona”.

Esa cercanía, y el ordenamiento jurídico, legitiman a las diputaciones como “pieza clave en la configuración del Estado”. Pese a ese papel, Irene García ha cerrado su intervención reivindicando la necesidad de “fortalecer sus competencias, mejorar su financiación y garantizar su autonomía”, en beneficio de los servicios públicos dedicados a los municipios y a la sociedad de la provincia de Cádiz.

“SOMOS PIEZA CLAVE EN LA CONFIGURACIÓN DEL ESTADO”

Durante su perorata no ha obviado recordar que a lo largo de estas cuatro décadas, la provincia “ha vivido una enorme transformación en todos los planos”. Lo ha hecho “desde el punto de vista social, económico, educativo, cultural…”. Y lo ha hecho también su Diputación: “sirva como ejemplo que el presupuesto de este ejercicio 2019 es nada menos que un 1.510% superior al de 1979. Es decir, que el volumen de recursos económicos que hoy gestionamos es 15 veces superior al de entonces”. “Creo sinceramente que ha sido un actor imprescindible para comprender muchos de los avances logrados, en la mayoría de los casos yendo mucho más allá de la literalidad de su nómina de competencias”, ha incidido García.

“Nadie puede dudar hoy de la utilidad de esta Diputación ni del conjunto de diputaciones en general (que lanzaba años atrás un partido como Ciudadanos, por ejemplo…). Tras una época de intenso debate incluso acerca de su propia existencia, la cuestión radica ahora en cómo ganar en eficiencia y en eficacia”, entiende. Es más, tiene claro que es “una institución, en suma, que, si no existiera, habría que inventarla”.

La Diputación gaditana, para la actual presidenta, es además “la voz, o el altavoz, de esta provincia. Ya sea convirtiéndose en caja de resonancia de las reivindicaciones de los municipios o de nuestros sectores económicos. Renunciando a enarbolar banderas en torno a las que reclamar adhesiones, sino ayudando a izarlas, contribuyendo a portarlas y colaborando a alzarlas desde el plano institucional para conseguir que se divisen en la distancia”.

“Somos pieza clave en la configuración del Estado. No osaría afirmar que las corporaciones locales somos más Estado que otras instituciones, pero me resisto a callar que, al menos, lo somos tanto como el resto”, ha sentenciado.

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