DIARIO Bahía de Cádiz
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Mi banderita es más larga y gorda

Esto va de que millones de hermanos en el resto del Estado español vemos y sentimos con envidia sana esa movilización desde abajo, y fantaseamos con que algún día nosotros como “ellos”, entre problemas acuciantes y urgentes del día a día encontremos hueco para abrir los ojos, ser conscientes de esa “estaca a la que estamos todos atados” (que canta Lluís Llach) y sublevarnos ante el adormecimiento de lo establecido y hegemónico. Y que esta ‘España’ deje de ser patrimonio de una de esas dos ‘Españas’ que retratara Machado.

¿Y quién tiene la bandera más larga y gorda? A 2 euros en los ‘chinos’. Poco más que añadir, señoría… Los del cateto y belicista “a por ellos” (fuera del contexto futbolístico no tiene pajolera gracia) que siguen con los pies hundidos en el fango de cuarenta años en blanco y negro de dictadura fascista (e ilegal, ¿no?) y otros tantos de más de lo mismo coloreados como democracia, salpicando además a sus niños (sí claro, sólo “ellos” usan a los críos, los adoctrinan, los manejan como escudos humanos…); no se enteran de que esto no va de odiar ni de imponer ni de apalear ni de ganar. Va de empatizar, de comprender, de aprender, de respetar, de abrazar. No va de banderas, va de personas. Va de sentimientos: lo que emociona, moviliza.

Lo que se respira (e inspira) en Catalunya es (para mí) un hermoso “¡¡ya está bien!!” de hartazgo colectivo (más allá de razones y sinrazones políticas, económicas, culturales-identitarias e históricas), un levantamiento popular, cívico, pacífico y alegre frente a un sistema de convivencia fallido, caduco, sordo, opresor y represor.

Esto va de empoderamiento del pueblo, de decidir otro presente y futuro sin el lastre del pasado más inmediato, ese que viene con rey y principito ultra-formado heredados del franquismo, democracia de cartón piedra, constitución blindada y a estas alturas más que obsoleta y partidos fundados por ministros sanguinarios de la dictadura (y corruptos sin fin), que siguen sin condenarla y sin liberar al aguilucho de sus trapos rojigualdas.

Banderas (cosidas en China) que por mucho que en estos días se reproduzcan colgadas en cierros y balcones y en concentraciones rancias caraalsol auspiciadas por ultracatólicos y ultraderechistas, sin goles como excusa, no es la de todos. Ni la de muchos de “ellos” ni la de muchos de “nosotros”. Se han apropiado de ella, como se han apropiado del patriotismo y del concepto ‘España’, esa que sigue secuestrada, que sigue siendo suya, y ahí continúan rabiosos y rabiando ante los autodenominados ‘ayuntamientos del cambio’ en Barcelona, Madrid, A Coruña, Zaragoza, Cádiz o Puerto Real. Los disidentes, los críticos, los apátridas, los sin-banderas, los que sienten vergüenza ajena del “yo soy español, español, español” y del actual monigote-presidente “y la segunda ya tal”, y adláteres naranjitos y algún que otro y otra socialista, son antisistemas radicales (y proetarras piojosos chavistas financiados por Irán) que buscan dinamitar esa “una, grande y libre”. El simplismo y cuñadismo de 13 TV, La Razón, la Cope y la Ser, ABC-La Voz, el Diario o El País, y a seguir polemizando sobre plagas de ratas y los calzoncillos de Ronaldo y Messi…

No se enteran, que no, de que esto no va de medirse las banderas, ni de “Barcelona es bona si la bossa sona”. Ya no. Esto va de que un millón, o dos o tres o cuatro millones de catalanes quieren otro escenario, otras reglas de juego para realizarse como pueblo. Y, desarmados, aunque bien armados de sonrisas y sueños utópicos, están luchando en las calles, en sus plazas, barrios y colegios, por su libertad y derecho a decidir qué y cómo ser; pese a las trabas del desaire y el “no, no y no” de los que se jactan de demócratas y abiertos al diálogo desde Madrid sin escuchar ni ver ni sentir, y de esa legalidad déspota, cansina, arbitraria y aburrida que obviamente hay que saltarse para romper las cadenas.

Esto va de que millones de hermanos en el resto del Estado español vemos y sentimos con envidia sana esa movilización desde abajo, y fantaseamos con que algún día nosotros como “ellos”, entre problemas acuciantes y urgentes del día a día (comer, trabajar, pagar, vivir) encontremos hueco para abrir los ojos, ser conscientes de esa “estaca a la que estamos todos atados” (que canta Lluís Llach), y que nos duela, y sublevarnos ante el adormecimiento de lo establecido y hegemónico. Y que esta ‘España’ deje de ser patrimonio de una de esas dos ‘Españas’ que hiela y retratara Machado y pase a ser un edificio-sentimiento de todos, construido y levantado por todos, a partir de un ya imperioso proceso constituyente sin trincheras ni rencores. Pero, es irrebatible, partiendo de cero, sin raíces podridas ni transiciones maquilladoras.

Ese día, “ellos” no querrán la independencia. Hoy, también ansío independizarme de esta ‘España’, tanto como “ellos”, mientras canturreo el “no veus l’estaca / on estem tots lligats? / Si no podem desfer-nos-en / mai no podrem caminar!… si jo l’estiro fort per aquí / i tu l’estires fort per allà, / segur que tomba, tomba, tomba, / i ens podrem alliberar”. 

Y no lo escondo: nací en L’Hospitalet de Llobregat, mas la única bandera que me motiva es el pendón morado de Cádiz en lo alto del torreón de las Puertas de Tierra, siempre abiertas, bañado en fraternidad, libertad y cosmopolitismo. La mía es más gorda y larga, sí, més grossa i llarga. Bajo la mía cabemos más. DIARIO Bahía de Cádiz Dany Rodway