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Nos vamos al cine: ‘Downton Abbey’

CRÍTICA. Casi cuatro años después del final de la exitosa serie de ITV del mismo nombre (en España aún se puede ver a través de Netflix y Amazon Prime), llegó la esperada adaptación de la misma a la pantalla grande. Una película que, en su primera semana de estreno, consiguió desbancar a filmes como ‘Ad Astra’ o ‘Rambo’. Y es que hay aún mucho nostálgico que pensaba que podía dar más de sí lo que ya era solo cenizas.

CRÍTICA. Adoro el cine de época y, cuanto más meloso y romántico mejor. A partir de aquí, mi opinión sobre un filme como este, ‘Downton Abbey’, se puede considerar subjetiva y de poco valor. Sin embargo, puede que sea todo lo contrario, porque si a una persona como a mí la historia que nos compete le ha parecido algo menos que una estafa, es algo que da que pensar.

Hace varios años comencé a seguir la serie ‘Downton Abbey’ y quedé más que satisfecha e ilusionada, deseando ver más capítulos de una trama que se volvía más y más interesante con las temporadas. La historia central se sitúa en una mansión y alrededor de una familia de la alta alcurnia inglesa, en los años veinte del pasado siglo. La trama envuelve tanto a los habitantes de la acaudalada familia Crawley como a los trabajadores que mantienen, incansablemente, la casa en pie: cocineras, lacayos, etc. Se trata de una versión mejorada de “Los de arriba y los de abajo”, un estilo televisivo del que los británicos son grandes seguidores (solo hay que ver la lista de títulos de las series de la BBC).

Pero mantener el ritmo y el nivel de interés durante tantos años es complicado. Las primeras tres temporadas me suponen una más que buena opinión, pero, desde su temporada cuatro en adelante, los guionistas parecen perdidos y faltos de ideas interesantes (¿de verdad hay que matar a todos los personajes interpretados por actores que rescinden su contrato?), haciéndome imposible diferenciar ‘Downton Abbey’ de cualquier melodrama televisivo de la sobremesa española actual.

Ante el anuncio del estreno de la película me preguntaba si de verdad se habían generado, en ese tiempo, ideas lo suficientemente originales como para hacer resurgir de las cenizas al cadáver que se había enterrado. Y mi respuesta, después de acudir a las salas, es un rotundo y claro NO.

Se trata solo de una forma de aprovecharse de los nostálgicos de la serie (los seguidores se cuentan por millones) y hacerles ver, en dos horas, de nuevo a los personajes envueltos en absurdas y vacías actividades: los ricos contentos de ser ricos y de no tener que preocuparse por más que entretener a los invitados y los criados contentos de ser criados y de estar todo el día preocupados en entretener a los invitados de los ricos. Como todos sabemos, realismo puro de principio de siglo XX.

Solo hay un aspecto por el que merece la pena pagar una entrada, y es ver a la maravillosa y siempre creíble Maggie Smith. Puede que tenga mejores y más brillantes papeles en su haber (de eso no hay duda), pero tal vez que sea este por el que se la recordará entre el público más joven. Una actriz que mejora cada escena y cada diálogo, salvando una película, ante todas luces, prescindible. 

— Lo peor: Todo lo que no tenga que ver con Maggie Smith ni con la escenografía.

— Lo mejor: La dirección artística y escenografía. Maggie Smith y poder verla de nuevo regalando algunas de las mejores frases del filme llenas, como siempre, de ironía. DIARIO Bahía de Cádiz

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