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Sangre y piedras

CRÍTICA. Ragazzo es claro en el propósito anunciado en su programa de ser “un grito a la vida, a la dignificación de las historias personales, a la reivindicación de la Historia que los amos del mundo nunca escribirán por nosotros”. En concreto, Ragazzo centra la mirada en el joven Carlo Giuliani, que encontró la muerte en Génova el 20 de julio de 2001, durante las turbulencias callejeras motivadas por la Cumbre del G-8.

Wikipedia hace referencia detallada a Carlo Giuliani, que describe como “un activista italiano simpatizante del movimiento antiglobalización. Se hizo conocido públicamente como consecuencia de su muerte en uno de los disturbios de la Contracumbre del G8 en Génova: recibió un disparo efectuado por un carabinero y fue atropellado por el vehículo de la policía al que había estado atacando”.

Con esa referencia en mente, la acción dramática de Ragazzo nos sitúa al principio en el apartamento de Carlo, días previos a la Cumbre. En esta escena, el joven recién levantado prepara su desayuno vegano y las noticias de fondo aluden al evento. Se presume un relato lineal que conduzca a la descripción de la muerte del joven Carlo, y así ocurre a grandes rasgos, pero la dramaturga Lali Álvarez rompe la previsión mezclando otras dos líneas narrativas, que dan soporte ideológico y sustento dramático al relato de los hechos.

Tras el largo preludio de teatro gestual, el espectador se sumerge en uno de los dos grandes momentos de la dramaturgia -tiene su contraparte en el segundo clímax que como es de esperar, es la escenificación de la muerte del joven. Ese clímax a las primeras de cambio se consigue con una mezcla de recursos contextuales y se sublima con un hondo discurso del protagonista en clave metafórica. Este discurso marca el relato y es un alegato dirigido a quien quiera comprometerse en la lucha contra aquellos que “esculpen las mentiras en piedras”. La obra retoma variantes y digresiones de ese discurso, que conforma una segunda línea narrativa que proporciona el soporte ideológico del discurso intertextual.

La tercera línea narrativa conecta directamente con el movimiento antiglobalización y con el más cercano, proximidad espacio-temporal, del Movimiento 15M. Es una narrativa de justificación de la lucha contra “los amos del mundo”. Objetivamente, esta línea narrativa no es explícita, sino que toma puntos referenciales a lo largo de la obra, especialmente con la mixtura de los pensamientos en voz alta de joven Giuliani y la descripción, como observador, de lo sucedido en Génova el fatídico 20 de julio de 2001.

Quizá sea necesario, lo aconsejo, contemplar las imágenes de lo sucedido realmente en Génova en esos días, hay un buen surtido en la Red. En los vídeos se vive el caos en la ciudad, los disturbios, una potente y consistente batalla entre los anti-sistemas y la policía -los magnates del mundo no se manchan nunca las manos-; también de vez en cuando aparece la sangre, mucha sangre; pero, sobre todo, uno respira un especial empeño en utilizar la violencia como único argumento. Impresiona el clima de violencia de algunas escenas, pero especialmente dramática y significativa es la que permite ver con bastante claridad la muerte de Carlo Giuliani. Nunca se sabrá la verdad.

De esa historia escrita en piedra solo queda como verdad la del joven Carlo Giuliano, muerto por disparos del carabinero Mario Placanica; a sangre fría o movido por el terror del policía debido al ataque colectivo en el que participaba fortuitamente Carlo Giuliani. Una imagen vale más que mil palabras y tanto los vídeos como la acción dramática no dejan indiferente. Pero, sinceramente, si me impresionó la obra, quizá ponga peros al texto dramático, cercano a experiencias sociales actuales, con afirmaciones como “la expectativa de violencia es también violencia”, un discutible banderín de enganche para la lucha contra el orden establecido.

La interpretación -un derroche de energía impresionante- muestra un joven inquieto, imparable y nervioso, pero empático. La narración fluye en un clima de inestabilidad e incomodidad en todo lo que se refiere a la Cumbre del G-8, con cambios constantes de planos y dinámicas verbales. Como efecto y consecuencia, poco a poco se va esculpiendo en el corazón de los presentes el carácter del apacible Carlo, que se nos hace próximo, querido. Si bien, cuanto más cercano se traza a la persona, más se escapa el pulso dramático, como ocurre en la fase intermedia de la acción teatral con el relato ¿imprescindible? del acercamiento a una chica en clave flirteo. No obstante, Carlo Giuliani también se muestra en la obra como paradigma de quien se siente impelido a actuar contra la injusticia de quienes utilizan el poder para “proteger a los amos”. Un joven que se posiciona, como todos, y toma partido. Una historia que parece no acabarse nunca, motivos hay. DIARIO Bahía de Cádiz


FICHA DEL ESPECTÁCULO:

‘Ragazzo’ de Lali Álvarez Garriga.
Dirección, Lali Álvarez. Intérprete, Oriol Pla. Ayudante de dirección, Quimet Pla. Iluminación, Núria Solina, Sonido, Pau Mata.
Gran Teatro Falla de Cádiz, 4 de abril de 2018.

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