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FMEC 2019. Saber y sabor

CRÍTICA. Raquel Andueza y La Galanía en el XVII Festival de Música Española de Cádiz.

FOTO: promocional

CRÍTICA. Sobre el papel, el concierto era un concierto estimulante y necesario. Un must be del Festival de Música Española de Cádiz como cita que trabaja para la difusión de la música española. Nos esperaba nada menos que Raquel Andueza con La Galanía y la audición en El baile perdido de las obras recuperadas por el trabajo del musicólogo Álvaro Torrente gracias a la Beca Leonardo del BBVA. Un trabajo de recomposición, a partir de partituras fraccionadas y letras dispersas en manuscritos diferentes, de los bailes cantados que florecieron entre 1580 y 1620 y que provocaron el escándalo de los moralistas y la actuación de los censores.

El concierto nos daba la oportunidad de escuchar en primicia algunos de los bailes cantados en esa época, llenos de alusiones, metáforas, dobles sentidos y expresiones directas, en los que aflora el erotismo y la alegría llena de lascivia en las referencias a los encuentros de amantes y enamorados.

Si no hubiéramos sabido que al concierto de la FMEC le habían precedido dos, en Salamanca y Madrid, y que los programas de mano se elaboran mucho antes de la ejecución del concierto nos hubiéramos congratulado de ser testigos también de los estrenos mundiales y en España prometidos en un programa de mano mimético del CD El baile perdido, editado por el sello discográfico Anima e Corpo, fundado por Raquel Andueza y el tiorbista Juan Fernández.

Aunque, sin saber nada de esto, sobre todo teníamos ocasión de escuchar en directo de nuevo a Raquel Andueza; esta vez acompañada por La Galanía.

La audición de la primera pieza nos trajo a una realidad bien distinta a la soñada. Raquel Andueza cantó ‘A la zambarambé’, guineo expresivo y descriptivo del acercamiento corporal de una negra a su pareja,  con una voz natural, no muy diferente de las voces bien dotadas, pero no educadas para el canto.

Si no hubiéramos sabido del calvario personal que ha padecido –está pasando- Raquel Andueza con su voz, el comentario a su forma de cantar se hubiera teñido del sabor que queda cuando se explota un globo: sorpresa y decepción.

Si no hubiéramos sabido por sus propias declaraciones que su forma de cantar es diferente, hubiera escrito lo que pensé en el concierto: “Esta no se (mi) Raquel, que me la han cambiado” -añado el toque personal porque soy un seguidor incondicional de la soprano; no será bastante nunca el agradecimiento a ese delicioso “Sé que me muero de amor”, una de mis audiciones preferidas-.

Si no hubiéramos sabido que ella aún está en proceso de su recuperación total, con ilusión de retornar a la senda de la que la apartó un accidente leve de circulación, hubiéramos centrado el comentario en la cara oscura (elimino el comentario previsto: El concierto tuvo un sabor diferente al previsto, como si el olor del plato hubiera desaparecido en la coloratura menos rica de la voz de Raquel Andueza).

Pero nos alegramos de escucharla de nuevo. Está en la brecha, dispuesta a superar la crisis vocal, llenar su voz de colores y recuperarla de todas esas cualidades que nos llena de emoción al escuchar sus antiguas grabaciones. Quise por eso encontrar rastros de voz, esa voz que técnicamente se perdió por un problema cervical, en el ‘Ay, Ay, Ay’, una de las canciones más notables de ese concierto. Degustamos su dramatización de las piezas cantadas, como en ‘El baile del polvillo’ y la fuerza textual de ‘Secutor de la vara’. Aprendimos que la fama de la zarabanda como música licenciosa y pervertida tenía su porqué y nos sobrecogió la interpretación de “La batalla de amor”. Valoramos las razones de la popularidad de esos bailes cantados, que fueron recogidos en obras de autores como Lope de Vega, Quevedo y Cervantes. Disfrutamos con la música exquisita, elegante y preciosista de La Galanía, enriquecido por una percusión enorme de David Mayoral; y, aunque fuese “a palo seco”, nos nutrimos con ese rico manjar de quince bailes trufados de jácaras, zarabandas, seguidillas o chaconas.

Por eso, el concierto, con más de saber que sabor, fue una ventana a la esperanza. DIARIO Bahía de Cádiz

FICHA DEL CONCIERTO:

XVII Festival de Música Española de Cádiz.

El baile perdido. Raquel Andueza y La Galanía: Raquel Andueza, soprano. Raquel Andueza, soprano; Pablo Prieto, violín; David Mayoral, percusión. Manuel Vilas, arpa de dos órdenes; Pierre Pitzl, guitarra barroca; Jesús Fernández Baena, tiorba. Programa: A la zambarambé (guineo) / Baile del polvillo / Jácara de la Méndez /  Chacona / Arrojome las naranjicas (folías) / Baile del ay, ay, ay / Una batalla de amor (zarabanda) / Folías / Españoles bríos (canarios) / Préstame esos ojos (seguidillas) / Tonadilla y jácara nueva de la Zangarilleja / Pavanas /¿Dónde va la niña bonita? (gascona) / Secutor de la vara /  El baile de la chacona.

Lugar y día: Teatro de Títeres La Tía Norica de Cádiz, 21 de noviembre de 2019. Asistencia: Tres cuartos de entrada.

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