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FMEC 2018. Guiños posmodernos en ‘Le dernier sorcier’

Estreno de la opereta de cámara ‘El último hechicero’ en el XVI Festival de Música Española de Cádiz.

FOTO: F.M.

CRÍTICA. El Festival de Música Española de Cádiz recuperó para la escena hace dos años la obra Cendrillon de Pauline Viardot-García (1821-1910), hija de Manuel García, el tenor sevillano que conquistó Europa con su voz. En la edición de este año, el FMEC aporta el estreno mundial de la recuperación de otra de sus operetas sobre libreto escrito por su amigo Turguenev, El último hechicero (Le dernier sorcier), estrenada en 1867.

Con la colaboración del  Teatro Villamarta, El último hechicero ha sido uno de los platos fuertes de esta edición del festival gaditano. Una señal de la importancia concedida por la organización es la edición de un extenso programa de mano –libreto incluido en dos versiones, original en francés y traducción en español- puesto a disposición del público, detalle que complementa y enaltece el trabajo de difusión y divulgación del Festival, que aprovecha la producción de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, la Ópera de Cámara de Sevilla, el Teatro Villamarta y GNP Producciones.

La opereta dispone de varios elementos distintivos propios que la distinguen singularmente de otras. Del género mágico-cómica, la obra relata cómo los Elfos y su Reina tratan de recuperar el terreno en el bosque que ha ocupado  Krakamiche, el aún poderoso hechicero. Como último recurso después de varias tentativas para echarlo, la Reina de los Elfos induce al príncipe Lelio para que conozca a Stella, hija de Krakamiche, y entrega al príncipe una rosa mágica que le hace invisible mientras la lleve. Lelio y Stella se conocen y enamoran, pero al dejar caer la rosa, el hechicero descubre al príncipe. Después de pedir la mano de su hija. Lelio se salva de un letal conjuro de Krakamiche al ofrecer le su palacio para que viva en él. El hechicero abandona el bosque y los Elfos retornan a él. Final feliz.

La acción avanza a través de diálogos (en español), que abundan en el primer acto hasta el extremo que las partes musicales (en francés), sobre todo arias, parecen singulares puntos de reposo que magnifican musicalmente el desarrollo. Los músicos-actores en torno al hechicero –Alberto Arrabal en Krakamiche, Ruth Rosique como su hija y Francisco Sánchez en el papel del criado Perlimpinpín- son los que mejor se adaptan en gestos y declamación a esa concepción teatral de la opereta, aunque llega por momentos a la sobreactuación en la interpretación de los diálogos entre el hechicero y su criado, caracterizado este al último grito de la moda actual y propenso a “robar cámara” en sus intervenciones.

La escenografía suple el escueto y funcional atrezo –piano a la izquierda, una disposición  elevada del dominio Krakamiche a la derecha, y el centro para el reino de los Elfos- con un ciclorama transparente frontal  que opera como pantalla de cine. El ciclorama es un elemento esencial para el éxito de la representación porque completa la narración con la proyección de animaciones y efectos visuales especiales, transformando la representación en lucidas y vistosas escenas. El efecto gotas en el aria de la lluvia, la lectura de Krakamiche en un libro virtual y la belleza plástica de la escena del exorcismo fallido son los logros más destacados del trabajo combinado de iluminación y efectos escénicos.

Musicalmente, la segunda parte tiene más interés que la primera, de la que reseñamos el aria “Ah, la sotte existence”  de Alberto Arrabal como basso bufo, una voz rica en timbres y manejo firme y colorista en todos los registros, la impresionante combinación escénico-musical del aira “Coulez, gottes fines” con Ruth Rosique,  y la belleza coral de los Elfos en la secuencia que cierra el primer acto, y enriquece  Susana Casas con su elegante registro en la voz de la Reina. En el segundo acto, se disfruta sobre todo en los dúos de Lelio y Stella, en los que se  amortiguan el carácter variable de la dinámica voz de Ruth Rosique en sus arias  y la leve sequedad vocal y escénica de las intervenciones a solo de  Alexandra Rivas -que mereció más calor del público en su gran interpretación del aria “Pourrais je jamais aimer”  que abre el segundo acto-.  Además de ser un acto más breve que el primero, todo transcurre aquí en un vuelo para el público. Impactante el dúo de la rosa de Alexandra y Ruth  –en el que se introduce un nuevo guiño posmoderno, con el beso entre amb@s-, y memorable el cuarteto sin acompañamiento, conducido por la siempre eficaz dirección de Francisco Soriano, preparatorio de la apoteosis final. DIARIO Bahía de Cádiz

FICHA DEL CONCIERTO:

XVI Festival de Música Española de Cádiz.
‘Le dernier sorcier’ (El último hechicero) de Pauline Viardot-García.
Francisco Soriano, dirección musical y piano. Marta Eguilior, dramaturgia y dirección de escena. David Bernués, iluminación y proyecciones. Alberto Arrabal, barítono (Krakamiche); Ruth Rosique, soprano (Stella); Alexandra Rivas, mezzosoprano (Lelio); Susana Casas, soprano (Reina de los Elfos); Francisco Sánchez, tenor (Perlimpinpín); Aurora Galán, soprano (Verbena); coro de la Ópera de Cámara de Sevilla (Elfos).
Lugar y día: Teatro Villamarta de Jerez, 23 de noviembre. Asistencia: Tres cuartos de aforo

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